Durante décadas, el modelo clásico de la fisiología del estrés en peces ha sostenido que el cortisol —la hormona clave que ayuda a enfrentar desafíos ambientales— se libera como resultado directo de la acción de la hormona adrenocorticotrópica (ACTH). Pero en los últimos años, los salmones han empezado a contar una historia diferente.
Algunas investigaciones han detectado aumentos de cortisol sin incrementos previos de ACTH, o incluso antes de que esta última entre en escena. ¿Quién está moviendo los hilos hormonales en esos primeros minutos de alarma fisiológica? Una nueva pieza del rompecabezas podría encontrarse en las catecolaminas: la adrenalina y la noradrenalina.
Un reciente estudio preliminar realizado con tejidos del riñón cefálico de salmón del Atlántico (Salmo salar) ofrece una mirada fresca —y potencialmente transformadora— sobre cómo se orquesta realmente la respuesta hormonal al estrés en peces.
Un modelo clásico en entredicho
En la visión tradicional, el estrés activa dos ejes complementarios:
- El cerebro–simpático–cromafín (BSC), responsable de liberar catecolaminas casi de inmediato, y
- El hipotalámico–pituitario–interrenal (HPI), encargado de iniciar la producción de cortisol a través de la ACTH.
Este modelo explica bien lo observado en mamíferos, trucha arcoíris o salmón coho. Pero no encaja del todo en la tilapia ni en juveniles de salmón del Atlántico, donde el cortisol sube antes que la ACTH. La pregunta es inevitable: ¿hay un actor adicional acelerando la señal?
Dado que en los teleósteos las células cromafines (que liberan catecolaminas) e interrenales (que producen cortisol) están anatómicamente pegadas en el riñón cefálico, los científicos propusieron una hipótesis atrevida: ¿podrían las catecolaminas estimular directamente la producción de cortisol mediante una señalización paracrina?
El experimento: riñones cefálicos que revelan secretos
Para poner a prueba la idea, los investigadores realizaron dos ensayos ex vivo. Utilizaron tejido fresco del riñón cefálico de salmones y lo incubaron con:
- tres concentraciones de ACTH,
- adrenalina o noradrenalina en concentraciones relevantes, o
- combinaciones de ACTH + una catecolamina.
Hasta 120 minutos, midieron la liberación de cortisol para observar cómo reaccionaban los tejidos ante cada tratamiento.
Los resultados fueron reveladores:
ACTH actuó tal como se esperaba y la producción de cortisol aumentó de manera dependiente de la dosis y del tiempo. La concentración más alta de ACTH generó respuestas robustas, confirmando su rol protagónico en el eje HPI.
Las catecolaminas, por sí solas, no hicieron gran cosa y la adrenalina produjo apenas un incremento modesto a los 60 minutos.
En tanto, la noradrenalina no estimuló la liberación de cortisol, y los pequeños cambios observados se explican mejor por cortisol residual.
En otras palabras: las catecolaminas por sí mismas no son disparadores independientes del cortisol en el salmón del Atlántico.

El hallazgo clave: un poderoso efecto sinérgico
Cuando la ACTH se combinó con adrenalina o noradrenalina, ocurrió algo notable:
la producción de cortisol se multiplicó por 2.4, superando ampliamente lo inducido por la ACTH sola.
Además, esa elevación fue mucho más rápida; las combinaciones mostraron aumentos significativos apenas 20 minutos después del inicio de la incubación, adelantándose a la curva de la ACTH aislada.
Este efecto sugiere que las catecolaminas no actúan como gatillos, sino como potenciadores, capaces de aumentar la sensibilidad de las células interrenales a la ACTH.
Un mecanismo adaptativo oculto en el estrés agudo
¿Qué significa este fenómeno en el contexto de un salmón enfrentando un depredador, un cambio brusco de temperatura o una manipulación en cultivo?
Durante un evento de estrés agudo, las catecolaminas son las primeras en llegar al torrente sanguíneo. Su presencia inmediata podría preparar a las células interrenales para responder de forma explosiva incluso cuando los niveles de ACTH aún son bajos. Ese “acelerador hormonal” permitiría:
- una subida temprana de cortisol,
- una respuesta fisiológica más rápida,
- y posiblemente una ventaja evolutiva en situaciones críticas.
Este mecanismo ayuda a explicar por qué, en algunos estudios in vivo, el cortisol aumenta antes que la ACTH: las catecolaminas estarían modulando la sensibilidad del tejido interrenal, no reemplazando a la ACTH.
Una pieza nueva para el rompecabezas de la fisiología del estrés
Aunque se trata de un estudio preliminar ex vivo, sus implicancias son profundas:
Sugiere que el control del cortisol en peces es más complejo, dinámico y dependiente de la interacción entre sistemas de lo que se pensaba y subraya la importancia del sistema simpático —a menudo olvidado en peces— como modulador del eje HPI.
Además, abre la puerta a investigar si especies distintas presentan mecanismos similares o desarrollaron estrategias únicas.
Una coreografía hormonal inesperada
El estudio aporta evidencia sólida de que, en el salmón del Atlántico, las catecolaminas no actúan como iniciadoras de la síntesis de cortisol, pero sí juegan un papel crucial como amplificadoras de la señal de la ACTH. Esta interacción sinérgica podría ser la clave para comprender las discrepancias temporales del cortisol observadas en estudios previos.
En este contexto, los autores recomiendan validar estos resultados en experimentos in vivo y evaluar si dosis distintas de catecolaminas modulan de forma diferencial la respuesta, así como explorar si esta estrategia de regulación existe en otras especies de peces.
En la batalla fisiológica contra el estrés, la adrenalina parece no ser la protagonista, pero sí la aliada secreta que permite al cortisol llegar a escena con rapidez y fuerza.



















