Rusia continúa fortaleciendo su vínculo comercial con Chile en el ámbito de los productos del mar. Según datos de la Unión del Pescado de Rusia, durante el último año el país europeo importó 64.000 toneladas de pescado chileno, lo que representa un aumento del 28% en volumen y un valor total de 350 millones de dólares, un 35% más que en 2024.
Este crecimiento responde, en parte, a una estrategia de largo plazo impulsada desde el Kremlin para fomentar una dieta con mayor presencia de pescados y mariscos entre la población rusa, así lo reporta la información publicada en BioBio Chile.
El salmón lidera el crecimiento
Dentro de la canasta de productos importados, el salmón chileno se consolidó como el principal motor del aumento. Las compras de salmón congelado crecieron 1,5 veces, alcanzando las 32.000 toneladas por un valor de 210 millones de dólares. A ello se suma el incremento del 40% en las importaciones de filete de salmón, que llegaron a 4.100 toneladas, valorizadas en 42 millones de dólares.
En contraste, las importaciones de salmón del Pacífico disminuyeron un 5% en volumen, hasta las 5.600 toneladas, aunque su valor aumentó en igual proporción, alcanzando los 36 millones de dólares. Desde la Unión del Pescado explicaron esta variación por el aumento de la pesca local rusa de esta especie, que creció un 17%.
Otro dato destacado fue el fuerte salto de la caballa chilena, cuyas importaciones se multiplicaron por siete, hasta 3.000 toneladas, con un valor de 3,7 millones de dólares, ocho veces más que el año anterior.
Una dieta con más pescado, pero aún inaccesible
El aumento de las importaciones se enmarca en una política sostenida del Estado ruso para promover el consumo de pescado. El propio presidente Vladímir Putin ha reconocido que el consumo per cápita anual en Rusia ronda los 23 kilos, por debajo de los 28 kilos recomendados por el Ministerio de Sanidad.
Para revertir esta brecha, el gobierno ha impulsado iniciativas logísticas y campañas de promoción, como el tradicional festival anual del pescado en Moscú, que desde hace casi una década acerca productos del mar de distintas regiones del país a los consumidores urbanos.
No obstante, el alto precio de muchos de estos productos sigue siendo una barrera. En un país donde el poder adquisitivo promedio es limitado, artículos como el caviar de esturión —que puede alcanzar los 110 dólares por cada 100 gramos— quedan reservados mayoritariamente para los sectores de mayores ingresos, mientras el desafío de masificar el consumo de pescado persiste.



















