Uno de los problemas más importantes desde los inicios de la industria del salmón a nivel global es el control parasitario. En el caso chileno, el principal parásito es el Caligus rogercresseyi. En los últimos 40 años desde que se inició el cultivo de salmónidos no ha sido posible controlarlo de forma eficiente y presenta muchísimos desafíos desde el punto de vista de la adaptación del parásito frente a los distintos métodos de control.
“Los impactos más importantes que genera el parásito que se adosa a la piel del salmón son fisiológicos. A partir de un cierto número de estos parásitos, el salmón empieza a perder la capacidad inmunológica y pueden aparecer enfermedades oportunistas. También se generan problemas ecológicos asociados a los sistemas de tratamiento, si estos no se realizan de una manera adecuada y hay vertimiento de productos químicos al mar. Por otra parte, también puede existir un traspaso de los mismos parásitos a especies nativas, lo cual es un problema mayor en los países del hemisferio norte”, detalló el socio fundador y gerente general de SalmoClinic, Hans Kossmann.
Salmoclinic presentó su tratamiento contra caligus
Por otro lado, enfatizó que “se genera una problemática importante a nivel de bienestar animal. Muchos métodos de control, de alguna manera, son agresivos hacia los peces para poder retirar los parásitos de la piel, lo cual puede generar mortalidades, daños y enfermedades asociadas posteriormente al estrés de la misma operación de eliminación de los parásitos”.
Respecto a las consecuencias económicas, indicó que “en Noruega se estima que los costos para el control de la Caligidosis son cerca de US$2.000 millones al año. En el caso de Chile, esta cifra no es muy clara, pero las estimaciones bordean alrededor de US$1.500 millones al año en los esfuerzos para el control de la parasitosis”.
Estrategias para el control del parásito
El ejecutivo enfatizó que los tiempos asociados al desarrollo de cada uno de los estadios son muy importantes de tener en cuenta cuando se elaboran las estrategias de control del parásito.
Ejemplificó que actualmente en Chile, “la mayor parte de los tratamientos para el control de la parasitosis se realizan mediante baños utilizando lonas que envuelven la jaula de cultivo donde se agrega directamente un compuesto activo o un antiparasitario. El problema es que, posterior al tratamiento, la lona se retira y algunos de los parásitos pueden recuperarse rápidamente”.
Especificó que, “en el caso de un tratamiento con peróxido de hidrógeno, este es muy eficiente para remover el parásito de la piel del salmón en los estadios adultos, pero no así en los estadios juveniles, quedando un porcentaje de alrededor de un 60% adherido al salmón. El problema es que, después de haber aplicado el tratamiento en 30 minutos, los estadios adultos, es decir, tanto machos como hembras, se recuperan y, por lo tanto, son capaces de volver a reinfectar al salmón. Por otro lado, si este tratamiento no se hace en una embarcación o en un sistema que permita retener los parásitos que se liberaron, estos van a tener la capacidad de reinfectar las mismas jaulas que se trataron o las cercanas”.
Mencionó un estudio desarrollado por el IFOP y publicado en 2015 que reveló que en “los centros de cultivo, a las seis horas de haber hecho algún tratamiento, los individuos que se removieron del tratamiento rápidamente empiezan a dispersarse. Si lo observamos a las 24 horas, ya prácticamente los parásitos pueden llegar a un centro de cultivo cercano. A las 72 horas, incluso pueden migrar desde un barrio a otro. Por esta razón, es sumamente relevante tener en cuenta que durante un tratamiento los individuos se recuperan y, por lo tanto, hay que retener el 100% de esos parásitos. De lo contrario, reinfestarán el centro de cultivo o infestarán otros centros cercanos”.
Tratamiento de azametifos
Hans Kossmann destacó la aplicación del tratamiento con azametifos. “En este caso, lo estamos utilizando con agua dulce en vez de agua de mar, a bordo de una embarcación durante 90 minutos en la dosis recomendada por el fabricante. Por ejemplo, en una jaula que tenía una cantidad importante de parásitos, posterior al tratamiento se eliminó prácticamente el 100% de las hembras ovígeras cortando el ciclo de producción del huevo. Y, muy importante también, se eliminó gran parte de los juveniles”, resaltó.
Agregó que estos resultados también se verificaron a nivel de laboratorio. “Observamos que la efectividad de un tratamiento de azametifos combinado con agua dulce permite asegurar que la mayor parte de los juveniles que están adosados al salmón no alcancen el estadio adulto. Por lo tanto, este tipo de tratamiento permite atacar todos los estadios que están adosados al pez y, de esa manera, cortar el ciclo del parásito de manera mucho más eficiente”.
Puntos destacados
El ejecutivo puntualizó la importancia de retener los parásitos que se liberan durante un tratamiento. “Los adultos liberados permanecen al menos siete días con capacidad de volver a reinfectar. Es decir, con las corrientes y la cercanía de los centros de cultivo, estos parásitos se moverán de un centro a otro de manera muy fácil”, aseguró.
Por otro lado, recalcó que hay que “privilegiar tratamientos de alta eficacia simultáneos sobre todos los estadios de desarrollo para cortar el ciclo de manera más eficiente. Esto nos permite atrasar una próxima intervención, ya que, si solamente cortamos la producción de hembras, dado el ciclo biológico, estas hembras se repondrán rápidamente con los juveniles que todavía están adosados al salmón”.
Finalmente, enfatizó que “es importante definir los tiempos de los tratamientos en función de la eficacia de cada uno sobre los distintos estadios de desarrollo, y no en función de cumplir o no con la norma de hembras ovígeras. De lo contrario, no vamos a reducir la cantidad de parásitos que estarán presentes en el medio ambiente”.
Uno de los problemas más importantes desde los inicios de la industria del salmón a nivel global es el control parasitario. En el caso chileno, el principal parásito es el Caligus rogercresseyi. En los últimos 40 años desde que se inició el cultivo de salmónidos no ha sido posible controlarlo de forma eficiente y presenta muchísimos desafíos desde el punto de vista de la adaptación del parásito frente a los distintos métodos de control.
“Los impactos más importantes que genera el parásito que se adosa a la piel del salmón son fisiológicos. A partir de un cierto número de estos parásitos, el salmón empieza a perder la capacidad inmunológica y pueden aparecer enfermedades oportunistas. También se generan problemas ecológicos asociados a los sistemas de tratamiento, si estos no se realizan de una manera adecuada y hay vertimiento de productos químicos al mar. Por otra parte, también puede existir un traspaso de los mismos parásitos a especies nativas, lo cual es un problema mayor en los países del hemisferio norte”, detalló el socio fundador y gerente general de SalmoClinic, Hans Kossmann.
Salmoclinic presentó su tratamiento contra caligus
Por otro lado, enfatizó que “se genera una problemática importante a nivel de bienestar animal. Muchos métodos de control, de alguna manera, son agresivos hacia los peces para poder retirar los parásitos de la piel, lo cual puede generar mortalidades, daños y enfermedades asociadas posteriormente al estrés de la misma operación de eliminación de los parásitos”.
Respecto a las consecuencias económicas, indicó que “en Noruega se estima que los costos para el control de la Caligidosis son cerca de US$2.000 millones al año. En el caso de Chile, esta cifra no es muy clara, pero las estimaciones bordean alrededor de US$1.500 millones al año en los esfuerzos para el control de la parasitosis”.
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Estrategias para el control del parásito
El ejecutivo enfatizó que los tiempos asociados al desarrollo de cada uno de los estadios son muy importantes de tener en cuenta cuando se elaboran las estrategias de control del parásito.
Ejemplificó que actualmente en Chile, “la mayor parte de los tratamientos para el control de la parasitosis se realizan mediante baños utilizando lonas que envuelven la jaula de cultivo donde se agrega directamente un compuesto activo o un antiparasitario. El problema es que, posterior al tratamiento, la lona se retira y algunos de los parásitos pueden recuperarse rápidamente”.
Especificó que, “en el caso de un tratamiento con peróxido de hidrógeno, este es muy eficiente para remover el parásito de la piel del salmón en los estadios adultos, pero no así en los estadios juveniles, quedando un porcentaje de alrededor de un 60% adherido al salmón. El problema es que, después de haber aplicado el tratamiento en 30 minutos, los estadios adultos, es decir, tanto machos como hembras, se recuperan y, por lo tanto, son capaces de volver a reinfectar al salmón. Por otro lado, si este tratamiento no se hace en una embarcación o en un sistema que permita retener los parásitos que se liberaron, estos van a tener la capacidad de reinfectar las mismas jaulas que se trataron o las cercanas”.
Mencionó un estudio desarrollado por el IFOP y publicado en 2015 que reveló que en “los centros de cultivo, a las seis horas de haber hecho algún tratamiento, los individuos que se removieron del tratamiento rápidamente empiezan a dispersarse. Si lo observamos a las 24 horas, ya prácticamente los parásitos pueden llegar a un centro de cultivo cercano. A las 72 horas, incluso pueden migrar desde un barrio a otro. Por esta razón, es sumamente relevante tener en cuenta que durante un tratamiento los individuos se recuperan y, por lo tanto, hay que retener el 100% de esos parásitos. De lo contrario, reinfestarán el centro de cultivo o infestarán otros centros cercanos”.
Tratamiento de azametifos
Hans Kossmann destacó la aplicación del tratamiento con azametifos. “En este caso, lo estamos utilizando con agua dulce en vez de agua de mar, a bordo de una embarcación durante 90 minutos en la dosis recomendada por el fabricante. Por ejemplo, en una jaula que tenía una cantidad importante de parásitos, posterior al tratamiento se eliminó prácticamente el 100% de las hembras ovígeras cortando el ciclo de producción del huevo. Y, muy importante también, se eliminó gran parte de los juveniles”, resaltó.
Agregó que estos resultados también se verificaron a nivel de laboratorio. “Observamos que la efectividad de un tratamiento de azametifos combinado con agua dulce permite asegurar que la mayor parte de los juveniles que están adosados al salmón no alcancen el estadio adulto. Por lo tanto, este tipo de tratamiento permite atacar todos los estadios que están adosados al pez y, de esa manera, cortar el ciclo del parásito de manera mucho más eficiente”.
Puntos destacados
El ejecutivo puntualizó la importancia de retener los parásitos que se liberan durante un tratamiento. “Los adultos liberados permanecen al menos siete días con capacidad de volver a reinfectar. Es decir, con las corrientes y la cercanía de los centros de cultivo, estos parásitos se moverán de un centro a otro de manera muy fácil”, aseguró.
Por otro lado, recalcó que hay que “privilegiar tratamientos de alta eficacia simultáneos sobre todos los estadios de desarrollo para cortar el ciclo de manera más eficiente. Esto nos permite atrasar una próxima intervención, ya que, si solamente cortamos la producción de hembras, dado el ciclo biológico, estas hembras se repondrán rápidamente con los juveniles que todavía están adosados al salmón”.
Finalmente, enfatizó que “es importante definir los tiempos de los tratamientos en función de la eficacia de cada uno sobre los distintos estadios de desarrollo, y no en función de cumplir o no con la norma de hembras ovígeras. De lo contrario, no vamos a reducir la cantidad de parásitos que estarán presentes en el medio ambiente”.