Ventisqueros ante El Niño: “El clima es impredecible; nuestra capacidad de anticipación, no”
A una década de las millonarias pérdidas provocadas por las floraciones algales nocivas en 2016, la compañía refuerza su estrategia de prevención con monitoreo oceanográfico, modelación predictiva y protocolos de respuesta para enfrentar un escenario climático más exigente.
La experiencia de 2016 sigue siendo una de las principales advertencias para la salmonicultura chilena frente a riesgos ambientales como El Niño. Hoy, en medio de la inestabilidad climática, existe la posibilidad de nuevas alteraciones oceanográficas durante el periodo 2026-2027. La industria enfrenta así un desafío clave: anticiparse a los eventos extremos antes de que comprometan la producción y el bienestar de los peces.
En este escenario, Ventisqueros señaló en el análisis publicado en su Newsletter que está fortaleciendo sus capacidades de prevención, monitoreo y respuesta. Busca enfrentar los riesgos asociados a fenómenos como El Niño. Estos pueden modificar las temperaturas, las precipitaciones y la dinámica de los ecosistemas marinos.
Para la compañía, la preparación ya no puede limitarse a reaccionar ante una emergencia. La prioridad es identificar señales de alerta con anticipación, evaluar los riesgos y activar medidas oportunas. Así se reduce el impacto de eventos que pueden alterar significativamente las condiciones de cultivo.
2016: la lección que sigue marcando a la industria
Hace diez años, una proliferación masiva de microalgas provocó importantes pérdidas productivas en la salmonicultura nacional. Además, dejó en evidencia la vulnerabilidad de las operaciones frente a determinados fenómenos ambientales.
El episodio reforzó la necesidad de mejorar los sistemas de vigilancia, la coordinación entre los distintos actores y la capacidad de respuesta ante contingencias oceanográficas. Una década después, esas lecciones adquieren nueva relevancia frente a la incertidumbre climática y los posibles escenarios de 2027.
Las floraciones algales nocivas (FAN), las disminuciones en los niveles de oxígeno y otras alteraciones del entorno representan amenazas. Estas pueden afectar la salud de los peces y la continuidad operacional de los centros de cultivo.
Por ello, contar con información ambiental oportuna y herramientas que permitan proyectar posibles escenarios se ha convertido en un componente estratégico de la gestión productiva.
Tecnología y monitoreo para anticiparse a las contingencias
Como parte de esta estrategia, Ventisqueros ha estructurado un Plan de Gestión de Contingencias basado en dos pilares: prevención y respuesta.
El primero apunta a detectar tempranamente los riesgos mediante el seguimiento sistemático de variables oceanográficas, meteorológicas y biológicas. Además, incluye la evaluación permanente de la condición sanitaria y el comportamiento de los peces.
Para ello, la compañía combina mediciones de fitoplancton a distintas profundidades, análisis de laboratorio, sobrevuelos con drones y herramientas de modelación hidrodinámica. La integración de estas fuentes de información permite construir una visión más completa de las condiciones ambientales. También permite detectar señales que podrían anticipar escenarios de riesgo.
Una de las herramientas destacadas es Watermind, plataforma predictiva que permite proyectar eventos oceanográficos con hasta siete días de anticipación. Esta capacidad facilita la evaluación de escenarios, la priorización de recursos y la adopción de decisiones preventivas en los centros de cultivo.
Los antecedentes recopilados son analizados por equipos técnicos especializados. Ellos evalúan los niveles de riesgo y coordinan las medidas correspondientes a las condiciones específicas de cada operación.
Desde la oxigenación hasta los ajustes de cosecha: cómo actuar ante una emergencia
La anticipación, sin embargo, es solo una parte de la estrategia. El segundo pilar del plan contempla protocolos de actuación para responder con rapidez cuando las condiciones ambientales lo requieren.
Dependiendo de la naturaleza y la gravedad de cada evento, las medidas pueden incluir ajustes en las dietas y sistemas de oxigenación. También pueden incluir movimientos de biomasa y modificaciones en los calendarios de cosecha.
La efectividad de estas acciones depende también de la coordinación entre las distintas áreas de la compañía. Por ello, Ventisqueros cuenta con una estructura de trabajo que permite evaluar escenarios en tiempo real. También permite movilizar recursos logísticos y monitorear los resultados de las decisiones adoptadas.
El objetivo es reducir la exposición a los riesgos y actuar de manera oportuna. Esto aplica ante condiciones que puedan comprometer el bienestar de los peces y el desempeño productivo.
La colaboración sectorial, otra herramienta frente a El Niño
Más allá de las capacidades internas, Ventisqueros destaca la importancia de la cooperación entre empresas, centros de investigación, entidades técnicas y proveedores especializados.
Los fenómenos oceanográficos pueden afectar simultáneamente distintas zonas y operaciones. Por ello, el intercambio de información y experiencias es relevante para mejorar la comprensión de los riesgos y fortalecer la preparación de la industria.
“Compartir datos, experiencias y buenas prácticas es clave para entender los riesgos comunes y avanzar hacia una salmonicultura más resiliente”, indicó Francisco Bellolio, gerente de Transformación y Personas en Ventisqueros.
La coordinación entre actores permite complementar capacidades y fortalecer el análisis de las condiciones ambientales. Así se avanza hacia respuestas más articuladas ante contingencias que trascienden los límites de una operación individual.
Resiliencia para los desafíos de 2027 y los próximos años
Aunque la incertidumbre climática seguirá formando parte de la actividad acuícola, la industria puede fortalecer sus herramientas para enfrentarla. La experiencia demuestra que no es posible controlar los fenómenos naturales ni eliminar completamente sus riesgos. Sin embargo, sí se puede mejorar la preparación y la capacidad de adaptación.
En Ventisqueros, este enfoque se vincula con una visión de sostenibilidad. Esta busca mantener operaciones sólidas, proteger el bienestar animal y responder responsablemente a un entorno cambiante. Lo hace mediante inversiones en tecnología, ciencia y herramientas de apoyo a la toma de decisiones.
Con la mirada puesta en 2027, el desafío para la salmonicultura chilena será transformar las lecciones del pasado en capacidades concretas para el futuro. En un escenario donde las condiciones del océano pueden cambiar rápidamente, la diferencia estará en la calidad de la información disponible. También estará en la anticipación de los riesgos y la capacidad de actuar a tiempo.
El clima puede ser impredecible, pero la preparación es una decisión estratégica.
Para más contexto, revisa cómo El Niño enciende las alertas en la salmonicultura. También puedes leer el análisis de Mario Acevedo, de Subpesca, sobre el fitoplancton.
La experiencia de 2016 sigue siendo una de las principales advertencias para la salmonicultura chilena frente a riesgos ambientales como El Niño. Hoy, en medio de la inestabilidad climática, existe la posibilidad de nuevas alteraciones oceanográficas durante el periodo 2026-2027. La industria enfrenta así un desafío clave: anticiparse a los eventos extremos antes de que comprometan la producción y el bienestar de los peces.
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En este escenario, Ventisqueros señaló en el análisis publicado en su Newsletter que está fortaleciendo sus capacidades de prevención, monitoreo y respuesta. Busca enfrentar los riesgos asociados a fenómenos como El Niño. Estos pueden modificar las temperaturas, las precipitaciones y la dinámica de los ecosistemas marinos.
Para la compañía, la preparación ya no puede limitarse a reaccionar ante una emergencia. La prioridad es identificar señales de alerta con anticipación, evaluar los riesgos y activar medidas oportunas. Así se reduce el impacto de eventos que pueden alterar significativamente las condiciones de cultivo.
2016: la lección que sigue marcando a la industria
Hace diez años, una proliferación masiva de microalgas provocó importantes pérdidas productivas en la salmonicultura nacional. Además, dejó en evidencia la vulnerabilidad de las operaciones frente a determinados fenómenos ambientales.
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El episodio reforzó la necesidad de mejorar los sistemas de vigilancia, la coordinación entre los distintos actores y la capacidad de respuesta ante contingencias oceanográficas. Una década después, esas lecciones adquieren nueva relevancia frente a la incertidumbre climática y los posibles escenarios de 2027.
Las floraciones algales nocivas (FAN), las disminuciones en los niveles de oxígeno y otras alteraciones del entorno representan amenazas. Estas pueden afectar la salud de los peces y la continuidad operacional de los centros de cultivo.
Por ello, contar con información ambiental oportuna y herramientas que permitan proyectar posibles escenarios se ha convertido en un componente estratégico de la gestión productiva.
Tecnología y monitoreo para anticiparse a las contingencias
Como parte de esta estrategia, Ventisqueros ha estructurado un Plan de Gestión de Contingencias basado en dos pilares: prevención y respuesta.
El primero apunta a detectar tempranamente los riesgos mediante el seguimiento sistemático de variables oceanográficas, meteorológicas y biológicas. Además, incluye la evaluación permanente de la condición sanitaria y el comportamiento de los peces.
Para ello, la compañía combina mediciones de fitoplancton a distintas profundidades, análisis de laboratorio, sobrevuelos con drones y herramientas de modelación hidrodinámica. La integración de estas fuentes de información permite construir una visión más completa de las condiciones ambientales. También permite detectar señales que podrían anticipar escenarios de riesgo.
Una de las herramientas destacadas es Watermind, plataforma predictiva que permite proyectar eventos oceanográficos con hasta siete días de anticipación. Esta capacidad facilita la evaluación de escenarios, la priorización de recursos y la adopción de decisiones preventivas en los centros de cultivo.
Los antecedentes recopilados son analizados por equipos técnicos especializados. Ellos evalúan los niveles de riesgo y coordinan las medidas correspondientes a las condiciones específicas de cada operación.
Desde la oxigenación hasta los ajustes de cosecha: cómo actuar ante una emergencia
La anticipación, sin embargo, es solo una parte de la estrategia. El segundo pilar del plan contempla protocolos de actuación para responder con rapidez cuando las condiciones ambientales lo requieren.
Dependiendo de la naturaleza y la gravedad de cada evento, las medidas pueden incluir ajustes en las dietas y sistemas de oxigenación. También pueden incluir movimientos de biomasa y modificaciones en los calendarios de cosecha.
La efectividad de estas acciones depende también de la coordinación entre las distintas áreas de la compañía. Por ello, Ventisqueros cuenta con una estructura de trabajo que permite evaluar escenarios en tiempo real. También permite movilizar recursos logísticos y monitorear los resultados de las decisiones adoptadas.
El objetivo es reducir la exposición a los riesgos y actuar de manera oportuna. Esto aplica ante condiciones que puedan comprometer el bienestar de los peces y el desempeño productivo.
La colaboración sectorial, otra herramienta frente a El Niño
Más allá de las capacidades internas, Ventisqueros destaca la importancia de la cooperación entre empresas, centros de investigación, entidades técnicas y proveedores especializados.
Los fenómenos oceanográficos pueden afectar simultáneamente distintas zonas y operaciones. Por ello, el intercambio de información y experiencias es relevante para mejorar la comprensión de los riesgos y fortalecer la preparación de la industria.
“Compartir datos, experiencias y buenas prácticas es clave para entender los riesgos comunes y avanzar hacia una salmonicultura más resiliente”, indicó Francisco Bellolio, gerente de Transformación y Personas en Ventisqueros.
La coordinación entre actores permite complementar capacidades y fortalecer el análisis de las condiciones ambientales. Así se avanza hacia respuestas más articuladas ante contingencias que trascienden los límites de una operación individual.
Resiliencia para los desafíos de 2027 y los próximos años
Aunque la incertidumbre climática seguirá formando parte de la actividad acuícola, la industria puede fortalecer sus herramientas para enfrentarla. La experiencia demuestra que no es posible controlar los fenómenos naturales ni eliminar completamente sus riesgos. Sin embargo, sí se puede mejorar la preparación y la capacidad de adaptación.
En Ventisqueros, este enfoque se vincula con una visión de sostenibilidad. Esta busca mantener operaciones sólidas, proteger el bienestar animal y responder responsablemente a un entorno cambiante. Lo hace mediante inversiones en tecnología, ciencia y herramientas de apoyo a la toma de decisiones.
Con la mirada puesta en 2027, el desafío para la salmonicultura chilena será transformar las lecciones del pasado en capacidades concretas para el futuro. En un escenario donde las condiciones del océano pueden cambiar rápidamente, la diferencia estará en la calidad de la información disponible. También estará en la anticipación de los riesgos y la capacidad de actuar a tiempo.
El clima puede ser impredecible, pero la preparación es una decisión estratégica.