El escenario de la guerra de EE.UU con Irán ha sido la combinación perfecta para el avance estratégico de la acuicultura RAS en Japón. Este es el resultado de los altos costos de los fletes internacionales y el encarecimiento de los insumos derivados del petróleo, que también han golpeado la estructura de costos de la exportación chilena y noruega. En este contexto, Japón ha dejado de ver la producción local en tierra como un experimento costoso para considerarla una pieza clave de su seguridad alimentaria.
Reportes recientes de cadenas televisivas como TSK San-in Chuo y UHB han puesto de relieve un fenómeno denominado «Gyakuten Gensho» o inversión de precios. En prefecturas como Tottori y Toyama, el costo del pescado chileno ha escalado de 250 yenes a 358-398 yenes por cada 100 gramos —equivalentes a aproximadamente US$1,58 y US$2,26-US$2,51, respectivamente—, igualando en algunos casos el valor del salmón Atlántico producido localmente en Japón.
Es decir, que siguiendo estos datos presentados por los medios japoneses, un kilo de salmón chileno o noruego costaría unos 3.980 JYP (22.154 pesos chilenos). Este aumento de precios ha sido resultado de:
- Costos logísticos: La inestabilidad en el Mar Rojo ha incrementado los fletes y tiempos de tránsito.
- Insumos derivados del petróleo: El costo de bandejas plásticas, films y láminas absorbentes (drip sheets) ha subido entre un 20% y 30%
- Demanda de frescura: Ante precios similares, el consumidor japonés tiende a priorizar el producto nacional por su percepción de frescura (producto nunca congelado).
Hokkaido: Nuevo polo RAS en Japón
En respuesta a esta escenario, el pueblo de Kyogoku (Hokkaido), formalizó el 13 de abril una alianza estratégica con los gigantes japoneses de Air Water y Aeon Hokkaido. Dicho proyecto busca transformar el gimnasio de una escuela de educación básica en una instalación RAS para la trucha arcoíris.
El cronograma proyecta el inicio de la cría de prueba para 2027, con el objetivo de alcanzar una producción comercial de 10 toneladas anuales para 2029. La integración de Aeon Hokkaido en el acuerdo garantiza un canal de venta directo, asegurando que el producto llegue a las góndolas sin depender de las fluctuaciones del mercado de importación.

Adaptación climática en Japón
Japón también esta desarrollando biotecnología con el objetivo de reducir su dependencia de las importaciones. En este marco, se encuentra como ejemplo la startup Smolt Inc., que recientemente logró cosechar ejemplares de salmón cereza de 4 kilo, un tamaño récord para la especie.
El uso de genética de resistencia térmica logra que el salmón sea capaz de vivir en aguas de hasta 20°C. En conversación con InfoSALMON, Ken Ueno, CEO de Smolt Inc., mencionó que el objetivo es adaptar la industria al calentamiento global posicionando a especies nativas de japón (salmón cereza) como una alternativa real y sostenible frente a los desafíos que se comparten en Japón como en Chile.

El pulso de los japoneses
La percepción pública en Japón revela que, si bien hay un interés creciente por lo local, el desafío de los costos es transversal. Usuarios en portales de noticias nipones advierten que la ventaja de precio de los proyectos locales podría ser frágil: «El salmón nacional también tendrá revisión de precios el próximo mes. La acuicultura también se ve afectada por la subida de la energía.» (Comentario de usuario en Yahoo Japan).
Perspectiva para la industria y nacionalismo alimentario
En este escenario, el triángulo del salmón que conforman Chile, Noruega y el mercado japonés enfrentan un desafío: El nacionalismo alimentario japonés impulsado por la tecnología. Como bien señaló el CEO de Smolt Inc., el calentamiento global y la inestabilidad logística son desafíos que hoy comparten las tres potencias. La conclusión para la industria nacional es clara: la ventaja competitiva ya no reside únicamente en el volumen o el precio histórico, sino en la capacidad de innovar y colaborar tecnológicamente para que el salmón importado siga siendo percibido como una opción segura, premium y, por sobre todo, insustituible frente a la creciente oferta «made in Japan».














