Terminó mi participación en el North Atlantic Seafood Forum en Bergen, Noruega, tras dos días intensos de presentaciones, paneles, reuniones de negocios y mucho networking. Más de 1.400 participantes del mundo del seafood, incluyendo empresas, proveedores e inversionistas, discutiendo los grandes desafíos y oportunidades del sector.
Entre el frenesí de actividades, me llevo cinco reflexiones principales:
La nutrición de los peces está en el centro de la estrategia
Aquí aplica plenamente aquello de “eres lo que comes”. La investigación en nuevos ingredientes, la optimización de los sistemas de alimentación y el desarrollo de fórmulas nutricionales avanzadas están directamente vinculados al bienestar, la salud y el desempeño productivo de los peces.
La tecnología, y especialmente la IA, está transformando la industria
Su expansión es imparable. Se están integrando soluciones para mejorar la eficiencia, la sostenibilidad y el bienestar animal: control de parásitos y enfermedades, sistemas avanzados de alimentación, monitoreo de biomasa bajo el agua y mayor integración con la piscicultura en tierra para mejorar el desempeño en mar.
Destacan especialmente los avances en cámaras submarinas de alta resolución combinadas con algoritmos de IA, capaces de interpretar el comportamiento de los peces y optimizar su alimentación.
La industria necesita crecer para alimentar al mundo
La población mundial seguirá aumentando, al menos por los próximos 20 o 25 años, y el seafood tiene un rol clave como fuente de proteína saludable y sostenible. La disposición de las empresas a crecer para responder a una demanda creciente es clara.
El mayor obstáculo hoy no es tecnológico ni productivo: es regulatorio
Paradójicamente, muchos gobiernos han respondido a esta necesidad mundial con más burocracia, regulaciones innecesarias y mayores costos, abriendo incluso espacio a la influencia de ONGs que promueven el decrecimiento de la industria.
En Chile esto se expresa con especial intensidad, con ejemplos donde organizaciones extranjeras financian acciones que, entre otros, judicializan los intentos de crecimiento y mejoras, disfrazándose de falsa neutralidad.
En Noruega percibí una industria muy concentrada en enfrentar una regulación que también comienza a asfixiarla, aunque con poca colaboración entre las empresas para proponer alternativas. Su ventaja estructural es evidente: Europa —el mayor mercado del mundo— está al lado, y China —el de mayor crecimiento— a la mitad de distancia que Chile.
En lo productivo, gran parte de los esfuerzos nórdicos están orientados a reducir el tiempo de los peces en el mar para disminuir riesgos, mediante la siembra de peces más grandes provenientes de piscicultura en tierra.
La pesquería del mackerel del Atlántico, una de las principales para consumo humano en Europa, está en un inminente colapso por la incapacidad de los distintos países nórdicos, europeos e ingleses, de ponerse de acuerdo sobre las reducciones de cuota que recomiendan los científicos. Esto es una lástima, pero abre enormes oportunidades al jurel chileno que es un pescado similar al europeo.
En consumo, aparecen tendencias claras:
- Menor consumo en restaurantes
- Mayor consumo en el hogar, con más productos de valor agregado y platos preparados.
También fue interesante ver una participación chilena destacada:
- Sudvet, con soluciones no farmacológicas basadas en ingredientes naturales para combatir el piojo de mar.
- MultiX, con una presentación muy clara sobre cómo la industria chilena —que hace 20 años estaba cerca de alcanzar a la noruega— ha quedado rezagada tras la crisis del ISA, la floración algal de 2016 y crecientes obstáculos regulatorios.
- Empresas como Blumar, Salmones Austral y Nova Austral activamente presentes y absorbiendo aprendizajes.
Y, last but not least, Camanchaca mostrando un verdadero punto de inflexión en su historia: la búsqueda persistente de excelencia operacional y optimización de activos en salmonicultura y pesca, y que ha generado los mejores resultados de nuestra historia.
Pero también enfrentamos grandes desafíos como la incertidumbre jurídica derivada de políticas públicas —que incluso expolió derechos pesqueros el año pasado— y la influencia de organizaciones internacionales en la judicialización y regulación contraria al desarrollo de la industria.
No obstante, hay razones para el optimismo si el próximo gobierno es capaz de corregir distorsiones regulatorias, exceso de burocracia y facilitar un crecimiento realmente sostenible para una industria que puede aportar mucho más a la alimentación del mundo y el progreso del sur de Chile.


















