La sostenibilidad dejó de ser una materia complementaria dentro de las empresas productoras de salmón para transformarse en un elemento central de sus decisiones operacionales, ambientales y territoriales.
Esa fue una de las principales conclusiones del conversatorio “Sostenibilidad: proyección de la salmonicultura del futuro”, realizado en la Universidad San Sebastián y moderado por Alejandra Bustamante, directora de Estudios Aplicados del Consejo del Salmón.
En el panel participaron Santiago Villarino, oficial de Asuntos Públicos de AquaChile; Mauricio Delgado, gerente de Asuntos Públicos de Australis Seafoods; Jaime Varas, gerente de Medioambiente y Concesiones de Cermaq; Álvaro Pérez, gerente de Sustentabilidad y Asuntos Públicos de Mowi; David Garrido, gerente Técnico de Salmones Aysén; e Igor Stack, gerente Técnico de Ventisqueros.
Durante la conversación, los representantes abordaron el recorrido de la industria durante las últimas décadas, los aprendizajes derivados de las crisis sanitarias y los desafíos que enfrentará la salmonicultura en materias como cambio climático, gobernanza, regulación, descarbonización, desarrollo de proveedores y relacionamiento comunitario.

De complemento corporativo a estrategia del negocio
Uno de los principales cambios identificados por los panelistas es la incorporación de la sostenibilidad dentro de la estructura estratégica de las compañías.
Álvaro Pérez, de Mowi, recordó que durante los primeros años estas materias eran abordadas de manera secundaria. Sin embargo, la presión por medir los impactos, mejorar los procesos y responder a las nuevas expectativas sociales llevó a las empresas a incorporar la sostenibilidad en toda su cadena de valor. “La sustentabilidad partió muchas veces como un adorno y hoy es un tema estratégico, incorporado en la matriz del negocio”, menciona Pérez.
Para el ejecutivo, este proceso también ha requerido una transformación cultural interna. No basta con disponer de un equipo especializado: las distintas áreas de una empresa deben comprender que los indicadores ambientales y sociales forman parte del desempeño general del negocio.
La tecnología y la innovación también han permitido contar con parámetros más precisos, incorporar ciencia y levantar información sobre centros de cultivo, pisciculturas, plantas de proceso, trabajadores y comunidades.
David Garrido, de Salmones Aysén, coincidió en la importancia de medir. La elaboración de los primeros reportes de sostenibilidad permitió a la compañía identificar avances, pero también brechas que necesitaban ser corregidas. “Al mostrar los datos, pudimos visualizar cómo avanzar, qué queremos mejorar y hacia dónde queremos ir”, explicó.

La crisis del virus ISA como punto de inflexión
La evolución de la sostenibilidad en la salmonicultura chilena tampoco puede entenderse sin considerar las crisis que marcaron su desarrollo. Igor Stack, de Ventisqueros, identificó la crisis del virus ISA, ocurrida entre 2007 y 2009, como un antes y un después para la actividad. “La crisis nos mostró que la sostenibilidad debía ser parte central del modelo productivo”.
El episodio obligó a fortalecer las medidas de bioseguridad, los descansos sanitarios y la coordinación productiva. Desde ese momento, explicó Stack, las empresas comenzaron a incorporar una mirada más integral, combinando factores sanitarios, tecnológicos, ambientales y sociales.
Hoy esa transformación se expresa en sistemas de monitoreo en tiempo real, inteligencia artificial, modelos predictivos y tecnologías de adaptación frente al cambio climático. Stack mencionó como ejemplo la creciente incorporación de sistemas de oxigenación en los centros de cultivo. Hace algunos años eran utilizados en pocas instalaciones, mientras que actualmente representan una herramienta relevante para enfrentar condiciones ambientales más exigentes.
El desafío climático también está llevando a las compañías a ampliar la medición de su huella de carbono. Ya no se trata únicamente de controlar las emisiones directas, sino de avanzar hacia el alcance 3, incorporando a proveedores y otros actores de la cadena de valor.

Gobernanza, ciencia y reglas claras
Al proyectar la salmonicultura de las próximas décadas, los representantes señalaron que la sostenibilidad deberá avanzar equilibradamente en sus dimensiones ambiental, social y de gobernanza. Santiago Villarino, de AquaChile, afirmó que uno de los desafíos es reducir la brecha existente entre la percepción pública de la industria y la realidad de sus operaciones.
Para ello, planteó, los altos estándares ambientales y sociales deben ir acompañados de reglas claras, decisiones oportunas y una correcta aplicación de la legislación. “Debemos dialogar y revalidar día a día la licencia social para operar, a través de la transparencia y la honestidad”, sostuvo. Villarino sostuvo que la gobernanza debe ser transversal y comprometer a todas las áreas que tienen responsabilidad en la operación cotidiana de las compañías.

Mauricio Delgado, de Australis Seafoods, profundizó en este punto señalando que la dispersión geográfica de las operaciones representa un desafío significativo. Las empresas deben ser capaces de definir objetivos, asignar recursos y ejecutarlos de manera consistente en territorios que se extienden desde Los Ríos hasta Magallanes.
La gobernanza, en este contexto, permite alinear a la organización, fortalecer el cumplimiento y desplegar una estrategia común en cada región. Jaime Varas, de Cermaq, puso el foco en la regulación y en la necesidad de incorporar con mayor fuerza a la academia. “¿Dónde está la academia en la definición de los reglamentos? ¿Dónde están los estudios de campo? ¿Dónde está la base científica?”, preguntó.
A su juicio, la salmonicultura necesita avanzar hacia una regulación más coherente y articulada, además de una evaluación ambiental estratégica que incorpore las dimensiones sociales y territoriales.
Proyectos que conectan sostenibilidad y territorio
El panel también mostró que la sostenibilidad no se limita a indicadores corporativos. Su expresión más concreta aparece en los proyectos que vinculan a las empresas con proveedores, comunidades, establecimientos educacionales y emprendedores locales.
Mowi presentó su programa de desarrollo de proveedores en Aysén, implementado junto con Corfo y CODESSER. La iniciativa contempla diagnósticos empresariales, formación en costos, cumplimiento ambiental, adaptación tecnológica y visitas a instalaciones en Noruega.

Para Álvaro Pérez, el objetivo es cambiar la lógica de la relación comercial. “Hay un cambio de paradigma: pasar de una transacción a una relación de valor justo y valor compartido”, sostiene Pérez.
Ventisqueros, por su parte, expuso su proyecto E-Site, un centro de cultivo abastecido con energía renovable mediante un cable eléctrico submarino. La iniciativa permite reducir el consumo de diésel, disminuir riesgos logísticos y aumentar la resiliencia operacional. La compañía evalúa implementar otros dos proyectos similares durante 2027, como parte de su plan de descarbonización con horizonte 2045.
Salmones Aysén presentó un proyecto de economía circular desarrollado con mujeres de Panitao Alto. La iniciativa comenzó con cursos de corte y confección y evolucionó hacia un emprendimiento que transforma ropa de trabajo en desuso en nuevos productos.
Cermaq, en tanto, abordó sus proyectos de cultivo de macroalgas junto con comunidades cercanas a sus concesiones. Desde la primera experiencia implementada en Faro Corona, en Ancud, la compañía ha llegado a 13 iniciativas en Los Lagos, Aysén y Magallanes. Además de la producción y comercialización de algas, algunas comunidades han propuesto avanzar hacia productos de mayor valor agregado, como biofertilizantes destinados a regenerar praderas agrícolas.
Transparencia y formación para las nuevas generaciones
AquaChile explicó la experiencia de Casa Abierta, un espacio inaugurado oficialmente en enero de 2025 en Magallanes para acercar la salmonicultura a la comunidad.
La instalación permite conocer la historia de la actividad, sus estándares productivos y el funcionamiento de un centro de cultivo. Según Santiago Villarino, el espacio ya ha recibido a más de 2.500 personas y mantiene convenios con colegios, el municipio y la Universidad de Magallanes. “Es una manera de escuchar y construir confianza a través del conocimiento y la transparencia”, sostuvo.
Australis Seafoods, por su parte, presentó su trabajo con liceos de Educación Media Técnico-Profesional en Aysén y Magallanes. La compañía mantiene una relación anual con establecimientos educacionales, mediante talleres, clases, visitas a instalaciones y prácticas profesionales. El objetivo es disminuir las brechas entre la formación técnica y las capacidades que requerirá la industria en el futuro.
Mauricio Delgado señaló que esta vinculación permitirá que las oportunidades laborales generadas por la salmonicultura puedan ser aprovechadas directamente por jóvenes de las regiones donde opera la actividad.
Escuchar, medir y mantener metas honestas

En el cierre del conversatorio, los panelistas entregaron recomendaciones para empresas y proveedores que quieran avanzar en sostenibilidad. Álvaro Pérez destacó la necesidad de escuchar a los territorios, asignar recursos y mantener las iniciativas en el tiempo. Según indicó, uno de los errores históricos de la industria fue intentar aplicar una misma receta en comunidades con realidades diferentes.
Igor Stack recomendó realizar estudios de materialidad y priorizar un número acotado de objetivos. Intentar abordar todos los desafíos al mismo tiempo, advirtió, puede terminar diluyendo los esfuerzos y reduciendo los resultados.
David Garrido llamó a comenzar midiendo, incluso cuando los indicadores iniciales no sean favorables. “La sostenibilidad no es un libro que se abre, se cierra y queda guardado. Es un camino”. También sostuvo que el avance no siempre será lineal. En algunos momentos las compañías deberán retroceder, revisar decisiones y ajustar sus estrategias antes de volver a avanzar.
Mauricio Delgado resumió esa idea señalando que en sostenibilidad “no hay balas de plata”. Por ello, llamó a fijar metas honestas, consistentes con las capacidades reales de cada organización y alejadas de los eslóganes o las tendencias pasajeras.
Jaime Varas, finalmente, enfatizó que las iniciativas no necesitan ser necesariamente de gran escala para generar cambios relevantes. “Con menos podemos hacer más. Si no somos capaces de mirar y escuchar al territorio, difícilmente podremos conectar con la sostenibilidad”, concluyó.
El panel dejó así una visión compartida: la salmonicultura del futuro dependerá menos de declaraciones generales y más de la capacidad de incorporar la sostenibilidad en las operaciones cotidianas, medir los avances, reconocer los errores y construir relaciones de largo plazo con los territorios.


















