El cambio climático no necesariamente reducirá la cantidad de peces disponibles en los ecosistemas marinos, pero sí está cambiando el lugar donde habitan. Esa es una de las principales conclusiones de un estudio publicado en la revista Fisheries Oceanography, que proyecta importantes cambios en la distribución espacial de especies que sustentan las pesquerías artesanales del mar interior del norte de la Patagonia chilena.
La investigación, liderada por Luis Cubillos junto a Nicolás Muñoz-Aroca, Sergio Neira, Reinaldo Rivera, Ana Arriagada y Diego Narváez, evaluó cómo podrían modificarse los hábitats del espadín fueguino (Sprattus fuegensis) y de tres importantes peces demersales —la merluza de cola (Macruronus magellanicus), la merluza austral (Merluccius australis) y el congrio dorado (Genypterus blacodes)— bajo distintos escenarios de cambio climático entre 2020 y 2050.
Más que una disminución de peces, una redistribución del ecosistema
Utilizando modelos de distribución de especies (Maxent), registros pesqueros, prospecciones acústicas y variables ambientales del sistema Bio-Oracle, los investigadores analizaron tres escenarios climáticos (SSP1-2.6, SSP2-4.5 y SSP5-8.5).
Los resultados muestran que el principal efecto del cambio climático no sería una pérdida uniforme de hábitat, sino una redistribución espacial de las especies.
Mientras las especies demersales responderían principalmente a cambios en el oxígeno disuelto y en las condiciones del fondo marino, el espadín fueguino estaría condicionado por la temperatura superficial del mar, la salinidad y la disponibilidad de fitoplancton.
Actualmente, las zonas de mayor idoneidad para estas especies se concentran en el golfo de Ancud y los sistemas de fiordos adyacentes. Sin embargo, hacia mediados de siglo los modelos proyectan desplazamientos de entre 10 y 20 kilómetros, dependiendo de la especie y del escenario climático.
Un cambio aparentemente pequeño, pero de alto impacto operativo
Aunque una variación de algunos kilómetros puede parecer limitada desde una perspectiva ecológica, para las pesquerías artesanales representa una diferencia significativa.
Al respecto, el investigador de la Facultad de Ciencias Naturales y Oceanográficas de la Universidad de Concepción, Dr. Luis Cubillos explica a través de su red social de LinkedIn que «el cambio climático no siempre significa que habrá menos peces. Muchas veces significa que ya no estarán donde siempre estuvieron».
Para un pescador artesanal, un desplazamiento de entre 10 y 20 kilómetros implica mayores costos de combustible, más tiempo de navegación, aumento de la incertidumbre operacional y la necesidad de modificar estrategias tradicionales de pesca.
Además, el estudio advierte que estos movimientos podrían alterar la superposición espacial entre depredadores y sus presas, modificando procesos ecológicos fundamentales dentro del ecosistema de fiordos.
Información estratégica para la industria del salmón
Aunque la investigación está enfocada en especies silvestres que sustentan la pesca artesanal, sus resultados entregan información de alto valor para la industria salmonera.
Los fiordos patagónicos constituyen un ecosistema donde convergen la acuicultura, la pesca y la conservación. Comprender cómo evolucionarán las condiciones oceanográficas y la distribución de peces permite fortalecer la planificación espacial del borde costero, mejorar la evaluación de riesgos ambientales y anticipar posibles cambios en la interacción entre especies silvestres y actividades productivas.
La redistribución de especies también puede influir en la dinámica ecológica de los fiordos, modificando patrones de biodiversidad, disponibilidad de alimento y funcionamiento del ecosistema, aspectos cada vez más considerados dentro de los procesos de gestión ambiental y adaptación al cambio climático.
Ciencia para anticipar escenarios futuros
Los autores destacan que la mayor contribución del estudio radica en entregar herramientas predictivas para la toma de decisiones antes de que los cambios se materialicen.
«La ciencia no puede detener el cambio climático, pero sí puede ayudar a anticipar sus efectos», señala Cubillos.
En ese contexto, conocer cómo evolucionará la idoneidad del hábitat permitirá diseñar estrategias de manejo más dinámicas, fortalecer la planificación espacial marina y desarrollar medidas de adaptación para las comunidades costeras que dependen de estos recursos.
El trabajo concluye que la gestión pesquera del futuro deberá incorporar no solo la abundancia de las poblaciones, sino también la evolución de su distribución geográfica en un océano cada vez más influenciado por el cambio climático.



















