En su columna, Ricardo Garcia Holtz, CEO de Camanchaca, analiza cómo el salmón y el jurel se consolidan como pilares estratégicos de la economía chilena, destacando su valor exportador, impacto territorial y los desafíos regulatorios que enfrenta la industria para sostener su liderazgo global.
El envío de salmón al mundo se consolida como el segundo producto de exportación de Chile, solo superado por el cobre. Junto al jurel, ambos representan dos pilares decisivos del aporte del sector pesquero y acuícola al desarrollo del país.
Exportaciones chilenas de salmón y jurel marcan liderazgo global
En 2025, las exportaciones chilenas de salmón y trucha superaron los US$6.500 millones, con más de un millón de toneladas enviadas a los principales mercados internacionales. Esta cifra no solo refleja escala mundial, sino también consistencia productiva, cumplimiento sanitario y adaptación a consumidores cada vez más exigentes en calidad, trazabilidad y sostenibilidad.
En este contexto, Camanchaca participa de manera relevante con cerca del 6,5% de las cosechas de salmón del país, posicionándola como un actor clave dentro de una industria altamente competitiva a nivel global.
El caso del jurel es igualmente ilustrativo. En 2025, los desembarques nacionales superaron el millón trescientas mil toneladas, con un crecimiento cercano al 27% respecto del año anterior, consolidándolo como la principal pesquería de Chile. Más aún, el jurel chileno sigue recibiendo la certificación MSC, recientemente renovada por cinco años, reafirmando que es posible combinar volumen industrial, manejo responsable y acceso a muchos mercados.
Camanchaca explica cerca del 19% de las capturas de jurel, participando activamente en una pesquería que se ha transformado en un referente internacional de sostenibilidad y gobernanza basada en ciencia.
Impacto y futuro de la acuicultura en Chile
Más allá de los números, el impacto territorial es profundo. La salmonicultura y la pesca industrial sostienen miles de empleos directos e indirectos, principalmente en las regiones del sur y sur-austral, dinamizando economías locales, proveedores, servicios logísticos y encadenamientos productivos que difícilmente podrían ser igualados y menos reemplazados por otras actividades.
Todo esto ocurre, además, en un contexto global favorable. La acuicultura ya supera a la pesca extractiva como fuente de producción de animales acuáticos a nivel mundial, mientras que organismos de salud recomiendan aumentar el consumo de productos del mar por sus beneficios nutricionales. En un mundo que enfrenta desafíos de seguridad alimentaria y salud pública, proteínas eficientes y de bajo impacto ambiental como el salmón y el jurel adquieren un valor estratégico.
El desafío está en no dar estas ventajas por sentadas. Para sostener y proyectar este aporte se requieren reglas claras, estabilidad regulatoria y políticas públicas que fomenten la inversión, la innovación y la mejora continua. Chile tiene conocimiento, capital humano y recursos naturales; lo que está en juego es la capacidad de convertirlos, de manera consistente, en desarrollo de largo plazo.
Desafíos y oportunidades de la pesca y acuicultura en Chile
Los últimos cuatro años han sido perdidos en materia de política y regulación pública de estos sectores. Se han erosionado la certeza jurídica, la confianza legítima y la eficiencia regulatoria; los órganos regulatorios sectoriales y ambientales son los principales responsables, muy infiltrados de populismo y ambientalismo radicalizado. Algunos ejemplos son la ley de fraccionamiento del jurel y sus irregularidades en su tramitación, el manejo de la ley Lafkenche y SBAP, las guías de la autoridad medioambiental que sobrepasan lo que la ley les permite, la fijación de cuotas, entre otras.
Hoy la atención debiese movilizarse hacia corregir lo mal hecho y a fomentar estas industrias en que Chile posee tantas ventajas y que son tan valoradas en el mundo. Como la mayoría de las veces, las empresas están disponibles y con la vista hacia adelante en todo lo bueno que puede hacerse con esfuerzo y calidad.
El salmón y el jurel no son solo productos de exportación. Son ejemplos concretos de lo que el país puede hacer bien cuando se alinean ciencia, empresa y esfuerzo colectivo.
Por Ricardo García Holtz – CEO CAMANCHACA
El envío de salmón al mundo se consolida como el segundo producto de exportación de Chile, solo superado por el cobre. Junto al jurel, ambos representan dos pilares decisivos del aporte del sector pesquero y acuícola al desarrollo del país.
Exportaciones chilenas de salmón y jurel marcan liderazgo global
En 2025, las exportaciones chilenas de salmón y trucha superaron los US$6.500 millones, con más de un millón de toneladas enviadas a los principales mercados internacionales. Esta cifra no solo refleja escala mundial, sino también consistencia productiva, cumplimiento sanitario y adaptación a consumidores cada vez más exigentes en calidad, trazabilidad y sostenibilidad.
En este contexto, Camanchaca participa de manera relevante con cerca del 6,5% de las cosechas de salmón del país, posicionándola como un actor clave dentro de una industria altamente competitiva a nivel global.
El caso del jurel es igualmente ilustrativo. En 2025, los desembarques nacionales superaron el millón trescientas mil toneladas, con un crecimiento cercano al 27% respecto del año anterior, consolidándolo como la principal pesquería de Chile. Más aún, el jurel chileno sigue recibiendo la certificación MSC, recientemente renovada por cinco años, reafirmando que es posible combinar volumen industrial, manejo responsable y acceso a muchos mercados.
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Camanchaca explica cerca del 19% de las capturas de jurel, participando activamente en una pesquería que se ha transformado en un referente internacional de sostenibilidad y gobernanza basada en ciencia.
Impacto y futuro de la acuicultura en Chile
Más allá de los números, el impacto territorial es profundo. La salmonicultura y la pesca industrial sostienen miles de empleos directos e indirectos, principalmente en las regiones del sur y sur-austral, dinamizando economías locales, proveedores, servicios logísticos y encadenamientos productivos que difícilmente podrían ser igualados y menos reemplazados por otras actividades.
Todo esto ocurre, además, en un contexto global favorable. La acuicultura ya supera a la pesca extractiva como fuente de producción de animales acuáticos a nivel mundial, mientras que organismos de salud recomiendan aumentar el consumo de productos del mar por sus beneficios nutricionales. En un mundo que enfrenta desafíos de seguridad alimentaria y salud pública, proteínas eficientes y de bajo impacto ambiental como el salmón y el jurel adquieren un valor estratégico.
El desafío está en no dar estas ventajas por sentadas. Para sostener y proyectar este aporte se requieren reglas claras, estabilidad regulatoria y políticas públicas que fomenten la inversión, la innovación y la mejora continua. Chile tiene conocimiento, capital humano y recursos naturales; lo que está en juego es la capacidad de convertirlos, de manera consistente, en desarrollo de largo plazo.
Desafíos y oportunidades de la pesca y acuicultura en Chile
Los últimos cuatro años han sido perdidos en materia de política y regulación pública de estos sectores. Se han erosionado la certeza jurídica, la confianza legítima y la eficiencia regulatoria; los órganos regulatorios sectoriales y ambientales son los principales responsables, muy infiltrados de populismo y ambientalismo radicalizado. Algunos ejemplos son la ley de fraccionamiento del jurel y sus irregularidades en su tramitación, el manejo de la ley Lafkenche y SBAP, las guías de la autoridad medioambiental que sobrepasan lo que la ley les permite, la fijación de cuotas, entre otras.
Hoy la atención debiese movilizarse hacia corregir lo mal hecho y a fomentar estas industrias en que Chile posee tantas ventajas y que son tan valoradas en el mundo. Como la mayoría de las veces, las empresas están disponibles y con la vista hacia adelante en todo lo bueno que puede hacerse con esfuerzo y calidad.
El salmón y el jurel no son solo productos de exportación. Son ejemplos concretos de lo que el país puede hacer bien cuando se alinean ciencia, empresa y esfuerzo colectivo.