En su reciente columna “Salmoneros sin salmoneros, pero punteros”, Adolfo Alvial evidenció una paradoja inquietante: mientras al Club de Deportes Puerto Montt se le denomina, como el equipo “salmonero” el apoyo de esta industria a la institución no es la que debiera ser, sobre todo por su relación con los trabajadores y territorios. Una tarea pendiente que todavía se puede revertir.
Experiencias que debieran profundizarse
Es cierto que han existido chispazos de valiosa colaboración. Uno de ellos en los Juegos Panamericanos de Santiago de 2023. En este evento, el gremio SalmonChile y varias empresas aportaron toneladas de salmón para alimentar a los atletas. También han estado presentes en torneos de golf y polo en el sur, donde la gastronomía, turismo y deporte de élite se entrelazan. Asimismo, se lanzó “Team Salmón”, una apuesta por apoyar a jóvenes promesas deportivas del sur, con Natalia Ducó como rostro inspirador, que no ha tenido una continuidad o repercusión que conecte con el deporte. De igual forma, el 2024 bajo el rótulo de “Salmon de Chile”, el sector productivo más importante de la región se vinculó con Deportes Puerto Montt. Otra colaboración es la Salmón Cup, liga de futbolito que lleva varias temporadas.
Además, ese apoyo tampoco se visibiliza y son destellos en medio del mar digital de la información o en segmentos muy específicos.
Pero más allá de estos gestos —valiosos en su forma, pero limitados en su fondo— lo que se revela es una ausencia estructural de compromiso con el desarrollo deportivo territorial. En las mismas comunas donde la salmonicultura transforma el paisaje y la economía —Quellón, Calbuco, Chonchi, Puerto Aysén, por ejemplo—, los clubes deportivos juveniles sobreviven con escaso financiamiento, canchas deterioradas y una constante falta de entrenadores o infraestructura. Las contribuciones del sector salmonero a estos espacios son aún limitadas.
El deporte una oportunidad social
A primera vista, estos apoyos podrían parecer acciones de responsabilidad social corporativa. Pero la realidad indica, que no hay una “política deportiva salmonera”, ni una estrategia clara que haga del deporte un eje prioritario para el bienestar de los territorios que sostienen a la industria.
Como dato extra y solo en el plano de mayor visibilidad, hoy Deportes Puerto Montt marcha puntero en su división, Puerto Montt Basquet, disputa la final para ingresar a la Liga Nacional de Básquetbol, mientras que otros atletas; karatecas, remeros, ciclistas, voleibolistas y tantos exponentes anónimos, siguen en su preparación para mantener su marca o escalar en el firmamento del deporte.
Sin embargo, el deporte, como bien sabemos, no es un lujo ornamental: es una herramienta de cohesión social, de salud mental, de prevención, de identidad y de formación para niños y jóvenes. Precisamente los mismos que crecen en localidades donde el salmón es parte de la vida cotidiana, pero también de las tensiones territoriales.
Tiempo de una política deportiva
La salmonicultura chilena tiene los recursos, la escala y la presencia territorial para ser un actor relevante en el fortalecimiento del deporte regional. Pero para eso, debe pasar de los “eventos” a los procesos, de las “campañas” a los compromisos sostenidos, y del “patrocinio” a la co-inversión en infraestructura, formación y acompañamiento comunitario.
Porque en el sur de Chile no solo se cultivan peces; también se cultivan sueños. Y esos sueños deportivos necesitan algo más que visibilidad: necesitan respaldo real y duradero. Quizás una “política deportiva salmonera” pueda ser la herramienta que tome este desafío.


















