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El salmón que EE.UU. podría estar dejando escapar: ¿cuánto valor económico está en juego?

La salmonicultura estadounidense genera hoy US$394 millones y sostiene más de 2.200 empleos. Un nuevo estudio desarrollado por Texas A&M University, Engle-Stone AquaticS LLC, Mississippi State University, VA Seafood AREC, University of Kansas, Aquaculture Results LLC y USDA-APHIS advierte que una combinación de regulación, restricciones al acceso al agua y competencia importada está limitando su expansión.

Por Jocelyn Vargas
26 de agosto, 2026 - 17:22 hrs.
Imagen generada con IA.

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La salmonicultura y la truchicultura estadounidense tienen un problema que va mucho más allá de la producción de peces: la capacidad de transformar demanda interna en actividad económica doméstica está limitada por las barreras que enfrenta la producción local. Esa es una de las principales conclusiones del nuevo estudio publicado en Journal of the World Aquaculture Society, que por primera vez cuantifica la contribución económica de los centros de cultivo comerciales de salmónidos en Estados Unidos. La investigación de Shraddha Hegde, Carole R. Engle y otros autores estima que el sector aportó US$394,3 millones a la economía estadounidense durante 2023, considerando efectos directos, indirectos e inducidos. El dato adquiere especial relevancia para la industria salmonera internacional porque Estados Unidos es uno de los principales mercados consumidores de salmón y depende ampliamente de las importaciones para abastecer su demanda. El estudio señala que el salmón es el segundo producto del mar más consumido en el país y que la mayor parte del suministro procede del exterior. Un sector pequeño, pero con un efecto económico mucho mayor La fotografía económica de la salmonicultura estadounidense muestra que el valor generado en las granjas es solo una parte de la historia. De los US$394,3 millones de contribución económica calculada para 2023, US$206,7 millones correspondieron al efecto directo, mientras que otros US$113,4 millones fueron generados indirectamente a través de proveedores y US$74,2 millones mediante el efecto inducido del gasto de los trabajadores y sus hogares. El resultado es un multiplicador económico de 1,91. En términos simples, por cada dólar generado por las granjas de salmónidos, se movilizaron otros US$0,91 en actividad económica adicional. El impacto laboral también es significativo: el sector sostuvo 2.254 empleos, de los cuales 1.524 fueron puestos directamente asociados a las granjas, 377 estuvieron vinculados a proveedores y 352 correspondieron a empleos inducidos. El ingreso laboral total asociado alcanzó US$138 millones y el valor agregado llegó a US$228 millones. Para una industria que representa el cuarto mayor sector de la acuicultura estadounidense por valor de ventas, la dimensión territorial también resulta relevante. Los centros de cultivo comerciales están presentes en 78% de los estados del país y el estudio estima que sus cadenas de suministro alcanzan al 97% de los sectores económicos donde se encuentran. El verdadero multiplicador está fuera de la jaula o del estanque Uno de los aspectos más interesantes para la industria salmonera es dónde termina el dinero generado por los centros de cultivo. El mayor impacto económico se concentra en sectores como fabricación de alimentos para animales, construcción de infraestructura productiva, crédito, agricultura de granos, seguros y comercio mayorista. La fabricación de alimentos para animales, por sí sola, recibió un impacto económico estimado en US$88,5 millones, mientras que la construcción de estructuras agrícolas alcanzó US$48,5 millones. Esto confirma una característica estructural de la salmonicultura moderna: un centro de cultivo no funciona como una unidad económica aislada. Alimentación, transporte, equipamiento, energía, seguros, servicios financieros, mantenimiento, procesamiento y logística forman parte de una red productiva que amplifica el valor inicial generado por el cultivo. Precisamente por ello, el estudio advierte que su estimación podría incluso quedarse corta. El análisis se concentró en el impacto a nivel de centro de cultivo y no incorporó completamente los efectos económicos de las etapas posteriores, como procesamiento, distribución, supermercados, restaurantes y food service. En otras palabras, los US$394 millones no representan necesariamente el valor económico total de la cadena salmonera estadounidense, sino el efecto asociado al nivel productivo analizado. El dato que debería mirar la industria chilena: Estados Unidos importa millones mientras limita producción local Aquí aparece la dimensión de mercado más interesante del estudio. En 2023, las importaciones estadounidenses de productos de salmón destinados a consumo alcanzaron aproximadamente US$5.400 millones, mientras que las importaciones de trucha llegaron a US$245 millones en 2022 y descendieron a US$221 millones en 2024. El contraste es evidente: mientras el mercado estadounidense mantiene una enorme demanda por salmón, la producción doméstica no ha recuperado los niveles alcanzados en 2013. Los autores atribuyen buena parte de esa evolución a restricciones regulatorias. En particular, recuerdan que Washington prohibió la renovación de concesiones para cultivo comercial en sistemas de redes marinas y posteriormente avanzó hacia una prohibición de la producción comercial de peces de aleta en terrenos acuáticos estatales. El resultado fue que la producción estadounidense de salmón no recuperó los niveles anteriores. Para los productores internacionales, el fenómeno tiene una lectura directa: el espacio que no ocupa la producción estadounidense es abastecido por proveedores externos. Y entre ellos aparecen precisamente algunos de los principales actores globales: Noruega y Chile. El estudio señala que las restricciones a la expansión de los centros de cultivo de trucha estadounidenses probablemente han contribuido a una mayor participación de las importaciones provenientes de Noruega, Chile y Perú. Además, destaca el aumento de los volúmenes de steelhead producidos en centros de cultivo salmoneros noruegos y destinados al mercado estadounidense. El costo regulatorio: US$3,44 por kilo Uno de los resultados más contundentes del estudio está relacionado con los costos regulatorios. Los autores estiman que en 2023 los centros de cultivo estadounidenses enfrentaron US$20,4 millones en costos regulatorios directos, además de US$15,7 millones en ingresos perdidos como consecuencia de acciones regulatorias y otros US$50,9 millones asociados al valor de proyectos de expansión que quedaron paralizados. El costo regulatorio promedio alcanzó US$3,44 por kilogramo de salmónidos, equivalente al 12% del costo total de producción. Para una industria global que compite en mercados altamente sensibles al precio, esta cifra es particularmente relevante. No significa que toda regulación sea económicamente negativa. De hecho, los propios investigadores reconocen que las normas sanitarias y ambientales pueden generar beneficios importantes, incluida la prevención de enfermedades. El estudio recuerda, por ejemplo, el impacto que tuvo el brote de ISA en Maine, que provocó una fuerte caída de la producción de salmón y posteriormente llevó a mejoras en los procedimientos sanitarios. El debate que plantea la investigación es, por tanto, otro: cómo diseñar una regulación que proteja el ambiente y la bioseguridad sin impedir que una industria pueda responder a la demanda del mercado. La oportunidad que aparece detrás del problema Quizás el resultado más interesante para los inversionistas y responsables de políticas públicas está en los escenarios de crecimiento calculados por los investigadores. Con un aumento de 25% en la producción, la contribución económica total podría subir desde US$394,3 millones hasta US$492,9 millones, mientras el empleo asociado crecería desde 2.254 hasta 2.818 puestos y los ingresos tributarios alcanzarían US$22,9 millones. Con un crecimiento de 50%, la contribución económica llegaría a US$591,4 millones, con 3.381 empleos y US$27,4 millones en impuestos. Y bajo un escenario de expansión de 75%, el modelo proyecta una contribución económica cercana a US$690 millones, casi 4.000 empleos y US$32 millones en recaudación tributaria. No se trata de una proyección de mercado ni de una predicción de producción futura, sino de escenarios económicos construidos aplicando los multiplicadores estimados por el estudio. Los autores utilizaron estos escenarios para evaluar qué podría ocurrir si se liberara parte del potencial productivo actualmente restringido. La consolidación también está cambiando el mapa productivo Otro elemento que debería interesar a la industria internacional es la tendencia hacia una mayor escala. El número de granjas de trucha estadounidenses disminuyó entre 1997 y 2023, mientras aumentó el tamaño promedio de las operaciones. Los investigadores relacionan esta consolidación con las economías de escala y con los elevados costos de capital y regulatorios que enfrentan las empresas más pequeñas. Esto apunta hacia una estructura productiva que podría parecerse cada vez más a otros mercados acuícolas: menos operadores, mayor escala, integración vertical y mayor sofisticación tecnológica. En Estados Unidos ya existen empresas que integran hatchery, engorda, procesamiento y distribución, mientras que otras exploran sistemas RAS para producción de salmón. Una competencia que puede intensificarse El estudio plantea así un escenario particularmente interesante para el mercado mundial del salmón. Por un lado, Estados Unidos posee una demanda interna considerable y un espacio potencial para incrementar su producción. Por otro, Chile y Noruega cuentan con cadenas productivas maduras, economías de escala y una fuerte presencia exportadora. La investigación identifica explícitamente a los productos provenientes de Chile y Noruega como parte de la competencia que enfrenta la producción doméstica estadounidense, incluyendo el creciente papel de la steelhead noruega en el mercado norteamericano. Esto significa que una eventual flexibilización regulatoria estadounidense no necesariamente implicaría una sustitución inmediata de las importaciones. Pero sí podría modificar gradualmente el equilibrio competitivo, especialmente en categorías donde la producción local pueda alcanzar escala y costos suficientemente competitivos. Para Chile, el mensaje es particularmente estratégico: el mercado estadounidense continuará siendo atractivo, pero una mayor capacidad productiva doméstica podría convertirse en un competidor adicional en el largo plazo. La lección para la salmonicultura global El estudio de Hegde y sus coautores deja una conclusión que trasciende las fronteras estadounidenses.La discusión sobre regulación, acceso al agua, permisos, productividad y competitividad no es únicamente ambiental o administrativa. También es una discusión sobre dónde se genera el valor económico de los alimentos acuáticos. Cuando un centro de cultivo no puede expandirse, la demanda no necesariamente desaparece. El consumidor continúa comprando salmón o trucha; simplemente el producto puede llegar desde otra región productora. En el caso estadounidense, los investigadores estiman que permitir un mayor crecimiento de la salmonicultura podría llevar la contribución económica del sector desde los actuales US$394 millones hasta cerca de US$690 millones bajo un escenario de expansión de 75%, acompañado de casi 4.000 empleos y US$32 millones en recaudación tributaria. La pregunta que queda abierta para la industria mundial es, entonces, quién capturará ese crecimiento. Mientras Estados Unidos debate cómo producir más salmón y trucha dentro de sus fronteras, Noruega y Chile continúan ocupando el espacio dejado por una oferta doméstica limitada. El resultado podría ser una nueva etapa de competencia: no solo entre empresas salmoneras, sino entre modelos productivos, marcos regulatorios y geografías capaces de convertir demanda en producción competitiva. Y para una industria globalizada como la del salmón, ese puede terminar siendo uno de los factores económicos más importantes de la próxima década. Lea el estudio completo aquí: The economic contribution of U.S. salmonid farms

La salmonicultura y la truchicultura estadounidense tienen un problema que va mucho más allá de la producción de peces: la capacidad de transformar demanda interna en actividad económica doméstica está limitada por las barreras que enfrenta la producción local.

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Esa es una de las principales conclusiones del nuevo estudio publicado en Journal of the World Aquaculture Society, que por primera vez cuantifica la contribución económica de los centros de cultivo comerciales de salmónidos en Estados Unidos. La investigación de Shraddha Hegde, Carole R. Engle y otros autores estima que el sector aportó US$394,3 millones a la economía estadounidense durante 2023, considerando efectos directos, indirectos e inducidos.

El dato adquiere especial relevancia para la industria salmonera internacional porque Estados Unidos es uno de los principales mercados consumidores de salmón y depende ampliamente de las importaciones para abastecer su demanda. El estudio señala que el salmón es el segundo producto del mar más consumido en el país y que la mayor parte del suministro procede del exterior.

Un sector pequeño, pero con un efecto económico mucho mayor

La fotografía económica de la salmonicultura estadounidense muestra que el valor generado en las granjas es solo una parte de la historia. De los US$394,3 millones de contribución económica calculada para 2023, US$206,7 millones correspondieron al efecto directo, mientras que otros US$113,4 millones fueron generados indirectamente a través de proveedores y US$74,2 millones mediante el efecto inducido del gasto de los trabajadores y sus hogares.

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El resultado es un multiplicador económico de 1,91. En términos simples, por cada dólar generado por las granjas de salmónidos, se movilizaron otros US$0,91 en actividad económica adicional.

El impacto laboral también es significativo: el sector sostuvo 2.254 empleos, de los cuales 1.524 fueron puestos directamente asociados a las granjas, 377 estuvieron vinculados a proveedores y 352 correspondieron a empleos inducidos. El ingreso laboral total asociado alcanzó US$138 millones y el valor agregado llegó a US$228 millones.

Para una industria que representa el cuarto mayor sector de la acuicultura estadounidense por valor de ventas, la dimensión territorial también resulta relevante. Los centros de cultivo comerciales están presentes en 78% de los estados del país y el estudio estima que sus cadenas de suministro alcanzan al 97% de los sectores económicos donde se encuentran.

El verdadero multiplicador está fuera de la jaula o del estanque

Uno de los aspectos más interesantes para la industria salmonera es dónde termina el dinero generado por los centros de cultivo. El mayor impacto económico se concentra en sectores como fabricación de alimentos para animales, construcción de infraestructura productiva, crédito, agricultura de granos, seguros y comercio mayorista. La fabricación de alimentos para animales, por sí sola, recibió un impacto económico estimado en US$88,5 millones, mientras que la construcción de estructuras agrícolas alcanzó US$48,5 millones.

Esto confirma una característica estructural de la salmonicultura moderna: un centro de cultivo no funciona como una unidad económica aislada. Alimentación, transporte, equipamiento, energía, seguros, servicios financieros, mantenimiento, procesamiento y logística forman parte de una red productiva que amplifica el valor inicial generado por el cultivo.

Precisamente por ello, el estudio advierte que su estimación podría incluso quedarse corta. El análisis se concentró en el impacto a nivel de centro de cultivo y no incorporó completamente los efectos económicos de las etapas posteriores, como procesamiento, distribución, supermercados, restaurantes y food service.

En otras palabras, los US$394 millones no representan necesariamente el valor económico total de la cadena salmonera estadounidense, sino el efecto asociado al nivel productivo analizado.

El dato que debería mirar la industria chilena: Estados Unidos importa millones mientras limita producción local

Aquí aparece la dimensión de mercado más interesante del estudio. En 2023, las importaciones estadounidenses de productos de salmón destinados a consumo alcanzaron aproximadamente US$5.400 millones, mientras que las importaciones de trucha llegaron a US$245 millones en 2022 y descendieron a US$221 millones en 2024.

El contraste es evidente: mientras el mercado estadounidense mantiene una enorme demanda por salmón, la producción doméstica no ha recuperado los niveles alcanzados en 2013.

Los autores atribuyen buena parte de esa evolución a restricciones regulatorias. En particular, recuerdan que Washington prohibió la renovación de concesiones para cultivo comercial en sistemas de redes marinas y posteriormente avanzó hacia una prohibición de la producción comercial de peces de aleta en terrenos acuáticos estatales. El resultado fue que la producción estadounidense de salmón no recuperó los niveles anteriores.

Para los productores internacionales, el fenómeno tiene una lectura directa: el espacio que no ocupa la producción estadounidense es abastecido por proveedores externos. Y entre ellos aparecen precisamente algunos de los principales actores globales: Noruega y Chile.

El estudio señala que las restricciones a la expansión de los centros de cultivo de trucha estadounidenses probablemente han contribuido a una mayor participación de las importaciones provenientes de Noruega, Chile y Perú. Además, destaca el aumento de los volúmenes de steelhead producidos en centros de cultivo salmoneros noruegos y destinados al mercado estadounidense.

El costo regulatorio: US$3,44 por kilo

Uno de los resultados más contundentes del estudio está relacionado con los costos regulatorios. Los autores estiman que en 2023 los centros de cultivo estadounidenses enfrentaron US$20,4 millones en costos regulatorios directos, además de US$15,7 millones en ingresos perdidos como consecuencia de acciones regulatorias y otros US$50,9 millones asociados al valor de proyectos de expansión que quedaron paralizados.

El costo regulatorio promedio alcanzó US$3,44 por kilogramo de salmónidos, equivalente al 12% del costo total de producción. Para una industria global que compite en mercados altamente sensibles al precio, esta cifra es particularmente relevante.

No significa que toda regulación sea económicamente negativa. De hecho, los propios investigadores reconocen que las normas sanitarias y ambientales pueden generar beneficios importantes, incluida la prevención de enfermedades. El estudio recuerda, por ejemplo, el impacto que tuvo el brote de ISA en Maine, que provocó una fuerte caída de la producción de salmón y posteriormente llevó a mejoras en los procedimientos sanitarios.

El debate que plantea la investigación es, por tanto, otro: cómo diseñar una regulación que proteja el ambiente y la bioseguridad sin impedir que una industria pueda responder a la demanda del mercado.

La oportunidad que aparece detrás del problema

Quizás el resultado más interesante para los inversionistas y responsables de políticas públicas está en los escenarios de crecimiento calculados por los investigadores. Con un aumento de 25% en la producción, la contribución económica total podría subir desde US$394,3 millones hasta US$492,9 millones, mientras el empleo asociado crecería desde 2.254 hasta 2.818 puestos y los ingresos tributarios alcanzarían US$22,9 millones.

Con un crecimiento de 50%, la contribución económica llegaría a US$591,4 millones, con 3.381 empleos y US$27,4 millones en impuestos.

Y bajo un escenario de expansión de 75%, el modelo proyecta una contribución económica cercana a US$690 millones, casi 4.000 empleos y US$32 millones en recaudación tributaria.

No se trata de una proyección de mercado ni de una predicción de producción futura, sino de escenarios económicos construidos aplicando los multiplicadores estimados por el estudio. Los autores utilizaron estos escenarios para evaluar qué podría ocurrir si se liberara parte del potencial productivo actualmente restringido.

La consolidación también está cambiando el mapa productivo

Otro elemento que debería interesar a la industria internacional es la tendencia hacia una mayor escala. El número de granjas de trucha estadounidenses disminuyó entre 1997 y 2023, mientras aumentó el tamaño promedio de las operaciones. Los investigadores relacionan esta consolidación con las economías de escala y con los elevados costos de capital y regulatorios que enfrentan las empresas más pequeñas.

Esto apunta hacia una estructura productiva que podría parecerse cada vez más a otros mercados acuícolas: menos operadores, mayor escala, integración vertical y mayor sofisticación tecnológica. En Estados Unidos ya existen empresas que integran hatchery, engorda, procesamiento y distribución, mientras que otras exploran sistemas RAS para producción de salmón.

Una competencia que puede intensificarse

El estudio plantea así un escenario particularmente interesante para el mercado mundial del salmón. Por un lado, Estados Unidos posee una demanda interna considerable y un espacio potencial para incrementar su producción. Por otro, Chile y Noruega cuentan con cadenas productivas maduras, economías de escala y una fuerte presencia exportadora.

La investigación identifica explícitamente a los productos provenientes de Chile y Noruega como parte de la competencia que enfrenta la producción doméstica estadounidense, incluyendo el creciente papel de la steelhead noruega en el mercado norteamericano.

Esto significa que una eventual flexibilización regulatoria estadounidense no necesariamente implicaría una sustitución inmediata de las importaciones. Pero sí podría modificar gradualmente el equilibrio competitivo, especialmente en categorías donde la producción local pueda alcanzar escala y costos suficientemente competitivos.

Para Chile, el mensaje es particularmente estratégico: el mercado estadounidense continuará siendo atractivo, pero una mayor capacidad productiva doméstica podría convertirse en un competidor adicional en el largo plazo.

La lección para la salmonicultura global

El estudio de Hegde y sus coautores deja una conclusión que trasciende las fronteras estadounidenses.La discusión sobre regulación, acceso al agua, permisos, productividad y competitividad no es únicamente ambiental o administrativa. También es una discusión sobre dónde se genera el valor económico de los alimentos acuáticos.

Cuando un centro de cultivo no puede expandirse, la demanda no necesariamente desaparece. El consumidor continúa comprando salmón o trucha; simplemente el producto puede llegar desde otra región productora.

En el caso estadounidense, los investigadores estiman que permitir un mayor crecimiento de la salmonicultura podría llevar la contribución económica del sector desde los actuales US$394 millones hasta cerca de US$690 millones bajo un escenario de expansión de 75%, acompañado de casi 4.000 empleos y US$32 millones en recaudación tributaria.

La pregunta que queda abierta para la industria mundial es, entonces, quién capturará ese crecimiento. Mientras Estados Unidos debate cómo producir más salmón y trucha dentro de sus fronteras, Noruega y Chile continúan ocupando el espacio dejado por una oferta doméstica limitada. El resultado podría ser una nueva etapa de competencia: no solo entre empresas salmoneras, sino entre modelos productivos, marcos regulatorios y geografías capaces de convertir demanda en producción competitiva.

Y para una industria globalizada como la del salmón, ese puede terminar siendo uno de los factores económicos más importantes de la próxima década.

Lea el estudio completo aquí: The economic contribution of U.S. salmonid farms

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