Menos grasa, más eficiencia: Avance científico promete ahorrar mil millones al año en la salmonicultura
La combinación de nutrición y genética abre una vía directa para optimizar el factor de conversión de alimento (FCR) y reducir la huella climática de la industria, transformando exceso de grasa en músculo y agua.
En la acuicultura moderna, el alimento representa el costo operativo más elevado y, al mismo tiempo, la mayor fuente de impacto en la huella climática. Bajo este escenario crítico, un nuevo estudio liderado por el instituto de investigación noruego Nofima —y publicado en la revista Genetics Selection Evolution— ha puesto sobre la mesa un hallazgo revolucionario: criar salmones más magros y eficientes podría ahorrarle a la industria noruega más de 1.100 millones de coronas al año.
La premisa central de la investigación, encabezada por el investigador nutricional Bjarne Hatlen, apunta a un cambio de paradigma biológico y económico: convertir una mayor cantidad de la energía del alimento en músculo en lugar de acumularla en forma de grasa.
La ecuación biológica: Cuando la proteína gana terreno
El funcionamiento de este proceso se basa en una ventaja fisiológica directa. Como explica el equipo científico, al reemplazar parte de la grasa corporal con proteína y agua, el pez se vuelve significativamente más económico de producir.
La razón matemática es clara: por cada gramo de proteína que incorpora el organismo, este retiene de forma natural cuatro gramos de agua sin coste energético adicional. Por el contrario, la grasa ocupa espacio, pero no moviliza ese volumen extra de agua en favor del peso vivo.
Actualmente, el salmón de cultivo listo para el sacrificio en Noruega registra un promedio de 21% de grasa, un porcentaje que compone aproximadamente dos tercios de la energía total del animal. Según los cálculos de Nofima, reducir moderadamente este nivel del 21% al 18% —un rango que sigue estando muy por encima de los niveles naturales del salmón salvaje— reduciría la energía total del pez en un 10%.
Bajo escenarios prudentes (un precio del alimento de 15 coronas por kilo, un consumo sectorial de 1,5 millones de toneladas de alimento y un FCR inicial de 1,05), este ajuste en la composición corporal se traduciría en un ahorro anual estimado en 1.100 millones de coronas, impulsado por una disminución directa en el consumo de alimento por parte de los productores.
Sólida base experimental: Genética y nutrición de la mano
Para llegar a estas conclusiones, el estudio analizó un grupo de 70 lotes experimentales compuestos por 35 familias de salmónprovenientes del programa de cría de Mowi Genetics. Los ejemplares, con un peso inicial de 40 gramos, fueron evaluados durante siete semanas en las instalaciones de Nofima en Sunndalsøra.
Mediante un riguroso balance de laboratorio que examinó el alimento, los tejidos de los peces y las heces, los investigadores cuantificaron el destino exacto de la energía y las proteínas. Los resultados demostraron que:
Alrededor de la mitad de la ingesta de energía y proteínas se almacena en el pez, mientras que el resto se disipa en forma de calor, heces y excreción de nitrógeno.
Las familias de salmón exhiben diferencias marcadas en su capacidad para aprovechar el alimento, y dichas diferencias poseen un componente de heredabilidad moderada.
Es posible realizar una selección genética enfocada en obtener menor grasa corporal sin castigar las tasas de crecimiento, logrando que cerca de la mitad de dicha reducción de grasa se manifieste directamente como una menor ingesta de alimento.
Implicancias prácticas para la industria y la genética
Para las empresas salmonicultoras y los programas de mejora genética, el desafío inmediato radica en trasladar estos indicadores al trabajo rutinario. Medir la ingesta de alimento en peces individuales de forma directa ha sido históricamente complejo y costoso; sin embargo, este estudio abre la puerta al uso de marcadores y estimaciones prácticas de la grasa corporal en animales vivos.
Desde la perspectiva de Mowi, Matt Baranski destaca el valor estratégico de estos avances: «La selección para un alto crecimiento a lo largo de muchas generaciones ha proporcionado una mejora indirecta significativa en la utilización del alimento, pero llevamos tiempo buscando formas prácticas de seleccionar de manera más directa para esta característica», señala, añadiendo que los resultados abren un camino prometedor para optimizar los recursos marinos de los que depende la acuicultura global.
Por su parte, las empresas de nutrición y alimentos balanceados obtienen información crucial para rediseñar sus formulaciones, adaptándolas a perfiles genéticos cada vez más eficientes.
Seguridad alimentaria y próximos pasos
Más allá del impacto financiero a nivel de empresa, el estudio —desarrollado en el marco del proyecto europeo NewTechAqua (programa Horizonte 2020) con la colaboración de NMBU y Mowi— aporta una dimensión macroeconómica vinculada a la soberanía alimentaria. Anna Sonesson, jefa del departamento de cría y genética de Nofima y autora principal, subraya que disminuir la dependencia de insumos de alimentos importados fortalece la preparación productiva de Noruega (matberedskap).
No obstante, los prometedores resultados, los investigadores recalcan que el estudio se ha validado bajo condiciones controladas en peces de agua dulce y fase temprana. El siguiente paso ineludible para la industria será escalar la investigación hacia ejemplares de mayor tamaño en ambientes marinos reales, así como perfeccionar los métodos de medición de grasa en reproductores vivos antes de masificar su aplicación comercial a gran escala.
Lea el estudio completo aquí: Phenotypic and genetic analysis of energy partitioning and feed efficiency in Atlantic salmon
En la acuicultura moderna, el alimento representa el costo operativo más elevado y, al mismo tiempo, la mayor fuente de impacto en la huella climática. Bajo este escenario crítico, un nuevo estudio liderado por el instituto de investigación noruego Nofima —y publicado en la revista Genetics Selection Evolution— ha puesto sobre la mesa un hallazgo revolucionario: criar salmones más magros y eficientes podría ahorrarle a la industria noruega más de 1.100 millones de coronas al año.
La premisa central de la investigación, encabezada por el investigador nutricional Bjarne Hatlen, apunta a un cambio de paradigma biológico y económico: convertir una mayor cantidad de la energía del alimento en músculo en lugar de acumularla en forma de grasa.
La ecuación biológica: Cuando la proteína gana terreno
El funcionamiento de este proceso se basa en una ventaja fisiológica directa. Como explica el equipo científico, al reemplazar parte de la grasa corporal con proteína y agua, el pez se vuelve significativamente más económico de producir.
La razón matemática es clara: por cada gramo de proteína que incorpora el organismo, este retiene de forma natural cuatro gramos de agua sin coste energético adicional. Por el contrario, la grasa ocupa espacio, pero no moviliza ese volumen extra de agua en favor del peso vivo.
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Actualmente, el salmón de cultivo listo para el sacrificio en Noruega registra un promedio de 21% de grasa, un porcentaje que compone aproximadamente dos tercios de la energía total del animal. Según los cálculos de Nofima, reducir moderadamente este nivel del 21% al 18% —un rango que sigue estando muy por encima de los niveles naturales del salmón salvaje— reduciría la energía total del pez en un 10%.
Bajo escenarios prudentes (un precio del alimento de 15 coronas por kilo, un consumo sectorial de 1,5 millones de toneladas de alimento y un FCR inicial de 1,05), este ajuste en la composición corporal se traduciría en un ahorro anual estimado en 1.100 millones de coronas, impulsado por una disminución directa en el consumo de alimento por parte de los productores.
Sólida base experimental: Genética y nutrición de la mano
Para llegar a estas conclusiones, el estudio analizó un grupo de 70 lotes experimentales compuestos por 35 familias de salmónprovenientes del programa de cría de Mowi Genetics. Los ejemplares, con un peso inicial de 40 gramos, fueron evaluados durante siete semanas en las instalaciones de Nofima en Sunndalsøra.
Mediante un riguroso balance de laboratorio que examinó el alimento, los tejidos de los peces y las heces, los investigadores cuantificaron el destino exacto de la energía y las proteínas. Los resultados demostraron que:
Alrededor de la mitad de la ingesta de energía y proteínas se almacena en el pez, mientras que el resto se disipa en forma de calor, heces y excreción de nitrógeno.
Las familias de salmón exhiben diferencias marcadas en su capacidad para aprovechar el alimento, y dichas diferencias poseen un componente de heredabilidad moderada.
Es posible realizar una selección genética enfocada en obtener menor grasa corporal sin castigar las tasas de crecimiento, logrando que cerca de la mitad de dicha reducción de grasa se manifieste directamente como una menor ingesta de alimento.
Implicancias prácticas para la industria y la genética
Para las empresas salmonicultoras y los programas de mejora genética, el desafío inmediato radica en trasladar estos indicadores al trabajo rutinario. Medir la ingesta de alimento en peces individuales de forma directa ha sido históricamente complejo y costoso; sin embargo, este estudio abre la puerta al uso de marcadores y estimaciones prácticas de la grasa corporal en animales vivos.
Desde la perspectiva de Mowi, Matt Baranski destaca el valor estratégico de estos avances: «La selección para un alto crecimiento a lo largo de muchas generaciones ha proporcionado una mejora indirecta significativa en la utilización del alimento, pero llevamos tiempo buscando formas prácticas de seleccionar de manera más directa para esta característica», señala, añadiendo que los resultados abren un camino prometedor para optimizar los recursos marinos de los que depende la acuicultura global.
Por su parte, las empresas de nutrición y alimentos balanceados obtienen información crucial para rediseñar sus formulaciones, adaptándolas a perfiles genéticos cada vez más eficientes.
Seguridad alimentaria y próximos pasos
Más allá del impacto financiero a nivel de empresa, el estudio —desarrollado en el marco del proyecto europeo NewTechAqua (programa Horizonte 2020) con la colaboración de NMBU y Mowi— aporta una dimensión macroeconómica vinculada a la soberanía alimentaria. Anna Sonesson, jefa del departamento de cría y genética de Nofima y autora principal, subraya que disminuir la dependencia de insumos de alimentos importados fortalece la preparación productiva de Noruega (matberedskap).
No obstante, los prometedores resultados, los investigadores recalcan que el estudio se ha validado bajo condiciones controladas en peces de agua dulce y fase temprana. El siguiente paso ineludible para la industria será escalar la investigación hacia ejemplares de mayor tamaño en ambientes marinos reales, así como perfeccionar los métodos de medición de grasa en reproductores vivos antes de masificar su aplicación comercial a gran escala.