El impacto de El Niño sobre una salmonera no necesariamente comienza en sus centros de cultivo. También puede originarse a miles de kilómetros, cuando las condiciones del océano alteran la pesca de anchoveta en Perú y reducen la disponibilidad de harina y aceite de pescado para elaborar alimento. Esa exposición, sumada a los posibles cambios ambientales en las zonas de engorda, pone al fenómeno climático en la agenda financiera de la industria.
En un análisis publicado el 18 de septiembre, la red de inversionistas FAIRR plantea que la pregunta decisiva ya no es solo qué intensidad alcanzará El Niño, sino si las empresas están convirtiendo los pronósticos en medidas de abastecimiento y gestión de riesgos antes de registrar pérdidas. La Organización Meteorológica Mundial prevé que el evento se fortalezca hacia fines de 2026 y persista hasta comienzos de 2027. También advierte que su intensidad no permite anticipar, por sí sola, lo que ocurrirá en cada región.
El riesgo ya se observa en los ingredientes
Una señal concreta aparece en la cadena de suministro. Según IFFO, durante los primeros siete meses de 2026 la producción acumulada de harina de pescado fue un 49% menor que en igual período de 2025; la de aceite cayó 30%. La organización identifica a Perú y Chile como los principales responsables del déficit observado, aunque señala que la producción de otras regiones durante el último trimestre podría compensar parte de la baja. Una menor oferta de ingredientes no se traduce automáticamente en el mismo aumento de costo para todas las dietas, pero sí obliga a seguir de cerca proveedores, formulaciones y precios.
En el mar, la vigilancia tiene otra escala: cada zona de cultivo responde a condiciones oceanográficas propias. Sernapesca considera entre los posibles efectos de El Niño cambios de temperatura, alteraciones de recursos pesqueros y, eventualmente, un mayor riesgo de floraciones algales nocivas. Se trata de riesgos que requieren monitoreo local; un pronóstico para el Pacífico tropical no equivale a anunciar una floración o una mortalidad en un centro específico.
Una pérdida real, con una causa que exige precisión
FAIRR recurre al caso de Salmones Camanchaca en 2021 para ilustrar el costo de una contingencia ambiental. La memoria de la compañía documenta US$14,8 millones en costos directos asociados a mortalidades extraordinarias por floraciones algales y una cosecha de salmón Atlántico 24,3% inferior a la de 2020. Sin embargo, hay una distinción necesaria: FAIRR vincula ese episodio con El Niño, mientras que los registros de NOAA indican que durante gran parte de 2021 predominó La Niña. Las pérdidas por floraciones están documentadas; atribuir aquel episodio concreto a El Niño no está respaldado por esos antecedentes.
La advertencia financiera sigue siendo pertinente. FAIRR propone que las compañías identifiquen dónde concentran sus proveedores e instalaciones, calculen cómo una interrupción afectaría volúmenes, costos y márgenes, y expliquen qué decisiones están tomando para reducir esa exposición. Para la salmonicultura, el examen abarca dos preguntas simultáneas: qué ocurre en el agua donde crecen los peces y cuán asegurado está el suministro de los ingredientes con que se alimentan.



















