El ambiente se sentía operativo, limpio y ordenado, con un equipo comprometido que trabajaba entre instrumentos y equipamiento completamente nuevo. El recorrido por las recientes instalaciones del Laboratorio de Farmacología Veterinaria (Farmavet) de la Universidad de Chile, en el Campus Antumapu de Santiago, reflejaba una recuperación que implicaba mucho más que una mera reconstrucción física.
Un incendio en febrero de 2026 consumió la infraestructura y el equipamiento reunido durante tres décadas. Sin embargo, en pocos meses, el equipo logró ponerse de pie y recuperar de manera íntegra su capacidad analítica.
Las muestras volvieron a ingresar. Hoy, los equipos de extracción, los cromatógrafos y los espectrómetros de masas —con los que se separan, identifican y miden los compuestos presentes en las matrices— retomaron la cadena de análisis que une el rigor científico con los programas oficiales de inocuidad alimentaria del país y la actividad exportadora de la salmonicultura chilena.
Para la doctora Javiera Cornejo, directora de Farmavet, la reapertura marca un hito de resiliencia institucional. “Esto el día de hoy ya se materializa, ya estamos armados, ya estamos acreditados por el INN, estamos autorizados por las autoridades competentes y estamos listos con nuestra capacidad al 100% para retomar nuestras funciones”, afirmó.
La emergencia obligó a levantar el laboratorio desde cero. La investigadora sostuvo que todo el proceso involucró el compromiso fundamental del equipo humano, conformado por técnicos, profesionales, administrativos y jefaturas, junto con el apoyo de las autoridades. La continuidad de este grupo permitió conservar el know-how acumulado en metodologías complejas y avanzar con extrema rapidez en la recuperación operativa.
Restituir la capacidad para los controles de Sernapesca
El laboratorio recuperó la totalidad de los programas que ejecutaba antes del siniestro. Previo al incendio, Farmavet realizaba el 85% de los análisis asociados al Programa de Control de Residuos de Sernapesca, un volumen que hoy está nuevamente en condiciones de procesar.
“Tenemos una capacidad operativa y analítica que nos permitirá dar cuenta de todos los programas que llevábamos antes”, explicó Cornejo. La investigadora puntualizó que la incorporación de nueva tecnología permitirá, incluso, superar la cantidad de muestras que se analizaban históricamente.
El Programa de Control de Residuos de Sernapesca funciona como un mecanismo de fiscalización oficial indispensable para la actividad acuícola. Verifica la presencia de fármacos veterinarios, sustancias no autorizadas y contaminantes en peces de cultivo, con controles que abarcan desde los centros de producción hasta las plantas de proceso.
En esta cadena de valor, Farmavet ejecuta análisis químicos de alta precisión para detectar residuos farmacológicos, dioxinas, furanos, toxinas marinas, metales pesados y PCBs, sigla que identifica a los bifenilos policlorados, compuestos químicos industriales que pueden permanecer en el ambiente y bioacumularse en los alimentos.
El proceso que lleva de la muestra al dato
El equipo del laboratorio nos explicó en detalle el proceso analítico, un verdadero trabajo de disección molecular. Todo comienza con la recepción y preparación de la muestra de salmón, una matriz sumamente compleja por su alta concentración de agua, grasas y pigmentos, elementos que se deben aislar forzosamente para lograr identificar los compuestos críticos.
La primera etapa utiliza un liofilizador, equipo que congela la muestra y retira su agua al convertir el hielo directamente en vapor. Posteriormente, los procesos de extracción trasladan los compuestos desde el tejido hasta una fase líquida mediante un sistema de extracción en fase sólida. Luego, un rotavapor evapora parte del solvente bajo condiciones controladas y reduce drásticamente su volumen para concentrar la muestra.
Durante el recorrido, los profesionales mostraron en funcionamiento este sistema, destacando cómo la nueva tecnología optimiza los tiempos de preparación. La precisión en estas fases iniciales, donde se manipula directamente la matriz biológica, resulta indispensable para evitar interferencias que puedan alterar el resto del proceso analítico.
El extracto, que inicialmente presenta la tonalidad naranja característica del salmón, pasa luego por columnas de limpieza de múltiples capas que retienen grasas y otras interferencias. El resultado es una fracción completamente purificada, lista para la etapa de fraccionamiento que se encarga de separar los PCBs de las dioxinas y los furanos.
Es en la fase de cuantificación donde interviene la tecnología analítica de mayor complejidad. Para identificar dioxinas, furanos y PCBs, el laboratorio utiliza cromatografía gaseosa acoplada a espectrometría de masas, una técnica que separa los compuestos en estado gaseoso y los identifica con absoluta precisión según su masa molecular.
El sistema separa las moléculas al interior de una columna y lee sus fragmentos característicos para confirmar la identidad de cada compuesto. Así, transforma la materia física en una señal digital interpretable.
En tanto, el área de residuos farmacológicos opera con cromatografía líquida acoplada a espectrometría de masas, técnica que separa los compuestos presentes en una muestra líquida y los identifica a partir de su masa. Esta tecnología es capaz de distinguir moléculas químicamente casi idénticas —como la tetraciclina, la oxitetraciclina y la doxiciclina— y de establecer su concentración exacta en el tejido.
El equipo de Farmavet lo ilustra con una analogía bastante clara. Frente a una mezcla comparable con una sopa, el espectrómetro puede separar e identificar cada ingrediente analizando su peso molecular, el cual funciona como la huella dactilar exclusiva de cada molécula.
Respaldar la inocuidad para exportar
El trabajo de Farmavet conforma un respaldo técnico intransable para el ingreso de los productos chilenos a los mercados internacionales más exigentes. La detección temprana de fármacos y contaminantes permite garantizar la trazabilidad y el estricto cumplimiento de los Límites Máximos de Residuos (LMR) exigidos por los países de destino, mucho antes de que el alimento llegue al consumidor final.
Durante los meses en que el laboratorio estuvo fuera de operación, Sernapesca activó de inmediato un plan de contingencia con su red de laboratorios externos para mantener inalterables los controles oficiales sobre los productos acuícolas y pesqueros destinados a la exportación.
“Chile tiene un sistema de inocuidad de los alimentos y una institucionalidad robusta”, destacó la doctora Cornejo, quien enfatizó la coordinación fluida e inmediata que existió entre la academia y el Estado desde el primer momento de la emergencia.
La directora también subrayó que, mientras estas nuevas instalaciones ya operan a plena capacidad en el campus, la Universidad de Chile avanza en el diseño de un edificio definitivo que volverá a reunir a todas las áreas científicas y reemplazará la infraestructura original de más de 1.100 metros cuadrados que el incendio destruyó.
Hoy, el foco está puesto en una capacidad analítica que vuelve a operar lejos de los centros de cultivo, pero que incide directamente en el corazón de la cadena de valor del salmón. El laboratorio convierte cada muestra de tejido en la certeza regulatoria que respalda la inocuidad y sostiene el prestigio exportador de la salmonicultura de Chile.



















