Hace pocos días conmemoramos un nuevo 8 de marzo, una fecha que cada año invita a reflexionar sobre el avance de las mujeres en la sociedad. También es una oportunidad para mirar con más atención los datos y entender qué está ocurriendo en el mundo del trabajo femenino.
Una encuesta reciente de Cadem, publicada en abril de 2025, muestra que un 40% de las mujeres en Chile declara que le gusta su trabajo actual. Aunque se trata de una cifra relevante, también refleja que la satisfacción laboral sigue siendo un desafío en el mercado laboral chileno. Más allá de la cifra puntual, el dato abre una conversación más profunda sobre el tipo de empleo que se está generando. La satisfacción laboral no aparece por casualidad. Se encuentra asociada a trabajos que ofrecen estabilidad, oportunidades de desarrollo y la posibilidad de proyectarse en el tiempo. Cuando esas condiciones existen, el trabajo deja de ser solo una fuente de ingresos y se transforma también en un espacio de autonomía, bienestar y construcción de proyectos personales.
Por eso la discusión sobre participación femenina en el mercado laboral no puede limitarse únicamente a cuántas mujeres trabajan, sino también a en qué condiciones lo hacen. La calidad del empleo es un factor determinante para que el trabajo se transforme efectivamente en una herramienta de seguridad económica y desarrollo personal.
En ese contexto, los datos de la salmonicultura chilena muestran señales interesantes. Hoy, un 34% de quienes trabajan en las empresas socias del Consejo del Salmón son mujeres, una presencia relevante para una industria intensiva en operaciones productivas y trabajo territorial en el sur del país. En plantas de proceso, centros de cultivo y operaciones logísticas, la presencia femenina ha ido creciendo de manera sostenida en los últimos años, reflejando una transformación gradual en la composición de los equipos de trabajo.
Pero más allá de la participación, lo importante es observar cómo evolucionan las condiciones laborales. El último Reporte de Impacto Sostenible del gremio muestra que los contratos indefinidos para mujeres han aumentado en 5,3%, reflejando un avance en estabilidad laboral y en la posibilidad de construir trayectorias laborales más previsibles. Y ese no es un dato menor, porque cuando mejora la estabilidad, también mejora la experiencia del trabajo.
Es ahí donde una cifra como ese 40% de mujeres que dice sentirse satisfecha con su empleo deja de ser una estadística aislada y empieza a leerse como un objetivo concreto. Queremos que más mujeres puedan sentirse así, no solo porque acceden a un puesto de trabajo, sino porque encuentran en él condiciones reales para crecer, aportar y proyectarse.
Cuando las empresas avanzan en esa dirección se genera un compromiso bidireccional. Las mujeres encuentran espacios laborales donde es posible desarrollarse profesionalmente y proyectar su futuro, mientras las organizaciones fortalecen equipos más comprometidos con su crecimiento. En una industria profundamente ligada al desarrollo del sur de Chile, avanzar en empleo femenino de calidad no solo amplía oportunidades para miles de familias. También fortalece la sostenibilidad social de una actividad que depende, cada vez más, de su capacidad de generar valor compartido en las regiones donde opera.
Por Alejandra Bustamante – directora de Estudios Aplicados y Estrategia, Consejo del Salmón


















