Equilibrio térmico: La temperatura ideal para el crecimiento del salmón del Atlántico en RAS
Un nuevo estudio desarrollado por investigadores del Inland Fisheries Industrial Institute y la Pukyong National University determinó el punto óptimo del crecimiento a través del análisis del impacto térmico sobre el metabolismo, la salud y la expresión genética del salmón del Atlántico.
Un reciente estudio científico realizado en Corea del Sur determinó que una temperatura del agua cercana a 14 °C ofrece las condiciones más favorables para el crecimiento y la salud del salmón del Atlántico (Salmo salar) cultivado en sistemas de recirculación acuícola (RAS). La investigación analizó durante 60 días cómo distintas temperaturas afectan el desarrollo, los parámetros fisiológicos y las respuestas de estrés del pez, aportando información valiosa para el diseño de estrategias de acuicultura más eficientes y sostenibles.
Un contexto de creciente demanda y necesidad de producción local
El salmón del Atlántico es una de las especies de mayor valor en la acuicultura mundial, concentrando su producción principalmente en Noruega y Chile, que representan cerca del 80 % del total global. En Corea del Sur, donde el consumo de esta especie ha aumentado rápidamente —pasando de 9.400 toneladas importadas en 2010 a más de 77.000 en 2022—, el país enfrenta una fuerte dependencia de las importaciones y fluctuaciones en los precios internacionales.
En respuesta, las autoridades coreanas autorizaron recientemente la importación de ovas fertilizadas para fomentar el desarrollo de una producción nacional de salmón del Atlántico. En este escenario, comprender cómo factores ambientales como la temperatura del agua influyen en el crecimiento y el bienestar del pez es fundamental para establecer bases técnicas sólidas que impulsen la acuicultura local.
Un experimento controlado para evaluar el efecto de la temperatura
El estudio, aprobado por el Comité Institucional para el Cuidado y Uso de Animales de la Universidad Nacional de Pukyong, utilizó salmón triploide (solo hembras) cultivado en un sistema RAS doméstico. Los peces fueron criados a cuatro temperaturas distintas: 10, 14, 18 y 22 °C, bajo condiciones cuidadosamente controladas de oxígeno, pH y calidad del agua.
Durante el ensayo, los investigadores registraron indicadores clave de crecimiento, hematología, bioquímica plasmática y expresión génica asociada al estrés térmico. El objetivo fue identificar el rango térmico óptimo que favoreciera tanto el rendimiento productivo como la estabilidad fisiológica del pez.
Se midieron los niveles de expresión relativa de los genes en los tejidos hepáticos de los alevines de salmón del Atlántico a diferentes temperaturas del agua (10 °C, 14 °C, 18 °C y 22 °C). Créditos: Estudio.
Crecimiento óptimo y equilibrio fisiológico a 14 °C
Los resultados revelaron que los salmones mantenidos a 14 °C mostraron la mayor tasa de crecimiento y eficiencia alimentaria, junto con una actividad antioxidante elevada y estable. A temperaturas más bajas (10 °C), la ingesta de alimento fue menor, mientras que por encima de los 18 °C el crecimiento disminuyó, evidenciando un estrés térmico progresivo.
La supervivencia fue superior al 95 % en todos los grupos, confirmando la alta tolerancia del salmón del Atlántico dentro del rango experimental (10–22 °C). Sin embargo, el análisis molecular indicó que temperaturas iguales o superiores a 18 °C provocaron un aumento en la expresión de proteínas de choque térmico (HSP70, HSP90), típicamente asociadas al estrés por calor.
A su vez, la expresión de genes relacionados con el crecimiento, como IGFBP1A e IGFBP1B, disminuyó a temperaturas elevadas, mientras que los marcadores inmunológicos y antioxidantes (IFNA y tiorredoxina, TRX) se activaron fuertemente a 22 °C, reflejando un esfuerzo compensatorio frente al estrés oxidativo.
Estabilidad metabólica y defensa antioxidante
En términos fisiológicos, los indicadores bioquímicos plasmáticos se mantuvieron estables en la mayoría de los tratamientos, sin alteraciones significativas en glucosa, triglicéridos o colesterol. La glutatión peroxidasa (GPx), una enzima clave en la defensa antioxidante celular, mostró su máxima actividad a 14 °C, lo que sugiere que a esta temperatura el salmón logra un equilibrio entre metabolismo energético y protección frente al daño oxidativo.
Por el contrario, la menor eficiencia alimentaria y la activación de rutas de estrés a 18 y 22 °C indican que las temperaturas más altas comprometen la absorción de nutrientes y la estabilidad celular, lo que podría traducirse en menor rendimiento productivo en ciclos prolongados.
Implicancias para una acuicultura sostenible
Los resultados de esta investigación ofrecen una base científica para optimizar los sistemas de producción del salmón del Atlántico en tierra firme. Mantener la temperatura del agua en torno a 14 °C, y por debajo de 18 °C, no solo mejora la eficiencia alimentaria y el crecimiento, sino que también favorece el bienestar y la resiliencia fisiológica de los peces.
Aunque el ensayo tuvo una duración limitada (60 días), los hallazgos abren la puerta a nuevas investigaciones a largo plazo sobre la esmoltificación, el desempeño en agua de mar y la salud inmunológica del salmón cultivado bajo distintas condiciones térmicas.
En palabras de los autores, “comprender las respuestas fisiológicas y genéticas al cambio de temperatura permitirá a la industria acuícola ajustar sus estrategias de manejo, promoviendo una producción más estable, saludable y sostenible”.
Lea el estudio completo aquí: Effects of Water Temperature on Growth, Hematological Measurements and Stress-Related Gene Expression of Atlantic Salmon (Salmo salar) Parr Reared in a Recirculating Aquaculture System
Un reciente estudio científico realizado en Corea del Sur determinó que una temperatura del agua cercana a 14 °C ofrece las condiciones más favorables para el crecimiento y la salud del salmón del Atlántico (Salmo salar) cultivado en sistemas de recirculación acuícola (RAS). La investigación analizó durante 60 días cómo distintas temperaturas afectan el desarrollo, los parámetros fisiológicos y las respuestas de estrés del pez, aportando información valiosa para el diseño de estrategias de acuicultura más eficientes y sostenibles.
Un contexto de creciente demanda y necesidad de producción local
El salmón del Atlántico es una de las especies de mayor valor en la acuicultura mundial, concentrando su producción principalmente en Noruega y Chile, que representan cerca del 80 % del total global. En Corea del Sur, donde el consumo de esta especie ha aumentado rápidamente —pasando de 9.400 toneladas importadas en 2010 a más de 77.000 en 2022—, el país enfrenta una fuerte dependencia de las importaciones y fluctuaciones en los precios internacionales.
En respuesta, las autoridades coreanas autorizaron recientemente la importación de ovas fertilizadas para fomentar el desarrollo de una producción nacional de salmón del Atlántico. En este escenario, comprender cómo factores ambientales como la temperatura del agua influyen en el crecimiento y el bienestar del pez es fundamental para establecer bases técnicas sólidas que impulsen la acuicultura local.
Un experimento controlado para evaluar el efecto de la temperatura
El estudio, aprobado por el Comité Institucional para el Cuidado y Uso de Animales de la Universidad Nacional de Pukyong, utilizó salmón triploide (solo hembras) cultivado en un sistema RAS doméstico. Los peces fueron criados a cuatro temperaturas distintas: 10, 14, 18 y 22 °C, bajo condiciones cuidadosamente controladas de oxígeno, pH y calidad del agua.
OXZO1200x200
OXZO1200x200
Durante el ensayo, los investigadores registraron indicadores clave de crecimiento, hematología, bioquímica plasmática y expresión génica asociada al estrés térmico. El objetivo fue identificar el rango térmico óptimo que favoreciera tanto el rendimiento productivo como la estabilidad fisiológica del pez.
Se midieron los niveles de expresión relativa de los genes en los tejidos hepáticos de los alevines de salmón del Atlántico a diferentes temperaturas del agua (10 °C, 14 °C, 18 °C y 22 °C). Créditos: Estudio.
Crecimiento óptimo y equilibrio fisiológico a 14 °C
Los resultados revelaron que los salmones mantenidos a 14 °C mostraron la mayor tasa de crecimiento y eficiencia alimentaria, junto con una actividad antioxidante elevada y estable. A temperaturas más bajas (10 °C), la ingesta de alimento fue menor, mientras que por encima de los 18 °C el crecimiento disminuyó, evidenciando un estrés térmico progresivo.
La supervivencia fue superior al 95 % en todos los grupos, confirmando la alta tolerancia del salmón del Atlántico dentro del rango experimental (10–22 °C). Sin embargo, el análisis molecular indicó que temperaturas iguales o superiores a 18 °C provocaron un aumento en la expresión de proteínas de choque térmico (HSP70, HSP90), típicamente asociadas al estrés por calor.
A su vez, la expresión de genes relacionados con el crecimiento, como IGFBP1A e IGFBP1B, disminuyó a temperaturas elevadas, mientras que los marcadores inmunológicos y antioxidantes (IFNA y tiorredoxina, TRX) se activaron fuertemente a 22 °C, reflejando un esfuerzo compensatorio frente al estrés oxidativo.
Estabilidad metabólica y defensa antioxidante
En términos fisiológicos, los indicadores bioquímicos plasmáticos se mantuvieron estables en la mayoría de los tratamientos, sin alteraciones significativas en glucosa, triglicéridos o colesterol. La glutatión peroxidasa (GPx), una enzima clave en la defensa antioxidante celular, mostró su máxima actividad a 14 °C, lo que sugiere que a esta temperatura el salmón logra un equilibrio entre metabolismo energético y protección frente al daño oxidativo.
Por el contrario, la menor eficiencia alimentaria y la activación de rutas de estrés a 18 y 22 °C indican que las temperaturas más altas comprometen la absorción de nutrientes y la estabilidad celular, lo que podría traducirse en menor rendimiento productivo en ciclos prolongados.
Implicancias para una acuicultura sostenible
Los resultados de esta investigación ofrecen una base científica para optimizar los sistemas de producción del salmón del Atlántico en tierra firme. Mantener la temperatura del agua en torno a 14 °C, y por debajo de 18 °C, no solo mejora la eficiencia alimentaria y el crecimiento, sino que también favorece el bienestar y la resiliencia fisiológica de los peces.
Aunque el ensayo tuvo una duración limitada (60 días), los hallazgos abren la puerta a nuevas investigaciones a largo plazo sobre la esmoltificación, el desempeño en agua de mar y la salud inmunológica del salmón cultivado bajo distintas condiciones térmicas.
En palabras de los autores, “comprender las respuestas fisiológicas y genéticas al cambio de temperatura permitirá a la industria acuícola ajustar sus estrategias de manejo, promoviendo una producción más estable, saludable y sostenible”.