¿Y si las emisiones contaminantes pudieran convertirse en recursos nutritivos? Eso es exactamente lo que busca demostrar un innovador proyecto noruego que está transformando el dióxido de carbono industrial en microalgas, utilizadas como ingrediente sostenible en la alimentación del salmón de cultivo.
La iniciativa, impulsada por un consorcio que une a Nofima, SINTEF y la Universidad Ártica de Noruega (UiT), ha logrado cultivar algas directamente a partir del CO₂ emitido por la planta de ferrosilicio Finnfjord AS, en el norte del país. El objetivo es ambicioso: reaprovechar las más de 300.000 toneladas de gases que genera la planta anualmente para producir un ingrediente alternativo y ecológico que reemplace el cada vez más escaso aceite de pescado en la acuicultura.
Del CO₂ al salmón: algas que nutren y limpian
El investigador sénior Sten Siikavuopio, quien encabeza el trabajo de Nofima en este proyecto, explicó que las microalgas utilizadas son especialmente valiosas porque contienen altos niveles de ácidos grasos esenciales como DHA y EPA, claves para la salud de los peces.
“El salmón crece bien con el alimento a base de algas y mantiene una buena salud. Hemos visto resultados muy positivos durante todo el ciclo de crecimiento”, afirmó Siikavuopio.
Las algas se cultivan en grandes tanques instalados en la propia fundición de Finnfjord, donde se infunden con CO₂ directamente del proceso industrial. Este proceso biotecnológico no solo captura carbono, sino que también produce una biomasa útil para la cadena alimentaria acuícola.
Aunque al comienzo solo un 3% del alimento podía incorporar algas debido al contenido de agua, mejoras en la tecnología de separación han permitido aumentar esa proporción hasta el 15%. Actualmente, estos nuevos alimentos están siendo probados en Flakstadvåg Laks AS, una instalación salmonera ubicada en la isla de Senja.
El equipo científico subraya que aún hay camino por recorrer: se estudian nuevas especies de microalgas y se busca definir el límite óptimo de inclusión en las dietas del salmón. Pero los primeros resultados apuntan a una promesa clara: transformar la contaminación en nutrición.



















