Cambio climático podría reducir el valor nutricional del salmón: advierten caída crítica del yodo hacia 2090
Un nuevo estudio internacional revela que el calentamiento oceánico no solo afectará la producción de salmón del Atlántico, sino también su composición nutricional, con implicancias directas para la salud humana y la seguridad alimentaria global.
El cambio climático podría estar alterando silenciosamente la calidad de los alimentos que llegan a la mesa. Así lo evidencia una investigación que utilizó al salmón del Atlántico (Salmo salar) como modelo para analizar cómo el aumento de la temperatura del océano impacta la composición mineral de los alimentos de origen animal cultivados.
El estudio concluye que, bajo condiciones de calentamiento, el salmón experimenta cambios significativos en su perfil nutricional. Mientras la mayoría de los minerales esenciales —como calcio, potasio, magnesio, fósforo, hierro, zinc y selenio— aumentan en concentración, el yodo presenta una fuerte caída, con reducciones de hasta 81% en el músculo y 19% en el cuerpo completo del pez.
Proyecciones al 2090: más calor, menos calidad nutricional
Las simulaciones climáticas indican que hacia 2090 varias de las principales regiones productoras de salmón —incluyendo Noruega, Chile, Canadá y Australia— superarán los 18 °C en temperatura del agua, umbral considerado subóptimo para el cultivo.
Actualmente, las condiciones térmicas en estas zonas oscilan entre 10,5 °C y 18 °C. Sin embargo, el calentamiento proyectado implicará que cientos de centros de cultivo operen bajo estrés térmico: 633 centros en Noruega, 568 en Chile, 274 en Canadá y 63 en Australia
En términos productivos, esto podría impactar hasta el 25% de la producción en Noruega, 30% en Chile y la totalidad de la producción en Canadá y Australia.
Figura 1. Variación porcentual media de la composición mineral modelizada en el músculo (barras azul claro) y en todo el cuerpo (barras azul oscuro) del salmón del Atlántico (Salmo salar) criado a temperaturas subóptimas elevadas (20 °C) en comparación con las óptimas (15 °C). Créditos: Estudio.
Impacto directo en la nutrición humana
El estudio también evaluó cómo estos cambios afectarían la ingesta de minerales en la población, mediante análisis de dieta en Australia y Noruega.
Los resultados muestran que, aunque la mayoría de los minerales se mantendría estable, el aporte de yodo desde el salmón disminuiría significativamente:
En Australia: de 0,12% a 0,02% de la ingesta diaria recomendada
En Noruega: de 0,27% a 0,04%
Dado que los productos del mar son una de las principales fuentes naturales de yodo, esta reducción podría tener consecuencias relevantes, especialmente en países con alto consumo de pescado.
Riesgo global en un sistema alimentario interconectado
El impacto no se limitaría a los países productores. El salmón es uno de los productos más comercializados a nivel mundial: Noruega exporta a Europa, Estados Unidos y Asia, mientras que Chile y Canadá abastecen principalmente al mercado estadounidense.
Esto implica que cambios en la calidad nutricional del salmón podrían afectar a consumidores en todo el mundo.
Además, los investigadores advierten que este fenómeno podría coincidir con la disminución de minerales en cultivos terrestres ya documentada bajo escenarios de cambio climático, generando un efecto acumulativo sobre la nutrición global.
Figura 2. Exposición prevista de las regiones mundiales dedicadas al cultivo del salmón del Atlántico (Salmo salar) a temperaturas oceánicas elevadas por debajo de los niveles óptimos. Créditos: Estudio.
Estrategias en evaluación
Frente a este escenario, el estudio plantea la necesidad de adaptar la acuicultura a las nuevas condiciones climáticas. Entre las alternativas se incluyen el uso de jaulas sumergidas para acceder a aguas más frías, el desarrollo de sistemas de cultivo en mar abierto, la optimización de dietas mediante nutrición de precisión y programas de mejoramiento genético para aumentar la tolerancia térmica
Asimismo, la biofortificación —como la suplementación de yodo en la alimentación del salmón— surge como una opción para mitigar la pérdida de nutrientes.
Un cambio de enfoque en la seguridad alimentaria
Los autores destacan que el estudio aporta una de las primeras evidencias directas de cómo el cambio climático puede modificar la calidad nutricional de alimentos de origen animal, un aspecto hasta ahora poco explorado.
En ese contexto, advierten que el desafío futuro no será solo asegurar la cantidad de alimentos disponibles, sino también preservar su valor nutricional.
Si bien el estudio presenta limitaciones —como la falta de datos en otras especies y factores climáticos adicionales—, sus resultados abren una nueva línea de investigación sobre el impacto del cambio climático en la nutrición humana.
La evidencia es clara: el calentamiento global no solo redefine dónde y cuánto se produce, sino también qué tan nutritivos serán los alimentos del futuro.
Lea el estudio completo aquí: Atlantic salmon as a model for understanding the nutritional impacts of climate change on farmed animal-source foods
El cambio climático podría estar alterando silenciosamente la calidad de los alimentos que llegan a la mesa. Así lo evidencia una investigación que utilizó al salmón del Atlántico (Salmo salar) como modelo para analizar cómo el aumento de la temperatura del océano impacta la composición mineral de los alimentos de origen animal cultivados.
El estudio concluye que, bajo condiciones de calentamiento, el salmón experimenta cambios significativos en su perfil nutricional. Mientras la mayoría de los minerales esenciales —como calcio, potasio, magnesio, fósforo, hierro, zinc y selenio— aumentan en concentración, el yodo presenta una fuerte caída, con reducciones de hasta 81% en el músculo y 19% en el cuerpo completo del pez.
Proyecciones al 2090: más calor, menos calidad nutricional
Las simulaciones climáticas indican que hacia 2090 varias de las principales regiones productoras de salmón —incluyendo Noruega, Chile, Canadá y Australia— superarán los 18 °C en temperatura del agua, umbral considerado subóptimo para el cultivo.
Actualmente, las condiciones térmicas en estas zonas oscilan entre 10,5 °C y 18 °C. Sin embargo, el calentamiento proyectado implicará que cientos de centros de cultivo operen bajo estrés térmico: 633 centros en Noruega, 568 en Chile, 274 en Canadá y 63 en Australia
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En términos productivos, esto podría impactar hasta el 25% de la producción en Noruega, 30% en Chile y la totalidad de la producción en Canadá y Australia.
Figura 1. Variación porcentual media de la composición mineral modelizada en el músculo (barras azul claro) y en todo el cuerpo (barras azul oscuro) del salmón del Atlántico (Salmo salar) criado a temperaturas subóptimas elevadas (20 °C) en comparación con las óptimas (15 °C). Créditos: Estudio.
Impacto directo en la nutrición humana
El estudio también evaluó cómo estos cambios afectarían la ingesta de minerales en la población, mediante análisis de dieta en Australia y Noruega.
Los resultados muestran que, aunque la mayoría de los minerales se mantendría estable, el aporte de yodo desde el salmón disminuiría significativamente:
En Australia: de 0,12% a 0,02% de la ingesta diaria recomendada
En Noruega: de 0,27% a 0,04%
Dado que los productos del mar son una de las principales fuentes naturales de yodo, esta reducción podría tener consecuencias relevantes, especialmente en países con alto consumo de pescado.
Riesgo global en un sistema alimentario interconectado
El impacto no se limitaría a los países productores. El salmón es uno de los productos más comercializados a nivel mundial: Noruega exporta a Europa, Estados Unidos y Asia, mientras que Chile y Canadá abastecen principalmente al mercado estadounidense.
Esto implica que cambios en la calidad nutricional del salmón podrían afectar a consumidores en todo el mundo.
Además, los investigadores advierten que este fenómeno podría coincidir con la disminución de minerales en cultivos terrestres ya documentada bajo escenarios de cambio climático, generando un efecto acumulativo sobre la nutrición global.
Figura 2. Exposición prevista de las regiones mundiales dedicadas al cultivo del salmón del Atlántico (Salmo salar) a temperaturas oceánicas elevadas por debajo de los niveles óptimos. Créditos: Estudio.
Estrategias en evaluación
Frente a este escenario, el estudio plantea la necesidad de adaptar la acuicultura a las nuevas condiciones climáticas. Entre las alternativas se incluyen el uso de jaulas sumergidas para acceder a aguas más frías, el desarrollo de sistemas de cultivo en mar abierto, la optimización de dietas mediante nutrición de precisión y programas de mejoramiento genético para aumentar la tolerancia térmica
Asimismo, la biofortificación —como la suplementación de yodo en la alimentación del salmón— surge como una opción para mitigar la pérdida de nutrientes.
Un cambio de enfoque en la seguridad alimentaria
Los autores destacan que el estudio aporta una de las primeras evidencias directas de cómo el cambio climático puede modificar la calidad nutricional de alimentos de origen animal, un aspecto hasta ahora poco explorado.
En ese contexto, advierten que el desafío futuro no será solo asegurar la cantidad de alimentos disponibles, sino también preservar su valor nutricional.
Si bien el estudio presenta limitaciones —como la falta de datos en otras especies y factores climáticos adicionales—, sus resultados abren una nueva línea de investigación sobre el impacto del cambio climático en la nutrición humana.
La evidencia es clara: el calentamiento global no solo redefine dónde y cuánto se produce, sino también qué tan nutritivos serán los alimentos del futuro.