¿Está el intestino preparado para el mar?: Revelan por qué el momento del traslado del salmón al agua de mar puede cambiar su desempeño
Un estudio desarrollado por investigadores de la University of Gothenburg, la University of Bergen, la NORCE, Norwegian Research Centre AS y Skretting Aquaculture Innovation identificó que prolongar el desarrollo del salmón Atlántico en agua dulce favorece la maduración intestinal y mejora su capacidad para absorber agua en el ambiente marino.
La preparación fisiológica del salmón Atlántico antes de ingresar al agua de mar podría depender de algo más que los indicadores tradicionalmente utilizados para determinar el momento de la transferencia. Así lo plantea un nuevo estudio científico que pone el foco en un órgano que, pese a cumplir una función fundamental durante la adaptación al ambiente marino, ha recibido comparativamente menos atención en los protocolos productivos: el intestino.
La investigación, titulada “Late transfer to seawater improves intestinal development of osmoregulatory capacity in Atlantic salmon smolts”, fue publicada en la revista científica Fish Physiology and Biochemistry y sus resultados muestran que retrasar la transferencia al agua de mar dentro de la ventana de esmoltificación permite alcanzar un mayor desarrollo intestinal y una mejor capacidad de transporte de fluidos, una función esencial para mantener el equilibrio interno del pez frente a las condiciones de salinidad.
La relevancia de estos resultados está relacionada con uno de los momentos más sensibles del ciclo productivo: el paso desde agua dulce (FW) hacia agua de mar (SW). Durante esta transición, los peces deben adaptar sus mecanismos fisiológicos para compensar la pérdida de agua que provoca el ambiente marino y mantener una adecuada regulación de sales y fluidos.
Aunque la actividad de la enzima Na⁺, K⁺-ATPasa (NKA) en las branquias es uno de los indicadores más utilizados para evaluar la condición de los smolts, los investigadores plantean que el intestino también debería recibir mayor atención. Este órgano participa activamente en la absorción de agua y electrolitos, por lo que su desarrollo podría influir directamente en la capacidad de adaptación posterior a la transferencia.
El intestino: una pieza clave en la adaptación al agua de mar
En términos fisiológicos, el intestino cumple una tarea decisiva cuando el salmón ingresa al ambiente marino. Al encontrarse en agua de mar, el pez pierde agua por ósmosis y debe incrementar la ingesta de agua para compensar esa pérdida. Posteriormente, el intestino absorbe gran parte de ese líquido junto con los electrolitos necesarios para mantener el equilibrio interno.
De acuerdo con los antecedentes presentados en el estudio, el tracto gastrointestinal puede procesar y absorber entre el 70% y el 85% del agua de mar ingerida. Esta función depende, entre otros mecanismos, de la actividad de la enzima Na⁺, K⁺-ATPasa (NKA), que participa en el transporte de iones y facilita la absorción intestinal de agua.
Por esta razón, los investigadores buscaron determinar si el desarrollo de esta capacidad intestinal ocurre al mismo ritmo que otros procesos de esmoltificación y si el momento de la transferencia podría influir en la preparación fisiológica de los peces.
Tres momentos de transferencia y dos estrategias nutricionales
Para evaluar estas respuestas, el equipo desarrolló dos experimentos paralelos con 2.700 ejemplares de salmón Atlántico, de aproximadamente 45 gramos, distribuidos en 36 estanques experimentales en la estación de investigación Lerang, Noruega.
Los peces fueron sometidos a un protocolo de fotoperiodo para inducir la esmoltificación, con seis semanas de días cortos, seguidas de iluminación continua, manteniendo una temperatura de 12 °C.
La transferencia al agua de mar se realizó en tres momentos diferentes, expresados en grados-día acumulados (dd): 144, 300 y 480. Cada grupo fue dividido, además, entre peces que continuaron alimentándose y ejemplares sometidos a cuatro días de ayuno antes del traslado.
La segunda experiencia incorporó una estrategia nutricional diferente: una dieta con un 5% adicional de grasa durante la fase de agua dulce. De esta manera, se buscó determinar si un mayor aporte lipídico podía favorecer el desarrollo intestinal y ayudar a enfrentar los efectos del ayuno previo a la transferencia.
Durante las evaluaciones se analizaron la masa del tejido intestinal, la actividad NKA y la capacidad de transporte de fluidos, además de parámetros relacionados con la función de barrera intestinal.
Resumen esquemático del método del saco intestinal no evertido, en el que se muestra el flujo de trabajo experimental y los pasos clave del procedimiento (ilustración creada por el primer autor). Créditos: Estudio.
Más tiempo en agua dulce, mayor desarrollo intestinal
Uno de los resultados más relevantes fue que los peces transferidos a los 480 grados-día presentaron un mayor desarrollo intestinal que aquellos trasladados anticipadamente.
En ambos experimentos, tanto con dieta control como con alimentación de mayor contenido lipídico, se observó un incremento progresivo de la masa intestinal conforme avanzaba el tiempo de permanencia en agua dulce.
Después de seis semanas en agua de mar, los ejemplares transferidos a los 480 grados-día registraron los mayores valores de masa intestinal, actividad NKA y absorción de fluidos en comparación con los grupos trasladados a los 144 y 300 grados-día.
Este comportamiento sugiere que el desarrollo intestinal continúa durante la esmoltificación y que disponer de un período adicional en agua dulce puede contribuir a que los peces lleguen al ambiente marino con una capacidad fisiológica más desarrollada.
Los resultados también muestran que el grupo transferido anticipadamente, a los 144 grados-día y alimentado con la dieta control, presentó señales de una menor adaptación intestinal al agua de mar. Entre ellas se identificaron alteraciones en la función de barrera intestinal, reflejadas en una mayor permeabilidad y menores valores de resistencia transepitelial.
Para los investigadores, estos antecedentes sugieren que una transferencia demasiado temprana podría incrementar las exigencias fisiológicas durante la adaptación al ambiente marino.
El ayuno previo al traslado: un efecto que puede prolongarse
Otro hallazgo de especial interés para las prácticas productivas se relaciona con el ayuno previo a la transferencia.
Esta práctica se utiliza habitualmente en la salmonicultura para reducir la producción de desechos metabólicos y el consumo de oxígeno durante el transporte. Sin embargo, el estudio advierte que sus efectos podrían ir más allá de la evacuación digestiva.
Los resultados demostraron que cuatro días de ayuno redujeron la masa del tejido intestinal y la capacidad total de absorción de fluidos en los peces mantenidos en agua dulce.
Lo más significativo fue que, en los ejemplares alimentados con la dieta control, algunos de estos efectos persistieron después de seis semanas en agua de mar. La masa intestinal continuó siendo inferior en los peces que habían sido sometidos a ayuno, lo que indica que el período de realimentación no fue suficiente para recuperar completamente el tejido intestinal.
Los investigadores plantean que esta reducción podría comprometer la capacidad de adaptación osmótica, especialmente cuando los peces llegan al momento de la transferencia con un desarrollo fisiológico todavía incompleto.
Además, advierten que, en condiciones comerciales, los smolts pueden enfrentar otros factores de estrés asociados al proceso, como el hacinamiento, la manipulación y el transporte, que podrían intensificar las exigencias fisiológicas de esta etapa.
¿Puede una dieta con más lípidos ayudar a proteger el intestino?
La investigación también identificó resultados interesantes en relación con la nutrición.
Los peces que recibieron una dieta con un 5% adicional de grasa durante la esmoltificación presentaron una mayor actividad NKA y una mayor capacidad de transporte de fluidos en agua dulce, tanto a los 300 como a los 480 grados-día.
Esto sugiere que un mayor aporte energético a través de los lípidos podría favorecer el desarrollo de los mecanismos intestinales involucrados en la adaptación al agua de mar.
Uno de los resultados más destacados fue que esta estrategia nutricional permitió mitigar los efectos negativos del ayuno. En los ejemplares alimentados con la dieta de mayor contenido lipídico no se observaron las mismas reducciones de masa intestinal asociadas al ayuno que se identificaron en los peces alimentados con la dieta control.
Incluso después de seis semanas en agua de mar, los peces del grupo con mayor aporte lipídico mostraron una recuperación de los efectos del ayuno sin consecuencias persistentes sobre el crecimiento, según los antecedentes de crecimiento del mismo experimento publicados previamente por los autores.
Una posible explicación planteada por los investigadores es que la energía adicional aportada por los lípidos podría proporcionar reservas a los enterocitos —las células que recubren el intestino— y contribuir a mantener el tejido durante los períodos sin alimentación.
No obstante, los autores precisan que las dos dietas no fueron comparadas estadísticamente de manera directa, por lo que estos resultados deben interpretarse como evidencia de respuestas observadas en los experimentos y no como una demostración definitiva de superioridad nutricional.
Una nueva variable para evaluar la calidad de los smolts
En conjunto, los resultados abren una discusión sobre los criterios utilizados para determinar cuándo un salmón está preparado para ingresar al agua de mar.
Tradicionalmente, la actividad NKA en las branquias y la expresión de determinados genes han sido algunos de los principales indicadores utilizados para evaluar la esmoltificación. Sin embargo, los investigadores sostienen que estos parámetros podrían no reflejar completamente el estado de desarrollo de otros órganos involucrados en la regulación osmótica.
En este contexto, la capacidad intestinal de transporte de fluidos aparece como un indicador complementario que podría contribuir a una evaluación más integral de la preparación de los smolts.
El estudio también destaca que los peces transferidos a los 480 grados-día presentaron una mejor condición intestinal y una mayor capacidad de adaptación fisiológica durante las primeras semanas en agua de mar. Estos resultados son consistentes con los antecedentes de crecimiento del mismo ensayo, que mostraron un mejor desempeño posterior en los ejemplares trasladados más tardíamente.
Sin embargo, los autores advierten que todavía es necesario profundizar en la investigación para determinar cuál es la duración mínima de ayuno que puede aplicarse sin provocar efectos fisiológicos adversos y cuánto tiempo de realimentación se requiere para recuperar completamente el tejido intestinal.
Asimismo, plantean la necesidad de estudiar cómo incorporar dietas con mayor contenido lipídico en los programas de producción de smolts para potenciar su desarrollo y capacidad osmorreguladora.
Lea el estudio completo aquí: Late transfer to seawater improves intestinal development of osmoregulatory capacity in Atlantic salmon smolts
La preparación fisiológica del salmón Atlántico antes de ingresar al agua de mar podría depender de algo más que los indicadores tradicionalmente utilizados para determinar el momento de la transferencia. Así lo plantea un nuevo estudio científico que pone el foco en un órgano que, pese a cumplir una función fundamental durante la adaptación al ambiente marino, ha recibido comparativamente menos atención en los protocolos productivos: el intestino.
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La investigación, titulada “Late transfer to seawater improves intestinal development of osmoregulatory capacity in Atlantic salmon smolts”, fue publicada en la revista científica Fish Physiology and Biochemistry y sus resultados muestran que retrasar la transferencia al agua de mar dentro de la ventana de esmoltificación permite alcanzar un mayor desarrollo intestinal y una mejor capacidad de transporte de fluidos, una función esencial para mantener el equilibrio interno del pez frente a las condiciones de salinidad.
La relevancia de estos resultados está relacionada con uno de los momentos más sensibles del ciclo productivo: el paso desde agua dulce (FW) hacia agua de mar (SW). Durante esta transición, los peces deben adaptar sus mecanismos fisiológicos para compensar la pérdida de agua que provoca el ambiente marino y mantener una adecuada regulación de sales y fluidos.
Aunque la actividad de la enzima Na⁺, K⁺-ATPasa (NKA) en las branquias es uno de los indicadores más utilizados para evaluar la condición de los smolts, los investigadores plantean que el intestino también debería recibir mayor atención. Este órgano participa activamente en la absorción de agua y electrolitos, por lo que su desarrollo podría influir directamente en la capacidad de adaptación posterior a la transferencia.
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El intestino: una pieza clave en la adaptación al agua de mar
En términos fisiológicos, el intestino cumple una tarea decisiva cuando el salmón ingresa al ambiente marino. Al encontrarse en agua de mar, el pez pierde agua por ósmosis y debe incrementar la ingesta de agua para compensar esa pérdida. Posteriormente, el intestino absorbe gran parte de ese líquido junto con los electrolitos necesarios para mantener el equilibrio interno.
De acuerdo con los antecedentes presentados en el estudio, el tracto gastrointestinal puede procesar y absorber entre el 70% y el 85% del agua de mar ingerida. Esta función depende, entre otros mecanismos, de la actividad de la enzima Na⁺, K⁺-ATPasa (NKA), que participa en el transporte de iones y facilita la absorción intestinal de agua.
Por esta razón, los investigadores buscaron determinar si el desarrollo de esta capacidad intestinal ocurre al mismo ritmo que otros procesos de esmoltificación y si el momento de la transferencia podría influir en la preparación fisiológica de los peces.
Tres momentos de transferencia y dos estrategias nutricionales
Para evaluar estas respuestas, el equipo desarrolló dos experimentos paralelos con 2.700 ejemplares de salmón Atlántico, de aproximadamente 45 gramos, distribuidos en 36 estanques experimentales en la estación de investigación Lerang, Noruega.
Los peces fueron sometidos a un protocolo de fotoperiodo para inducir la esmoltificación, con seis semanas de días cortos, seguidas de iluminación continua, manteniendo una temperatura de 12 °C.
La transferencia al agua de mar se realizó en tres momentos diferentes, expresados en grados-día acumulados (dd): 144, 300 y 480. Cada grupo fue dividido, además, entre peces que continuaron alimentándose y ejemplares sometidos a cuatro días de ayuno antes del traslado.
La segunda experiencia incorporó una estrategia nutricional diferente: una dieta con un 5% adicional de grasa durante la fase de agua dulce. De esta manera, se buscó determinar si un mayor aporte lipídico podía favorecer el desarrollo intestinal y ayudar a enfrentar los efectos del ayuno previo a la transferencia.
Durante las evaluaciones se analizaron la masa del tejido intestinal, la actividad NKA y la capacidad de transporte de fluidos, además de parámetros relacionados con la función de barrera intestinal.
Resumen esquemático del método del saco intestinal no evertido, en el que se muestra el flujo de trabajo experimental y los pasos clave del procedimiento (ilustración creada por el primer autor). Créditos: Estudio.
Más tiempo en agua dulce, mayor desarrollo intestinal
Uno de los resultados más relevantes fue que los peces transferidos a los 480 grados-día presentaron un mayor desarrollo intestinal que aquellos trasladados anticipadamente.
En ambos experimentos, tanto con dieta control como con alimentación de mayor contenido lipídico, se observó un incremento progresivo de la masa intestinal conforme avanzaba el tiempo de permanencia en agua dulce.
Después de seis semanas en agua de mar, los ejemplares transferidos a los 480 grados-día registraron los mayores valores de masa intestinal, actividad NKA y absorción de fluidos en comparación con los grupos trasladados a los 144 y 300 grados-día.
Este comportamiento sugiere que el desarrollo intestinal continúa durante la esmoltificación y que disponer de un período adicional en agua dulce puede contribuir a que los peces lleguen al ambiente marino con una capacidad fisiológica más desarrollada.
Los resultados también muestran que el grupo transferido anticipadamente, a los 144 grados-día y alimentado con la dieta control, presentó señales de una menor adaptación intestinal al agua de mar. Entre ellas se identificaron alteraciones en la función de barrera intestinal, reflejadas en una mayor permeabilidad y menores valores de resistencia transepitelial.
Para los investigadores, estos antecedentes sugieren que una transferencia demasiado temprana podría incrementar las exigencias fisiológicas durante la adaptación al ambiente marino.
El ayuno previo al traslado: un efecto que puede prolongarse
Otro hallazgo de especial interés para las prácticas productivas se relaciona con el ayuno previo a la transferencia.
Esta práctica se utiliza habitualmente en la salmonicultura para reducir la producción de desechos metabólicos y el consumo de oxígeno durante el transporte. Sin embargo, el estudio advierte que sus efectos podrían ir más allá de la evacuación digestiva.
Los resultados demostraron que cuatro días de ayuno redujeron la masa del tejido intestinal y la capacidad total de absorción de fluidos en los peces mantenidos en agua dulce.
Lo más significativo fue que, en los ejemplares alimentados con la dieta control, algunos de estos efectos persistieron después de seis semanas en agua de mar. La masa intestinal continuó siendo inferior en los peces que habían sido sometidos a ayuno, lo que indica que el período de realimentación no fue suficiente para recuperar completamente el tejido intestinal.
Los investigadores plantean que esta reducción podría comprometer la capacidad de adaptación osmótica, especialmente cuando los peces llegan al momento de la transferencia con un desarrollo fisiológico todavía incompleto.
Además, advierten que, en condiciones comerciales, los smolts pueden enfrentar otros factores de estrés asociados al proceso, como el hacinamiento, la manipulación y el transporte, que podrían intensificar las exigencias fisiológicas de esta etapa.
¿Puede una dieta con más lípidos ayudar a proteger el intestino?
La investigación también identificó resultados interesantes en relación con la nutrición.
Los peces que recibieron una dieta con un 5% adicional de grasa durante la esmoltificación presentaron una mayor actividad NKA y una mayor capacidad de transporte de fluidos en agua dulce, tanto a los 300 como a los 480 grados-día.
Esto sugiere que un mayor aporte energético a través de los lípidos podría favorecer el desarrollo de los mecanismos intestinales involucrados en la adaptación al agua de mar.
Uno de los resultados más destacados fue que esta estrategia nutricional permitió mitigar los efectos negativos del ayuno. En los ejemplares alimentados con la dieta de mayor contenido lipídico no se observaron las mismas reducciones de masa intestinal asociadas al ayuno que se identificaron en los peces alimentados con la dieta control.
Incluso después de seis semanas en agua de mar, los peces del grupo con mayor aporte lipídico mostraron una recuperación de los efectos del ayuno sin consecuencias persistentes sobre el crecimiento, según los antecedentes de crecimiento del mismo experimento publicados previamente por los autores.
Una posible explicación planteada por los investigadores es que la energía adicional aportada por los lípidos podría proporcionar reservas a los enterocitos —las células que recubren el intestino— y contribuir a mantener el tejido durante los períodos sin alimentación.
No obstante, los autores precisan que las dos dietas no fueron comparadas estadísticamente de manera directa, por lo que estos resultados deben interpretarse como evidencia de respuestas observadas en los experimentos y no como una demostración definitiva de superioridad nutricional.
Una nueva variable para evaluar la calidad de los smolts
En conjunto, los resultados abren una discusión sobre los criterios utilizados para determinar cuándo un salmón está preparado para ingresar al agua de mar.
Tradicionalmente, la actividad NKA en las branquias y la expresión de determinados genes han sido algunos de los principales indicadores utilizados para evaluar la esmoltificación. Sin embargo, los investigadores sostienen que estos parámetros podrían no reflejar completamente el estado de desarrollo de otros órganos involucrados en la regulación osmótica.
En este contexto, la capacidad intestinal de transporte de fluidos aparece como un indicador complementario que podría contribuir a una evaluación más integral de la preparación de los smolts.
El estudio también destaca que los peces transferidos a los 480 grados-día presentaron una mejor condición intestinal y una mayor capacidad de adaptación fisiológica durante las primeras semanas en agua de mar. Estos resultados son consistentes con los antecedentes de crecimiento del mismo ensayo, que mostraron un mejor desempeño posterior en los ejemplares trasladados más tardíamente.
Sin embargo, los autores advierten que todavía es necesario profundizar en la investigación para determinar cuál es la duración mínima de ayuno que puede aplicarse sin provocar efectos fisiológicos adversos y cuánto tiempo de realimentación se requiere para recuperar completamente el tejido intestinal.
Asimismo, plantean la necesidad de estudiar cómo incorporar dietas con mayor contenido lipídico en los programas de producción de smolts para potenciar su desarrollo y capacidad osmorreguladora.