Las industrias de la acuicultura y la salmonicultura han sido motores fundamentales para el desarrollo económico y social de Chile. Su aporte al empleo —directo en indirecto— a lo largo de toda la cadena productiva, así como a las exportaciones y al dinamismo de las economías regionales, las posiciona como parte de los sectores más relevantes del país. Al mismo tiempo, es un sector que enfrenta desafíos cada vez más complejos, incluyendo una creciente competencia internacional, la necesidad de innovación tecnológica, la sostenibilidad y la evolución de su marco regulatorio. En este escenario de tensiones y oportunidades, hay un factor que resulta decisivo e impostergable: la formación de aquellas personas que impulsarán estas industrias en los próximos años.
En efecto, al analizar el desarrollo de diversas industrias en distintas economías, se puede ver con claridad que las ventajas competitivas ya no dependen únicamente de los recursos naturales que tienen los países, sino también de la capacidad que dichas naciones muestran para formar talento, sumando conocimiento, capacidad innovadora y nuevas habilidades para un mundo en permanente cambio.
Hoy existen nuevas tecnologías que están revolucionando al mundo, como la robótica, la automatización de procesos y la Inteligencia Artificial, los que han incidido en la forma en que trabajamos, nos relacionamos e incluso en cómo aprendemos. Este proceso transformador se irá profundizando y acelerando hacia el futuro. Por eso, podemos anticipar que los sectores productivos requerirán personas con competencias evolutivas en el tiempo. Aprender a aprender en forma constante no será una alternativa, sino el único camino para adaptarse a los cambios.
Estos desafíos exigen un relacionamiento más estrecho entre empresas e instituciones de educación, de tal forma que estas últimas —y sus docentes— interpreten las necesidades reales de los sectores productivos y de servicios, modificando las mallas curriculares de acuerdo con los últimos avances tecnológicos, innovaciones y soluciones de vanguardia. Se hace también cada vez más necesario que estudiantes accedan a experiencias reales de aprendizaje en las propias empresas: que conozcan las instalaciones, que sepan utilizar maquinarias, que tengan experiencia profesional antes del egreso. Y para quienes ya trabajan en el área, la formación continua a través de cursos de actualización y especialización debe ser una alternativa para que sigan fortaleciendo sus competencias.
Cuando una empresa apuesta por la formación de talentos en las localidades donde opera logra aumentar su competitividad y resultados, generando asimismo oportunidades para que las personas puedan desarrollar sus proyectos de vida sin la necesidad de abandonar sus regiones, robusteciendo el relacionamiento entre la empresa y su comunidad. Un ejemplo concreto de este trabajo es la reciente alianza firmada entre INACAP Sede Puerto Montt y Ventisqueros. El convenio contempla prácticas profesionales, charlas técnicas, inserción laboral y programas de capacitación para trabajadores como parte de una estrategia común de desarrollo integral.
Durante años, la discusión estuvo centrada en cómo hacer crecer la acuicultura y la salmonicultura en Chile. Hoy la pregunta va más allá y está relacionada con una cuestión más profunda y humana: ¿Quiénes harán crecer esta industria? La respuesta requiere de convicción, ya que su desarrollo y crecimiento futuro dependerá de la capacidad que las empresas tengan para innovar y de su compromiso con la formación de los profesionales y técnicos que la impulsarán. Las industrias más innovadoras y competitivas no solo invierten en tecnología, sino que también en las personas que hacen posible la transformación.


















