El año 2026 marcará un punto de inflexión para Chile. La renovación del Congreso y la instalación de un nuevo gobierno abrirán una etapa decisiva para proyectar el rumbo económico del país. En ese contexto, la salmonicultura —uno de los pilares de las exportaciones nacionales y motor de empleo en el sur austral— debe ocupar un lugar prioritario en la agenda de quienes asumirán la responsabilidad de legislar y gobernar.
Historial de desarrollo
Durante las últimas décadas, esta industria ha demostrado ser un ejemplo de descentralización productiva, dinamismo regional e inserción internacional. Sin embargo, enfrenta desafíos urgentes que requieren liderazgo político y visión de futuro. La tramitación lenta de permisos, la superposición normativa y la falta de claridad regulatoria han frenado inversiones clave, afectando no solo la competitividad del sector, sino también el desarrollo de miles de familias que dependen de su cadena de valor.
Desafíos de la industria y el parlamento
El próximo Congreso no puede perder de vista que la salmonicultura no es solo una actividad exportadora: es una plataforma de innovación, ciencia aplicada y empleo de calidad. Destinar más recursos a investigación y desarrollo (I+D), fortalecer los programas de innovación tecnológica y promover alianzas público-privadas serán pasos esenciales para asegurar que Chile mantenga su liderazgo mundial en producción responsable y sustentable.
El país necesita un marco regulatorio moderno, ágil y predecible, que incentive la inversión y la adopción de nuevas tecnologías, en lugar de desincentivarlas con burocracia o incertidumbre jurídica. En esa línea, el diálogo entre el Ejecutivo, los gobiernos regionales y el Parlamento será clave para avanzar hacia una institucionalidad que acompañe el crecimiento y no lo obstaculice.
Debutantes en el parlamento
Para quienes lleguen por primera vez al Senado o la Cámara, el desafío es doble: comprender el valor estratégico de la salmonicultura y asumir con responsabilidad su papel en el desarrollo del sur austral y de Chile entero. La tarea no es menor. En un país que busca reactivar su economía, la salmonicultura representa una oportunidad concreta de progreso, inversión e innovación.
Para los que repiten su experiencia, debieran tener claro cuáles son las áreas donde se deben potenciar los esfuerzos, en cuatro años donde muchas cosas quedaron en desarrollo y por definir.
El desarrollo sostenible no se logra con discursos, sino con decisiones. Por eso, el nuevo Congreso deberá estar a la altura del desafío: impulsar un marco que permita a esta industria seguir creciendo, innovando y contribuyendo al bienestar de las regiones y del país.


















