La Semana Mundial del Agua nos encuentra en Chile ante una realidad marcada por extremos. Lluvias intensas e inundaciones recientes contrastan con más de quince años de megasequía. Análisis del Centro de Cambio Global UC muestran la excepcionalidad de estos eventos, con precipitaciones que, en algunos lugares, serían esperables menos de una vez cada 200 años.
Adaptarnos requiere combinar obras tradicionales con soluciones basadas en la naturaleza, fortaleciendo el capital natural que ayuda a regular el ciclo del agua y amortiguar los efectos de lluvias intensas y períodos secos. Pero estos desafíos exigen una mirada más amplia. Una sequía o una inundación no es solo un problema de ingeniería o ecología. Sus impactos y respuestas dependen también de cómo planificamos nuestras ciudades, distribuimos recursos y riesgos, nos relacionamos con el territorio y tomamos decisiones colectivas. Los desafíos hídricos son, en este sentido, problemas complejos que requieren necesariamente una mirada interdisciplinaria.
Reconocer esa necesidad deja abierta otra dificultad. Podemos reconocer una problemática, como la crisis hídrica, y aun así preguntarnos: ¿estamos haciendo las preguntas correctas? ¿Qué otras preguntas no estamos formulando? ¿Qué saberes dejamos fuera porque hoy no imaginamos ponerlos en diálogo? Si organizamos todo encuentro interdisciplinario a partir de lo que ya sabemos preguntar, corremos el riesgo de limitarlo a aquello que podemos anticipar. La interdisciplina orientada a problemas definidos es indispensable, pero quizás necesitemos dar espacio también a otras formas de encuentro.
En 1935, el filósofo y matemático Bertrand Russell reivindicó el conocimiento «inútil», aquel no subordinado a una utilidad inmediata, que permite conocer por curiosidad, ampliar nuestra mirada y cultivar nuestra capacidad de pensar y comprender. A partir de esa idea, he propuesto llamar interdisciplina «inútil» a una forma de relacionar saberes que reconoce el valor del encuentro en sí mismo, de conversar y mirar el mundo desde lugares distintos, sin exigir que ese diálogo parta de una pregunta específica o persiga una aplicación concreta. De esos encuentros pueden surgir nuevas preguntas y formas de comprender la relación entre el agua y nuestros territorios, aunque su valor no dependa de que eso ocurra.
En esta Semana Mundial del Agua, la invitación es a pensar los desafíos hídricos más allá de las preguntas, respuestas e interdisciplinas que podemos anticipar, a explorar la interdisciplina «inútil».



















