Cuando se habla de economía circular, la sangre de salmón aparece como el único componente de la biomasa que terminaba descartándose casi en su totalidad. Sin embargo, hoy la la hemoglobina y las proteínas plasmáticas presentes en el fluido vital del pez se están convirtiendo en la materia prima de una nueva generación de suplementos alimenticios y productos nutracéuticos.
Alta bioasimilación y cero efectos adversos
El principal activo de esta innovación es el tipo de hierro que posee el salmón, el hierro hemo. A diferencia de las sales de hierro tradicionales derivadas de plantas o síntesis químicas (que el organismo absorbe de manera ineficiente y que causan molestias gastrointestinales en gran parte de los usuarios), el hierro hemo marino sigue una vía de transporte biológico natural en el cuerpo humano, permitiendo que el cuerpo lo absorba entre dos a tres veces más rápido y en menores dosis, garantizando que no queden residuos libres que alteren la microbiota digestiva.
Más allá del aporte mineral para combatir la anemia global, la hidrólisis enzimática (proceso biotecnológico que «corta» las proteínas de la sangre mediante enzimas para obtener péptidos bioactivos) ha demostrado liberar componentes con capacidad antioxidante, antiinflamatoria, y reguladora de la presión arterial y de glucosa.
En esta línea, este suplemento abre oportunidades para aplicaciones en nutrición deportiva y el cuidado de salud femenina (FemTech) hasta la formulación de insumos médicos para la cicatrización de heridas.
Lerøy y su división «100% Fish»: Cero desperdicio
El principal impulsor de esta iniciativa (quien ya comercializa estos suplementos) ha sido la gigante salmonera Lerøy, quien creó la unidad de innovación «100% Fish«, liderada por Mats Trones, con la meta de aprovechar comercialmente el 100% de la biomasa del salmón y cerrar la brecha del último 6% de materia prima que históricamente se perdía en el desangrado.
Tras años de investigación, Lerøy cerró alianzas con centros científicos como Nofima para desarrollar y comercializar SalmoFer, el primer suplemento de hierro hemo de origen marino del mundo. Este bioproducto, se obtiene mediante un proceso selectivo y limpio. Para obtener el producto, se requiere cerca de 1000kg de materia prima para extraer 1kg de concentrado, sin recurrir a aditivos químicos ni alterar la estructura natural de la hemoglobina.
La efectividad de esta aplicación cuenta con un sólido respaldo clínico. Ensayos realizados en mujeres premenopáusicas diagnosticadas con deficiencia de hierro, demostraron que una dosis diaria baja de SalmoFer, elevó en un 25% el hierro en suero en solo 24 horas y aumentó la ferritina total hasta un 130%, todo esto con un 0% de eventos adversos digestivos.

Contar con estatus regulatorio aprobado como GRAS en Estados Unidos y Non-Novel Food en la Unión Europea, le ha permitido a Lerøy escalar este producto globalmente, concretando alianzas en América, Europa y Asia.
Impulso asiático, RAS y futuro
La revaloración de la sangre del salmón también aplica para los sistemas RAS. En la prefectura japonesa Shizouka, un consorcio público-privado integrado por institutos tecnológicos, la Universidad de Shizouka y Proximar SeaFood, inició un proyecto enfocado en transformar el agua de desangrado de salmones cultivados en tanques cerrados en suplementos de bienestar.

Este modelo no solo ayuda a rentabilizar la alta inversión inicial de las plantas RAS al aprovechar al pez, sino que también satisface la demanda de consumidores que buscan alternativas al hierro de origen porcino o bovino por motivos religiosos o culturales, abriendo las puertas al mercado certificado Halal y Kosher.
Al cerrar el ciclo de uso de la biomasa, la industria salmonera no solo responde a las exigencias globales de economía circular y desperdicio cero, sino que también se posiciona como un actor clave en la nutrición humana del futuro, demostrando que en el salmón absolutamente nada se pierde.



















