Reducir la carga tributaria —especialmente para el mundo empresarial— figura entre los ejes centrales de la administración que encabezará José Antonio Kast a partir del 11 de marzo. La apuesta busca dinamizar la inversión, simplificar el sistema impositivo y estimular el crecimiento económico en el corto y mediano plazo.


El diseño económico del equipo entrante contempla avanzar en una rebaja del impuesto corporativo desde el 27% actual a 23%, con la posibilidad de descender hasta el 20% para firmas que promuevan la contratación de trabajadores en riesgo de informalidad. La tarea recaerá en el futuro ministro de Hacienda, Jorge Quiroz, junto al director de Presupuestos, José Pablo Gómez, y la próxima conducción del Servicio de Impuestos Internos.
La información fue publicada por el Diario Financiero (DF) en su edición de hoy lunes, donde se detalla el complejo escenario de ingresos fiscales que acompañará la implementación de estas medidas.
Déficit y ajuste del gasto: el telón de fondo
El principal obstáculo para concretar estas rebajas es la estrechez presupuestaria. El ejercicio 2025 cerró con un déficit efectivo y estructural mayor al previsto, marcando el tercer año consecutivo de incumplimiento de la meta fiscal.


Ante ese escenario, la actual administración anunció un recorte de gasto por US$ 921 millones, mientras que el equipo entrante proyecta una reducción del tamaño del Estado cercana a US$ 6.000 millones en un plazo de 18 meses, como parte de su estrategia de consolidación fiscal.
El peso del “gasto tributario”
A este cuadro se suma otro factor relevante: el aumento del denominado gasto tributario. Un informe del SII con proyecciones entre 2026 y 2030 anticipa que los beneficios, exenciones y tratamientos preferenciales seguirán restando recursos significativos al erario público durante el próximo lustro.
Este concepto alude a los ingresos que el Estado deja de percibir al aplicar franquicias como exenciones, deducciones, créditos, tasas reducidas o regímenes especiales orientados a incentivar determinados sectores, actividades o grupos de contribuyentes.
Solo en 2026, el Fisco dejará de recaudar $7.065.763 millones (unos US$ 7.378 millones), equivalente al 2% del PIB. Las estimaciones apuntan a que estos montos continuarán al alza en los años siguientes.
Proyecciones al cierre de la década
Tras un incremento de 6,3% este año, el gasto tributario crecería 3,7% en 2027, 4,5% en 2028, 3,7% hacia 2029 y 1,3% en 2030.
Para ese último año, considerando un dólar proyectado en $935 por la Dipres, el Estado dejaría de percibir alrededor de US$ 8.624 millones ($ 8.063.627 millones) producto de exenciones y regímenes especiales.
Según el SII, la mayor parte de este gasto se concentra en el impuesto a la renta —tanto de personas como de empresas— seguido por el IVA, los tributos a los combustibles y otros gravámenes.
Debate técnico y político abierto
El escenario abre interrogantes sobre si el nuevo Gobierno debiera revisar exenciones para compensar las rebajas tributarias.
Desde el mundo tributario, Claudio Bustos, de Bustos Tax & Legal, estima que aún no hay motivos de alarma, pues las proyecciones no incorporan los ajustes que impulsará la nueva administración. A su juicio, la combinación de menor gasto fiscal y rebajas de impuestos podría estimular la inversión y mejorar la recaudación vía mayor crecimiento.
Una mirada distinta plantea Javiera Céspedes, de Mizon Abogados, quien subraya que la eliminación de exenciones ha sido un tema pendiente por años y que no siempre su restricción resulta conveniente para la realidad económica local.
Otros expertos llaman a evaluar la efectividad de estos beneficios. Michel Aguilera, de Cabello Abogados Tributarios, sostiene que, aunque implican menor recaudación, su peso se mantiene relativamente estable en torno al 2% del PIB, por lo que el foco debiera estar en medir si cumplen sus objetivos económicos o sociales.
En la misma línea, Diego Messen, de Moraga & Cía., advierte que eliminar franquicias podría frenar inversión sectorial, mientras que Patricio Gana, de AK Contadores, cree que la estrategia del próximo Gobierno apunta justamente a sostener incentivos para reactivar la economía, aun cuando ello implique mayor endeudamiento inicial.
















