Uno de los aspectos más discutidos en la certificación de procesos alimentarios es el periodo de carencia documental exigible para las materias primas.
En alimentos destinados al consumo humano, normas como el Reglamento Sanitario de los Alimentos (DS N° 977/96, Chile) y el Reglamento (CE) N° 178/2002 de la Unión Europea establecen exigencias claras en inocuidad y trazabilidad, aunque no fijan un periodo uniforme de retroactividad. En la práctica, se asume que el cumplimiento debe ser permanente, ya que cualquier incumplimiento constituye motivo suficiente para el rechazo de la certificación.
Aplicación en piensos y acuicultura
En el caso de alimento de peces y la acuicultura, las exigencias se han ido alineando progresivamente con los estándares de consumo humano. Algunas certificaciones requieren 6 meses de historial documental, otras 12 meses, y la tendencia emergente propone que el periodo retroactivo sea equivalente al mayor periodo de vida útil del producto, hacia atrás.
Esto obligaría a las empresas a declarar y acreditar todas las materias primas utilizadas antes de la certificación, fortaleciendo la transparencia y evitando el ingreso de insumos sin origen legal acreditado.
La FDA en Estados Unidos, a través de la FSMA Food Traceability Rule (21 CFR §§ 1.1300-1.1465), marca un estándar global: no mide la trazabilidad en meses, sino en continuidad y verificabilidad. Exige registros electrónicos de cada evento crítico en la cadena (recepción, procesamiento, envío), disponibles en un máximo de 24 horas, lo que eleva la exigencia hacia un control permanente y verificable.
Corriente actual y avances tecnológicos
Los avances en tecnología están redefiniendo el concepto de certificación:
- Validación electrónica de resultados y firmas que aseguran la autenticidad documental.
- Análisis de procesos con tecnologías como espectroscopía IR y otras, que permiten evaluar calidad en tiempo real en los procesos.
- Implementación de compra-venta técnica, que integra trazabilidad y control en la gestión de insumos, ampliando los representantes técnicos con acabada experiencias en procesos, para verificación de instalaciones y certificación de los mismos.
En este marco, se estima que los periodos de carencia previos a la certificación deberían situarse entre 12 y 18 meses como mínimo, lo que permite validar ingredientes incluso en etapa de almacenamiento y posterior a su uso en el alimento final. Este criterio debe mantenerse a lo largo de la vida útil de las instalaciones y considerarse en los programas de certificación o internos como una deficiencia Crítica o Mayor la falta de información sobre insumos, debiendo aplicarse acciones inmediatas para corregir o dejar detenido un producto elaborado con una materia prima que este comprometida.
De esta forma, la certificación aborda integralmente inocuidad, trazabilidad, sustentabilidad y aspectos medioambientales.
Conclusión
La certificación en alimentos y piensos evoluciona hacia un modelo más exigente y responsable.
El periodo de carencia de materias primas debe convertirse en un instrumento regulador, que asegure abastecimiento legal, trazabilidad y sostenibilidad en toda la cadena.
Además, la información debe estar disponible en un máximo de 24 horas, lo que permitirá agilizar los procesos de Recall y reforzar la confianza del consumidor.
Preguntas que nos hacemos
- ¿Creen que el periodo de carencia documental debería fijarse en un estándar único (12–18 meses) o mantenerse flexible según cada certificación?
- ¿Podría este enfoque convertirse en un instrumento regulador global, evitando el ingreso de materias primas sin origen legal acreditado?
- ¿Está su organización preparada para asumir estos cambios y responder a las nuevas exigencias de certificación


















