Tenacibaculosis: la diversidad de sus agentes desafía el diagnóstico y la prevención
En el seminario técnico de InfoSALMON, Rubén Avendaño-Herrera abordó la colonización de las mucosas y las dificultades para interpretar los brotes. Helge-André Erikstad presentó resultados de vacunación contra T. finnmarkense, con protección bajo condiciones experimentales.
Adherirse al mucus del pez, multiplicarse y producir daño en pocos días. Esa secuencia, observada en ensayos experimentales, ayuda a entender la capacidad de ciertas bacterias del género Tenacibaculum para provocar enfermedad. También explica el interés por conocer mejor su interacción con las defensas del salmón y desarrollar herramientas preventivas.
La relación entre el proceso infeccioso y la prevención articuló el módulo de tenacibaculosis. Este formó parte del seminario técnico de InfoSALMON, “Desafíos Sanitarios Asociados a la Etapa de Engorda”. El encuentro se realizó el 15 de octubre en GreenHouse, en Chamiza, Puerto Montt.
En ese encuentro, Rubén Avendaño-Herrera, académico de la Universidad Andrés Bello y subdirector de INCAR², compartió avances sobre el conocimiento de la enfermedad. Helge-André Erikstad, responsable de soporte diagnóstico de Vaxxinova Norway, continuó con los resultados de vacunación contra T. finnmarkense.
Tenacibaculosis: la importancia de conocer al agente
La diversidad bacteriana fue una de las claves de la presentación de Avendaño-Herrera. Bajo el diagnóstico de tenacibaculosis pueden intervenir distintas especies y aislados de Tenacibaculum, con diferencias genéticas y en su capacidad de producir daño.
Para explicar ese proceso, el académico se detuvo en el mucus, la capa mucosa que recubre la superficie del pez. Allí, las bacterias estudiadas pueden adherirse y multiplicarse, utilizando el mucus como fuente de nutrientes. A ello se suma la formación de biopelículas, comunidades bacterianas adheridas a superficies, cuyo desarrollo también varía entre aislados.
Los ensayos de infección por inmersión que presentó mostraron que determinados aislados pueden causar mortalidad. Para ello, expusieron a los peces a bacterias presentes en el agua. Por ello, la rapidez del daño llevó la atención hacia otro punto: cómo responde el hospedador durante la infección.
En esa línea, Avendaño-Herrera compartió investigaciones sobre la respuesta inmune. También presentó la identificación de marcadores que podrían apoyar el seguimiento de la infección. Estos servirían además para evaluar futuras estrategias preventivas.
Cáligus, coinfecciones y preguntas pendientes
La búsqueda de respuestas también se extiende a otros organismos del ambiente marino. El investigador abordó un estudio que detectó Tenacibaculum en Caligus rogercresseyi, mediante herramientas moleculares e inmunohistoquímicas. Además, el trabajo aporta antecedentes sobre la asociación entre estas bacterias y el parásito.
Así, el hallazgo abre una pregunta epidemiológica: qué participación podría tener cáligus en la transmisión de la enfermedad. Avendaño-Herrera precisó que ese papel todavía requiere investigación, una distinción necesaria al interpretar la presencia del agente en el parásito.
En los centros de cultivo, la coexistencia de enfermedades añade otra dificultad: determinar a qué proceso se atribuyen las mortalidades. El académico abordó la necesidad de interpretar conjuntamente los signos clínicos y los resultados de laboratorio para comprender el impacto de la tenacibaculosis.
El avance del conocimiento también sustentó su planteamiento regulatorio. Propuso reclasificar la enfermedad en la Lista 2 de Enfermedades de Alto Riesgo. Considera que la evidencia acumulada sobre su epidemiología e impacto justifica fortalecer la vigilancia y la investigación aplicada.
Vacunas: medir la protección frente a la infección
La posibilidad de prevenir parte de ese daño dio continuidad al módulo con la exposición de Erikstad. Su presentación se concentró en el desarrollo de vacunas contra Tenacibaculum finnmarkense. Planteó una pregunta concreta: cuánto disminuye la mortalidad de los peces vacunados cuando se los expone al patógeno.
Así, el trabajo avanzó desde la implementación de un modelo de infección experimental hasta un estudio piloto. Además, los resultados alentaron una evaluación con más peces y distintas combinaciones de vacunación, comparadas con controles no vacunados.
En el primer desafío, la mortalidad del control alcanzó el 80 %. En cambio, los grupos vacunados obtuvieron porcentajes relativos de supervivencia (RPS, por su sigla en inglés) de entre 36 % y 49 %. En el segundo, la mortalidad del control fue de 60 % y los RPS se situaron entre 43 % y 69 %.
Cómo leer el RPS y los anticuerpos
En términos simples, el RPS expresa la reducción relativa de la mortalidad en los vacunados respecto del control. Por ello, estas cifras permiten valorar la protección bajo las condiciones de cada ensayo y deben interpretarse por separado.
Las mediciones de anticuerpos aportaron otra parte de la evidencia: los grupos vacunados presentaron niveles superiores a los del control. Sin embargo, Erikstad recordó que investigaciones anteriores habían conseguido elevar los anticuerpos sin demostrar protección. Evaluar la mortalidad tras la infección permite, por tanto, examinar el efecto de la vacunación junto con la respuesta inmunológica.
Según el especialista, los resultados respaldan la posibilidad de reducir el impacto de T. finnmarkense mediante vacunación y tecnologías disponibles. Sin embargo, el avance corresponde a protección experimental frente a ese agente.
Para Chile, la lectura conjunta de ambas exposiciones plantea una tarea concreta. Se trata de evaluar las herramientas preventivas frente a las especies y los aislados relevantes en sus centros de cultivo. Allí se conecta el conocimiento del agente con el desarrollo de vacunas. Hay que precisar qué bacterias participan en el daño y comprobar qué protección se puede alcanzar frente a ellas.
Adherirse al mucus del pez, multiplicarse y producir daño en pocos días. Esa secuencia, observada en ensayos experimentales, ayuda a entender la capacidad de ciertas bacterias del género Tenacibaculum para provocar enfermedad. También explica el interés por conocer mejor su interacción con las defensas del salmón y desarrollar herramientas preventivas.
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La relación entre el proceso infeccioso y la prevención articuló el módulo de tenacibaculosis. Este formó parte del seminario técnico de InfoSALMON, “Desafíos Sanitarios Asociados a la Etapa de Engorda”. El encuentro se realizó el 15 de octubre en GreenHouse, en Chamiza, Puerto Montt.
En ese encuentro, Rubén Avendaño-Herrera, académico de la Universidad Andrés Bello y subdirector de INCAR², compartió avances sobre el conocimiento de la enfermedad. Helge-André Erikstad, responsable de soporte diagnóstico de Vaxxinova Norway, continuó con los resultados de vacunación contra T. finnmarkense.
Tenacibaculosis: la importancia de conocer al agente
La diversidad bacteriana fue una de las claves de la presentación de Avendaño-Herrera. Bajo el diagnóstico de tenacibaculosis pueden intervenir distintas especies y aislados de Tenacibaculum, con diferencias genéticas y en su capacidad de producir daño.
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Para explicar ese proceso, el académico se detuvo en el mucus, la capa mucosa que recubre la superficie del pez. Allí, las bacterias estudiadas pueden adherirse y multiplicarse, utilizando el mucus como fuente de nutrientes. A ello se suma la formación de biopelículas, comunidades bacterianas adheridas a superficies, cuyo desarrollo también varía entre aislados.
Los ensayos de infección por inmersión que presentó mostraron que determinados aislados pueden causar mortalidad. Para ello, expusieron a los peces a bacterias presentes en el agua. Por ello, la rapidez del daño llevó la atención hacia otro punto: cómo responde el hospedador durante la infección.
En esa línea, Avendaño-Herrera compartió investigaciones sobre la respuesta inmune. También presentó la identificación de marcadores que podrían apoyar el seguimiento de la infección. Estos servirían además para evaluar futuras estrategias preventivas.
Cáligus, coinfecciones y preguntas pendientes
La búsqueda de respuestas también se extiende a otros organismos del ambiente marino. El investigador abordó un estudio que detectó Tenacibaculum en Caligus rogercresseyi, mediante herramientas moleculares e inmunohistoquímicas. Además, el trabajo aporta antecedentes sobre la asociación entre estas bacterias y el parásito.
Así, el hallazgo abre una pregunta epidemiológica: qué participación podría tener cáligus en la transmisión de la enfermedad. Avendaño-Herrera precisó que ese papel todavía requiere investigación, una distinción necesaria al interpretar la presencia del agente en el parásito.
En los centros de cultivo, la coexistencia de enfermedades añade otra dificultad: determinar a qué proceso se atribuyen las mortalidades. El académico abordó la necesidad de interpretar conjuntamente los signos clínicos y los resultados de laboratorio para comprender el impacto de la tenacibaculosis.
El avance del conocimiento también sustentó su planteamiento regulatorio. Propuso reclasificar la enfermedad en la Lista 2 de Enfermedades de Alto Riesgo. Considera que la evidencia acumulada sobre su epidemiología e impacto justifica fortalecer la vigilancia y la investigación aplicada.
Vacunas: medir la protección frente a la infección
La posibilidad de prevenir parte de ese daño dio continuidad al módulo con la exposición de Erikstad. Su presentación se concentró en el desarrollo de vacunas contra Tenacibaculum finnmarkense. Planteó una pregunta concreta: cuánto disminuye la mortalidad de los peces vacunados cuando se los expone al patógeno.
Así, el trabajo avanzó desde la implementación de un modelo de infección experimental hasta un estudio piloto. Además, los resultados alentaron una evaluación con más peces y distintas combinaciones de vacunación, comparadas con controles no vacunados.
En el primer desafío, la mortalidad del control alcanzó el 80 %. En cambio, los grupos vacunados obtuvieron porcentajes relativos de supervivencia (RPS, por su sigla en inglés) de entre 36 % y 49 %. En el segundo, la mortalidad del control fue de 60 % y los RPS se situaron entre 43 % y 69 %.
Cómo leer el RPS y los anticuerpos
En términos simples, el RPS expresa la reducción relativa de la mortalidad en los vacunados respecto del control. Por ello, estas cifras permiten valorar la protección bajo las condiciones de cada ensayo y deben interpretarse por separado.
Las mediciones de anticuerpos aportaron otra parte de la evidencia: los grupos vacunados presentaron niveles superiores a los del control. Sin embargo, Erikstad recordó que investigaciones anteriores habían conseguido elevar los anticuerpos sin demostrar protección. Evaluar la mortalidad tras la infección permite, por tanto, examinar el efecto de la vacunación junto con la respuesta inmunológica.
Según el especialista, los resultados respaldan la posibilidad de reducir el impacto de T. finnmarkense mediante vacunación y tecnologías disponibles. Sin embargo, el avance corresponde a protección experimental frente a ese agente.
Para Chile, la lectura conjunta de ambas exposiciones plantea una tarea concreta. Se trata de evaluar las herramientas preventivas frente a las especies y los aislados relevantes en sus centros de cultivo. Allí se conecta el conocimiento del agente con el desarrollo de vacunas. Hay que precisar qué bacterias participan en el daño y comprobar qué protección se puede alcanzar frente a ellas.