El precio del petróleo continúa en caída libre. El barril de crudo WTI —marcador clave para Chile— se cotiza en US$ 56,78 en Nueva York, marcando su nivel más bajo desde febrero de 2021. Esta cifra representa una baja del 0,3% respecto al cierre anterior y evidencia un mercado marcado por un notable desequilibrio entre la oferta y la demanda. En paralelo, el Brent, referencia para Europa, se transa en US$ 60,89, cada vez más cerca de sus mínimos pospandemia, así lo publica El Pulso de La Tercera.


Uno de los factores detrás de esta tendencia es el aumento de producción por parte de la OPEP. Solo en octubre se añadieron 500 mil barriles diarios al mercado, y en noviembre, otros 137 mil. Sin embargo, este incremento no ha sido acompañado por un alza equivalente en el consumo global, lo que genera una presión bajista persistente sobre los precios.
Impacto global, alivio local: Chile se beneficia del escenario
Los datos económicos tampoco ayudan a sostener la demanda. En China, el crecimiento interanual fue del 4,8%, por debajo del 5% esperado. En tanto, Estados Unidos enfrenta incertidumbre por la guerra comercial, los aranceles y el riesgo de un cierre del gobierno federal. Todo esto genera un freno en la actividad y, por consiguiente, en la demanda energética.
Además, el mercado petrolero enfrenta un cambio estructural: las energías renovables avanzan con fuerza, desplazando progresivamente a los combustibles fósiles. Al mismo tiempo, el petróleo ha perdido valor comparativo frente a activos como los metales preciosos, mientras que los productores más eficientes están ganando terreno.


Para Chile, un país que importa más del 90% del petróleo que consume, esta baja representa una buena noticia. Disminuyen los costos de importación, se alivian los precios de la energía y el transporte, y se modera el IPC. Todo esto ocurre mientras el cobre —el principal producto de exportación del país— acumula un alza del 22% en lo que va del año, lo que mejora significativamente los términos de intercambio.
















