Innovasea destaca el monitoreo por profundidad como una herramienta clave para la acuicultura en mar abierto
Innovasea advierte que los registros obtenidos en la superficie no siempre representan las condiciones que enfrentan los peces dentro de las jaulas. Diferencias de temperatura y oxígeno a lo largo de la columna de agua pueden influir en la alimentación, el manejo y el bienestar.
Las condiciones ambientales de una jaula de cultivo pueden cambiar significativamente entre la superficie y las zonas más profundas. Por ello, limitar el monitoreo a un solo punto puede entregar una visión incompleta del entorno en el que realmente se encuentran los peces.
Esta es una de las principales conclusiones planteadas por Innovasea, que recientemente analizó distintas experiencias de monitoreo ambiental en centros de cultivo en mar abierto. La compañía sostiene que medir parámetros como temperatura y oxígeno disuelto en diferentes profundidades permite comprender mejor las variaciones dentro de una misma jaula y tomar decisiones operacionales basadas en información más representativa.
El desafío adquiere mayor relevancia en sistemas sumergibles, donde los peces pueden permanecer varios metros por debajo de la superficie y, por lo tanto, estar expuestos a condiciones muy diferentes de las registradas en los primeros metros de la columna de agua.
Diferencias de temperatura dentro de una misma jaula
Uno de los casos presentados corresponde a un centro ubicado en el mar Rojo, donde se compararon registros superficiales con sensores instalados aproximadamente a 13,7 y 22,9 metros de profundidad.
Durante los periodos de mayor temperatura, el agua superficial presentó aumentos rápidos y fluctuaciones más marcadas. En cambio, las condiciones dentro de la jaula cambiaron de manera gradual y permanecieron relativamente estables.
Los resultados mostraron el efecto amortiguador de la profundidad frente a eventos de calor en la superficie. En la práctica, esto significa que un incremento térmico superficial no necesariamente se traduce de inmediato en una exposición equivalente para los peces.
Sin embargo, la presencia de una termoclina (una capa donde la temperatura cambia rápidamente con la profundidad) también puede restringir la distribución vertical de los ejemplares e influir en su comportamiento, apetito y sensibilidad al estrés. Contar con datos en tiempo real permite ajustar la alimentación, la intensidad de los manejos y la planificación de las operaciones según las condiciones existentes en el lugar donde se concentra la biomasa.
Innovasea también observó que, durante el otoño, la diferencia entre la superficie y el interior de la jaula disminuyó. Esta convergencia fue asociada a una mayor mezcla vertical y a condiciones térmicas más homogéneas.
Oxígeno disuelto para evaluar la limpieza de redes
El monitoreo por profundidad también puede utilizarse para comprobar el efecto de determinadas intervenciones operacionales. En otro de los casos analizados, los sensores registraron el oxígeno disuelto antes y después de la limpieza de redes que presentaban una acumulación visible de bioincrustación o biofouling.
Antes de la limpieza, los niveles de oxígeno dentro de la jaula mostraban una mayor variabilidad y una tendencia descendente, consistente con una reducción del intercambio de agua provocada por la obstrucción de las redes.
Después del procedimiento, los valores mejoraron, se estabilizaron y se aproximaron a las condiciones registradas en la superficie. De esta manera, los sensores no solo permitieron detectar el problema, sino también comprobar que la intervención produjo el efecto esperado.
Esta información puede ayudar a definir con mayor precisión cuándo realizar la limpieza, verificar su efectividad y determinar si existen condiciones adecuadas para mantener la alimentación sin aumentar el riesgo de estrés asociado a una baja disponibilidad de oxígeno.
Un equipo prepara la instalación de un sensor aquaMeasure para registrar parámetros ambientales en distintas profundidades de las jaulas de cultivo. Foto: Innovasea.
Estudios advierten variaciones que los sensores aislados pueden omitir
La importancia de observar las diferencias dentro de un centro también fue abordada por una investigación publicada en abril de 2026 en Frontiers in Aquaculture. El estudio combinó mediciones ambientales, información productiva y modelos matemáticos en tres centros comerciales de salmón Atlántico.
Los investigadores identificaron variaciones relevantes de oxígeno disuelto entre jaulas. Además, el modelo estimó limitaciones productivas hasta 65 puntos porcentuales mayores que las sugeridas por las mediciones puntuales realizadas en terreno.
Entre julio y octubre, las simulaciones indicaron que los tres centros permanecieron bajo el nivel de oxígeno asociado al máximo consumo de alimento durante entre el 62 % y el 80 % del tiempo. Los autores precisaron que la temperatura, las corrientes y la estratificación fueron los principales factores explicativos, mientras que la posición de las jaulas, la biomasa y la cantidad de alimento también tuvieron incidencia.
Otro estudio desarrollado durante una ola de calor en Terranova utilizó dispositivos instalados en salmones Atlántico para registrar simultáneamente profundidad, temperatura, actividad y frecuencia cardiaca. Cuando el agua superficial alcanzó entre 18 y 19,5 °C, los peces tendieron a desplazarse hacia sectores más profundos, donde encontraron condiciones térmicas diferentes.
Estos antecedentes respaldan la necesidad de relacionar las mediciones ambientales con la profundidad ocupada por los peces, ya que un sensor alejado de la biomasa puede no representar adecuadamente su exposición.
Más que aumentar indiscriminadamente la cantidad de equipos, el desafío consiste en definir estratégicamente su ubicación y combinar información de temperatura, oxígeno, corrientes, alimentación y comportamiento. En centros expuestos a estratificación o cambios ambientales rápidos, conocer el perfil completo de la columna de agua puede transformar el monitoreo en una herramienta directa para anticipar riesgos y fortalecer el bienestar de los peces.
Las condiciones ambientales de una jaula de cultivo pueden cambiar significativamente entre la superficie y las zonas más profundas. Por ello, limitar el monitoreo a un solo punto puede entregar una visión incompleta del entorno en el que realmente se encuentran los peces.
Esta es una de las principales conclusiones planteadas por Innovasea, que recientemente analizó distintas experiencias de monitoreo ambiental en centros de cultivo en mar abierto. La compañía sostiene que medir parámetros como temperatura y oxígeno disuelto en diferentes profundidades permite comprender mejor las variaciones dentro de una misma jaula y tomar decisiones operacionales basadas en información más representativa.
El desafío adquiere mayor relevancia en sistemas sumergibles, donde los peces pueden permanecer varios metros por debajo de la superficie y, por lo tanto, estar expuestos a condiciones muy diferentes de las registradas en los primeros metros de la columna de agua.
Diferencias de temperatura dentro de una misma jaula
Uno de los casos presentados corresponde a un centro ubicado en el mar Rojo, donde se compararon registros superficiales con sensores instalados aproximadamente a 13,7 y 22,9 metros de profundidad.
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Durante los periodos de mayor temperatura, el agua superficial presentó aumentos rápidos y fluctuaciones más marcadas. En cambio, las condiciones dentro de la jaula cambiaron de manera gradual y permanecieron relativamente estables.
Los resultados mostraron el efecto amortiguador de la profundidad frente a eventos de calor en la superficie. En la práctica, esto significa que un incremento térmico superficial no necesariamente se traduce de inmediato en una exposición equivalente para los peces.
Sin embargo, la presencia de una termoclina (una capa donde la temperatura cambia rápidamente con la profundidad) también puede restringir la distribución vertical de los ejemplares e influir en su comportamiento, apetito y sensibilidad al estrés. Contar con datos en tiempo real permite ajustar la alimentación, la intensidad de los manejos y la planificación de las operaciones según las condiciones existentes en el lugar donde se concentra la biomasa.
Innovasea también observó que, durante el otoño, la diferencia entre la superficie y el interior de la jaula disminuyó. Esta convergencia fue asociada a una mayor mezcla vertical y a condiciones térmicas más homogéneas.
Oxígeno disuelto para evaluar la limpieza de redes
El monitoreo por profundidad también puede utilizarse para comprobar el efecto de determinadas intervenciones operacionales. En otro de los casos analizados, los sensores registraron el oxígeno disuelto antes y después de la limpieza de redes que presentaban una acumulación visible de bioincrustación o biofouling.
Antes de la limpieza, los niveles de oxígeno dentro de la jaula mostraban una mayor variabilidad y una tendencia descendente, consistente con una reducción del intercambio de agua provocada por la obstrucción de las redes.
Después del procedimiento, los valores mejoraron, se estabilizaron y se aproximaron a las condiciones registradas en la superficie. De esta manera, los sensores no solo permitieron detectar el problema, sino también comprobar que la intervención produjo el efecto esperado.
Esta información puede ayudar a definir con mayor precisión cuándo realizar la limpieza, verificar su efectividad y determinar si existen condiciones adecuadas para mantener la alimentación sin aumentar el riesgo de estrés asociado a una baja disponibilidad de oxígeno.
Un equipo prepara la instalación de un sensor aquaMeasure para registrar parámetros ambientales en distintas profundidades de las jaulas de cultivo. Foto: Innovasea.
Estudios advierten variaciones que los sensores aislados pueden omitir
La importancia de observar las diferencias dentro de un centro también fue abordada por una investigación publicada en abril de 2026 en Frontiers in Aquaculture. El estudio combinó mediciones ambientales, información productiva y modelos matemáticos en tres centros comerciales de salmón Atlántico.
Los investigadores identificaron variaciones relevantes de oxígeno disuelto entre jaulas. Además, el modelo estimó limitaciones productivas hasta 65 puntos porcentuales mayores que las sugeridas por las mediciones puntuales realizadas en terreno.
Entre julio y octubre, las simulaciones indicaron que los tres centros permanecieron bajo el nivel de oxígeno asociado al máximo consumo de alimento durante entre el 62 % y el 80 % del tiempo. Los autores precisaron que la temperatura, las corrientes y la estratificación fueron los principales factores explicativos, mientras que la posición de las jaulas, la biomasa y la cantidad de alimento también tuvieron incidencia.
Otro estudio desarrollado durante una ola de calor en Terranova utilizó dispositivos instalados en salmones Atlántico para registrar simultáneamente profundidad, temperatura, actividad y frecuencia cardiaca. Cuando el agua superficial alcanzó entre 18 y 19,5 °C, los peces tendieron a desplazarse hacia sectores más profundos, donde encontraron condiciones térmicas diferentes.
Estos antecedentes respaldan la necesidad de relacionar las mediciones ambientales con la profundidad ocupada por los peces, ya que un sensor alejado de la biomasa puede no representar adecuadamente su exposición.
Más que aumentar indiscriminadamente la cantidad de equipos, el desafío consiste en definir estratégicamente su ubicación y combinar información de temperatura, oxígeno, corrientes, alimentación y comportamiento. En centros expuestos a estratificación o cambios ambientales rápidos, conocer el perfil completo de la columna de agua puede transformar el monitoreo en una herramienta directa para anticipar riesgos y fortalecer el bienestar de los peces.