La trazabilidad de los productos acuáticos ha dejado de ser una métrica de sostenibilidad para convertirse en un factor de solvencia financiera. Un análisis de la iniciativa FAIRR a siete conglomerados globales (incluyendo a Mitsubishi y Thai Union) revela que, pese a duplicar sus promesas públicas, las compañías carecen de planes de ejecución con metas verificables para el cierre de este semestre.
De las siete multinacionales analizadas, ninguna cuenta con una estrategia de implementación integral que cubra todo su portafolio. El reporte subraya que muchas empresas se limitan a trazar sus «especies estrellas», dejando zonas grises en el resto de sus líneas de proceso.
En este marco FAIRR señala que «La trazabilidad no es un accesorio reputacional, es un factor de resiliencia financiera». La organización también señala que el riesgo es sistémico, que va desde la exclusión de mercados clave como la Unión Europea y Estados Unidos, hasta sanciones por pesca ilegal (IUU) o vulneración de derechos humanos en las cadenas de suministro.
Trazabilidad y su importancia
La trazabilidad actúa esencialmente como la historia clínica digital de un pez. Según define el informe, un sistema robusto se caracteriza por su capacidad de rastrear el recorrido completo del producto, desde su origen hasta el punto de venta final.
Para ser considerado efectivo, este sistema debe tener un alcance que cubra el 100% de los productos y no solo especies seleccionadas, y una profundidad que abarque toda la cadena de valor, desde los ingredientes del alimento (feed) hasta el retail.
Además, debe contar con la amplitud necesaria para recopilar datos detallados en cada etapa y operar bajo un formato digital e interoperable, permitiendo que la información fluya sin barreras entre los distintos actores de la industria.
El costo del fraude invisible
Esta falta de control corporativo tiene una consecuencia directa en el mercado, según la FAO (Food and Agriculture Organization of the United Nations), llegando a transformarse en un «Fraude Alimentario».
En el marco del Día de la Mujer en la Ciencia, la experta de la FAO, Esther Garrido Gamarro, advirtió que la sustitución de especies y el etiquetado engañoso son prácticas extendidas que aprovechan la complejidad de la cadena de valor.
Con más de 12.000 especies comercializadas a nivel global, el incentivo para hacer pasar un producto de bajo costo por uno premium (como el salmón silvestre) es alto. Sin embargo, el problema no es solo económico. La FAO destaca que fallas en la cadenas de frío y procesos de congelación sucesivos pueden disparar niveles de histamina, convirtiendo este fraude comercial en un grave riesgo sanitario.
Impacto en la industria local
Para el sector acuícola chileno, estas noticias son un llamado de atención sobre la importancia de estandarizar la data. La ciencia hoy ofrece herramientas como el análisis de isótopos y la secuenciación de ADN de la nueva generación, pero estas solo son efectivas si se integran en sistemas digitales interoperables bajo el estándar GDST.
La oportunidad es gigante. Invertir apenas el 1% de las ventas en sistemas de trazabilidad digital podría elevar la rentabilidad de la industria en un 60%, gracias a la reducción de mermas y la eficiencia en la logística.
Sin embargo, la presión no bajará. En mayo de este año se lanzará la tercera fase del compromiso de inversionistas coordinado por FAIRR donde se exigirá que la trazabilidad sea digital y verificada.


















