En un entorno global marcado por la volatilidad de los ingredientes marinos y vegetales, la acuicultura moderna enfrenta desafíos únicos para garantizar la producción sostenible y la salud de los cultivos. En su columna “Resiliencia nutricional en la acuicultura”, Víctor Aravena Oyarzo, asesor industrial, analiza estrategias para diversificar fuentes de insumos, optimizar la eficiencia nutricional y mantener estándares de calidad que aseguren bienestar animal y sostenibilidad.
Estrategias ante la presión global y la volatilidad de los ingredientes marinos
La reciente situación de la segunda temporada de anchoveta en Perú, con cuotas inciertas y variaciones en la biomasa, evidencia la fragilidad de depender de un solo origen para la provisión de harina y aceite de pescado. Perú aporta cerca del 20% de los insumos marinos a nivel mundial, por lo que cualquier fluctuación impacta directamente la estabilidad de la industria global.
Al mismo tiempo, los ingredientes vegetales, como la soya, enfrentan inestabilidad de precios y disponibilidad debido a factores climáticos y comerciales. Esto demuestra que tanto los insumos marinos como los vegetales presentan riesgos estructurales que afectan la formulación de dietas acuícolas.
Nutrientes esenciales: el núcleo de la formulación
Los ingredientes marinos siguen siendo insustituibles por su aporte de:
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Ácidos grasos esenciales (EPA/DHA): fundamentales para la inmunidad, desarrollo neurológico y calidad del filete.
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Aminoácidos esenciales (lisina, metionina, treonina): clave para un crecimiento eficiente y óptima conversión alimenticia.
La biodisponibilidad superior de estos nutrientes los convierte en pilares estratégicos, especialmente para especies carnívoras como salmón y camarón.
Chile como caso de estudio: demanda nutricional en cifras
La industria chilena produce cerca de 1,1 millones de toneladas de alimento balanceado para salmón al año, mientras que la industria del camarón global consume aproximadamente 1,5 millones de toneladas de harina y aceite de pescado, lo que refleja la presión sobre las fuentes de insumos marinos.
Perú: epicentro de la oferta global
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Perú cubre el 20% de la demanda mundial de harina y aceite de pescado, siendo un actor crítico para la estabilidad del suministro.
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La dependencia de un solo origen representa un riesgo estructural, especialmente considerando que China absorbe el 80% de las exportaciones peruanas.
Subproductos y eficiencia: aporte de la industria de conservas y congelados
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Subproductos como cabezas, vísceras y recortes pueden transformarse en ingredientes funcionales.
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Moluscos y crustáceos generan subproductos que amplían la base de insumos marinos y fortalecen la resiliencia nutricional del sector.
Plantas de alimento: eficiencia como eje de resiliencia
Las plantas de alimento balanceado deben enfocarse en:
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Preservar la vida útil de nutrientes y su biodisponibilidad.
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Evitar pérdidas operativas que comprometan el valor funcional de los insumos.
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Maximizar eficiencia y eficacia en la utilización de aminoácidos y ácidos grasos esenciales.
Conclusión: resiliencia con vigilancia y estándares inquebrantables
La producción mundial de harina y aceite de pescado se mantiene estable, pero la demanda sigue creciendo. La resiliencia en acuicultura implica:
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Diversificación de fuentes y optimización de procesos.
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Mantener trazabilidad, certificación y control de calidad incluso bajo presión de costos y disponibilidad.
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Garantizar que los nutrientes transferidos al cultivo mantengan su integridad, funcionalidad y seguridad.
En síntesis, la resiliencia nutricional no solo se mide en capacidad de adaptación, sino en la firmeza con que se sostienen estándares que aseguran sostenibilidad, bienestar animal y confianza en el producto final.


















