Expertos llaman a reforzar el monitoreo antes de escalar la remoción de carbono marino en Chile
El taller organizado por CINCO Chile, el Centro i~mar y COPAS Coastal reunió en Puerto Montt a especialistas nacionales e internacionales, quienes analizaron el aumento de la alcalinidad oceánica, las brechas de información sobre la costa chilena y el potencial de las macroalgas frente al cambio climático.
El viernes 14 de agosto, especialistas nacionales e internacionales participaron en el taller científico “Aplicaciones climáticas en océanos y mitigación del cambio climático”, realizado en el Centro i~mar de la Universidad de Los Lagos, en Puerto Montt.
La actividad abordó distintas alternativas para enfrentar el cambio climático desde el océano, entre ellas la remoción marina de dióxido de carbono, el aumento de la alcalinidad oceánica y el cultivo de macroalgas. Las presentaciones también advirtieron que Chile necesita fortalecer el monitoreo, la investigación local y la evaluación de los efectos ambientales antes de avanzar hacia intervenciones de mayor escala.
Un piloto de alcalinidad oceánica para Puerto Montt
Emanuele Di Lorenzo, profesor de la Universidad de Brown y cofundador de Ocean Visions, abrió las presentaciones con una revisión de la remoción marina de dióxido de carbono (mCDR). El investigador explicó que el aumento de la alcalinidad oceánica busca incrementar la capacidad del mar para absorber y almacenar CO₂ mediante la incorporación de materiales alcalinos.
Di Lorenzo presentó una propuesta que aprovecharía la infraestructura de tratamiento de aguas de Puerto Montt. El proyecto contempla procesar residuos de conchas de mejillón para obtener un material alcalino fino, incorporarlo al agua tratada y liberarlo mediante emisarios existentes. Una estimación preliminar situó el potencial de la instalación en alrededor de 3.000 toneladas anuales de remoción, aunque el especialista advirtió que el cálculo todavía presenta amplios márgenes de incertidumbre.
El investigador identificó tres prioridades: determinar cuánto carbono retira efectivamente el proceso, desarrollar sistemas de medición y verificación, y evaluar los posibles efectos sobre los ecosistemas marinos. También sostuvo que el proyecto podría posicionar a Chile como referente internacional, ya que la mayoría de estos experimentos se ha concentrado en el hemisferio norte.
Adam Subhas, investigador de Woods Hole Oceanographic Institution y responsable del proyecto LOC-NESS, complementó la presentación con un experimento realizado en el Golfo de Maine. El ensayo monitoreó durante cuatro días la dispersión de una solución alcalina y sus efectos ambientales. Subhas indicó que los resultados no mostraron impactos significativos dentro de los límites de pH establecidos, pero recomendó efectuar pruebas con especies locales. Además, recalcó que estas tecnologías deben complementar, y no sustituir, la reducción de emisiones.
Chile necesita observar y predecir mejor su océano
Camila Fernández, investigadora de COPAS Coastal e integrante del Comité Científico Asesor para el Cambio Climático, centró su presentación en las brechas de observación oceánica que enfrenta Chile. Explicó que la surgencia costera, las olas de calor marinas, El Niño y el cambio climático actúan en escalas diferentes y modifican la productividad, la temperatura, el oxígeno y la capacidad natural del océano para absorber carbono.
Aunque Chile posee cerca de 5.000 kilómetros de costa, todavía mantiene amplias zonas sin monitoreo continuo y menos de la mitad de las boyas disponibles transmite información en tiempo real. Esta falta de datos dificulta anticipar cambios y entregar información oportuna a la pesca, la acuicultura, los puertos y las comunidades costeras.
Fernández destacó el trabajo de COPAS Coastal para avanzar hacia una oceanografía operacional que permita observar, monitorear y predecir las condiciones marinas. “Nos falta observar, nos falta monitorear, poder predecir y nos falta investigación a escala local”, afirmó. La iniciativa busca transformar el conocimiento científico en herramientas concretas para distintos usuarios y promover el dato oceanográfico como patrimonio de la humanidad.
La investigadora también advirtió que una tecnología aplicada en California o China no necesariamente entregará los mismos resultados en Puerto Montt o la Patagonia. Por ello, propuso fortalecer un sistema integrado de observación oceánica, conservar los ecosistemas que capturan carbono naturalmente e incorporar al sector privado, las comunidades y los pueblos originarios en la discusión.
Camila Fernández, directora de COPAS Coastal, abordó las brechas de observación y predicción que enfrenta Chile ante los cambios del océano. Foto: InfoSALMON
Las aguas con bajo oxígeno avanzan hacia la Patagonia
Iván Pérez-Santos, investigador del Centro i~mar, explicó las condiciones oceanográficas del litoral chileno y advirtió sobre la complejidad de intervenir un sistema donde actúan simultáneamente vientos, corrientes y otros procesos. Entre ellos destacó la surgencia costera, que lleva hacia la superficie aguas frías, ricas en nutrientes y con poco oxígeno, y el hundimiento costero, que empuja las aguas superficiales hacia zonas más profundas.
El especialista señaló que el cambio climático intensifica los vientos del oeste, los ríos atmosféricos y otros eventos que afectan especialmente al sur austral. Estas variaciones pueden modificar la dirección de las plumas, el transporte de partículas y el destino de cualquier sustancia incorporada al océano.
Pérez-Santos también abordó el avance hacia el sur del agua ecuatorial subsuperficial, transportada por la corriente Perú-Chile. Esta masa presenta altas concentraciones de nutrientes y salinidad, pero niveles muy bajos de oxígeno. Durante el crucero CIMAR 29, realizado en febrero de 2024, los investigadores detectaron estas aguas en el cañón submarino de Cucao, con una extensión de hasta 100 kilómetros mar adentro y una cercanía de aproximadamente 50 metros respecto de la superficie.
Los resultados abren nuevas preguntas sobre la influencia de las aguas hipóxicas en la Patagonia. “Hoy tenemos una comunidad científica y capital humano para seguir estudiando esto”, sostuvo Pérez-Santos. Sin embargo, advirtió que Chile necesita mediciones permanentes, más embarcaciones de investigación e instrumentos que permanezcan en el océano durante períodos prolongados.
Iván Pérez-Santos, investigador del Centro i~mar, explicó cómo los vientos y las corrientes influyen sobre las condiciones oceanográficas de la costa chilena. Foto: InfoSALMON
Las macroalgas ofrecen más beneficios que la captura de carbono
El profesor Dr. Alejandro Buschmann, investigador del Centro i~mar de la Universidad de Los Lagos, cerró el bloque con una revisión crítica del cultivo masivo de macroalgas. Explicó que estas especies pueden absorber carbono, mitigar localmente la acidificación y aportar servicios relacionados con la alimentación, la medicina y la producción de fibras. Sin embargo, advirtió que la literatura científica suele destacar los beneficios y prestar menos atención a sus limitaciones.
Estudios desarrollados en China muestran que los cultivos masivos pueden reducir la acidificación costera, pero sus efectos desaparecen a distancias de entre 100 metros y dos kilómetros. “El efecto es muy local”, puntualizó Buschmann.
Profesor Alejandro Buschmann. Foto: InfoSALMON
Además, señaló que trasladar estos cultivos a grandes zonas oceánicas resulta complejo debido a la falta de nutrientes, las temperaturas inadecuadas y los riesgos asociados a la fertilización, las enfermedades y las interacciones con otras especies.
El investigador también planteó dudas sobre el destino del carbono capturado, ya que las macroalgas poseen ciclos de vida cortos y gran parte de su biomasa vuelve rápidamente al ciclo del carbono. “Tenemos muy poca idea de cuánto realmente podemos estar secuestrando carbono”, afirmó. Por ello, llamó a realizar análisis de ciclo de vida que consideren las emisiones generadas por las estructuras, las embarcaciones, la cosecha y el procesamiento.
Buschmann propuso ampliar la discusión hacia otros servicios ecosistémicos. Como ejemplo, mencionó cultivos de algas rojas en China que retiraron entre un 40% y un 50% del amonio, nitrato y fósforo presentes en el agua. A su juicio, la remoción de nutrientes y la acuicultura integrada pueden aportar beneficios ambientales, sociales y económicos más concretos que un enfoque centrado únicamente en el carbono. En ese sentido, las presentaciones coincidieron en que Chile necesita evidencia local, monitoreo permanente y evaluaciones rigurosas antes de intervenir sus ecosistemas a gran escala.
El viernes 14 de agosto, especialistas nacionales e internacionales participaron en el taller científico “Aplicaciones climáticas en océanos y mitigación del cambio climático”, realizado en el Centro i~mar de la Universidad de Los Lagos, en Puerto Montt.
La actividad abordó distintas alternativas para enfrentar el cambio climático desde el océano, entre ellas la remoción marina de dióxido de carbono, el aumento de la alcalinidad oceánica y el cultivo de macroalgas. Las presentaciones también advirtieron que Chile necesita fortalecer el monitoreo, la investigación local y la evaluación de los efectos ambientales antes de avanzar hacia intervenciones de mayor escala.
Un piloto de alcalinidad oceánica para Puerto Montt
Emanuele Di Lorenzo, profesor de la Universidad de Brown y cofundador de Ocean Visions, abrió las presentaciones con una revisión de la remoción marina de dióxido de carbono (mCDR). El investigador explicó que el aumento de la alcalinidad oceánica busca incrementar la capacidad del mar para absorber y almacenar CO₂ mediante la incorporación de materiales alcalinos.
Di Lorenzo presentó una propuesta que aprovecharía la infraestructura de tratamiento de aguas de Puerto Montt. El proyecto contempla procesar residuos de conchas de mejillón para obtener un material alcalino fino, incorporarlo al agua tratada y liberarlo mediante emisarios existentes. Una estimación preliminar situó el potencial de la instalación en alrededor de 3.000 toneladas anuales de remoción, aunque el especialista advirtió que el cálculo todavía presenta amplios márgenes de incertidumbre.
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El investigador identificó tres prioridades: determinar cuánto carbono retira efectivamente el proceso, desarrollar sistemas de medición y verificación, y evaluar los posibles efectos sobre los ecosistemas marinos. También sostuvo que el proyecto podría posicionar a Chile como referente internacional, ya que la mayoría de estos experimentos se ha concentrado en el hemisferio norte.
Adam Subhas, investigador de Woods Hole Oceanographic Institution y responsable del proyecto LOC-NESS, complementó la presentación con un experimento realizado en el Golfo de Maine. El ensayo monitoreó durante cuatro días la dispersión de una solución alcalina y sus efectos ambientales. Subhas indicó que los resultados no mostraron impactos significativos dentro de los límites de pH establecidos, pero recomendó efectuar pruebas con especies locales. Además, recalcó que estas tecnologías deben complementar, y no sustituir, la reducción de emisiones.
Chile necesita observar y predecir mejor su océano
Camila Fernández, investigadora de COPAS Coastal e integrante del Comité Científico Asesor para el Cambio Climático, centró su presentación en las brechas de observación oceánica que enfrenta Chile. Explicó que la surgencia costera, las olas de calor marinas, El Niño y el cambio climático actúan en escalas diferentes y modifican la productividad, la temperatura, el oxígeno y la capacidad natural del océano para absorber carbono.
Aunque Chile posee cerca de 5.000 kilómetros de costa, todavía mantiene amplias zonas sin monitoreo continuo y menos de la mitad de las boyas disponibles transmite información en tiempo real. Esta falta de datos dificulta anticipar cambios y entregar información oportuna a la pesca, la acuicultura, los puertos y las comunidades costeras.
Fernández destacó el trabajo de COPAS Coastal para avanzar hacia una oceanografía operacional que permita observar, monitorear y predecir las condiciones marinas. “Nos falta observar, nos falta monitorear, poder predecir y nos falta investigación a escala local”, afirmó. La iniciativa busca transformar el conocimiento científico en herramientas concretas para distintos usuarios y promover el dato oceanográfico como patrimonio de la humanidad.
La investigadora también advirtió que una tecnología aplicada en California o China no necesariamente entregará los mismos resultados en Puerto Montt o la Patagonia. Por ello, propuso fortalecer un sistema integrado de observación oceánica, conservar los ecosistemas que capturan carbono naturalmente e incorporar al sector privado, las comunidades y los pueblos originarios en la discusión.
Camila Fernández, directora de COPAS Coastal, abordó las brechas de observación y predicción que enfrenta Chile ante los cambios del océano. Foto: InfoSALMON
Las aguas con bajo oxígeno avanzan hacia la Patagonia
Iván Pérez-Santos, investigador del Centro i~mar, explicó las condiciones oceanográficas del litoral chileno y advirtió sobre la complejidad de intervenir un sistema donde actúan simultáneamente vientos, corrientes y otros procesos. Entre ellos destacó la surgencia costera, que lleva hacia la superficie aguas frías, ricas en nutrientes y con poco oxígeno, y el hundimiento costero, que empuja las aguas superficiales hacia zonas más profundas.
El especialista señaló que el cambio climático intensifica los vientos del oeste, los ríos atmosféricos y otros eventos que afectan especialmente al sur austral. Estas variaciones pueden modificar la dirección de las plumas, el transporte de partículas y el destino de cualquier sustancia incorporada al océano.
Pérez-Santos también abordó el avance hacia el sur del agua ecuatorial subsuperficial, transportada por la corriente Perú-Chile. Esta masa presenta altas concentraciones de nutrientes y salinidad, pero niveles muy bajos de oxígeno. Durante el crucero CIMAR 29, realizado en febrero de 2024, los investigadores detectaron estas aguas en el cañón submarino de Cucao, con una extensión de hasta 100 kilómetros mar adentro y una cercanía de aproximadamente 50 metros respecto de la superficie.
Los resultados abren nuevas preguntas sobre la influencia de las aguas hipóxicas en la Patagonia. “Hoy tenemos una comunidad científica y capital humano para seguir estudiando esto”, sostuvo Pérez-Santos. Sin embargo, advirtió que Chile necesita mediciones permanentes, más embarcaciones de investigación e instrumentos que permanezcan en el océano durante períodos prolongados.
Iván Pérez-Santos, investigador del Centro i~mar, explicó cómo los vientos y las corrientes influyen sobre las condiciones oceanográficas de la costa chilena. Foto: InfoSALMON
Las macroalgas ofrecen más beneficios que la captura de carbono
El profesor Dr. Alejandro Buschmann, investigador del Centro i~mar de la Universidad de Los Lagos, cerró el bloque con una revisión crítica del cultivo masivo de macroalgas. Explicó que estas especies pueden absorber carbono, mitigar localmente la acidificación y aportar servicios relacionados con la alimentación, la medicina y la producción de fibras. Sin embargo, advirtió que la literatura científica suele destacar los beneficios y prestar menos atención a sus limitaciones.
Estudios desarrollados en China muestran que los cultivos masivos pueden reducir la acidificación costera, pero sus efectos desaparecen a distancias de entre 100 metros y dos kilómetros. “El efecto es muy local”, puntualizó Buschmann.
Profesor Alejandro Buschmann. Foto: InfoSALMON
Además, señaló que trasladar estos cultivos a grandes zonas oceánicas resulta complejo debido a la falta de nutrientes, las temperaturas inadecuadas y los riesgos asociados a la fertilización, las enfermedades y las interacciones con otras especies.
El investigador también planteó dudas sobre el destino del carbono capturado, ya que las macroalgas poseen ciclos de vida cortos y gran parte de su biomasa vuelve rápidamente al ciclo del carbono. “Tenemos muy poca idea de cuánto realmente podemos estar secuestrando carbono”, afirmó. Por ello, llamó a realizar análisis de ciclo de vida que consideren las emisiones generadas por las estructuras, las embarcaciones, la cosecha y el procesamiento.
Buschmann propuso ampliar la discusión hacia otros servicios ecosistémicos. Como ejemplo, mencionó cultivos de algas rojas en China que retiraron entre un 40% y un 50% del amonio, nitrato y fósforo presentes en el agua. A su juicio, la remoción de nutrientes y la acuicultura integrada pueden aportar beneficios ambientales, sociales y económicos más concretos que un enfoque centrado únicamente en el carbono. En ese sentido, las presentaciones coincidieron en que Chile necesita evidencia local, monitoreo permanente y evaluaciones rigurosas antes de intervenir sus ecosistemas a gran escala.