Cuando se analiza la evolución de la acuicultura en Chile, y en particular de la salmonicultura, es imprescindible reconocer que la innovación ha estado presente desde el origen. No ha sido un salto milagroso ni un golpe de suerte: ha sido un proceso. Un proceso sostenido de aprendizaje, adaptación y reinvención que ha convertido al sur de Chile en un referente mundial y un caso de desarrollo transferible a países emergentes en esta actividad en diversos lugares del planeta.
Innovación y Resiliencia
Lo que comenzó como una actividad experimental impulsada por políticas públicas que buscaban diversificar la matriz productiva y dinamizar zonas rezagadas del país, pronto se transformó en un clúster industrial. Un ecosistema complejo que articuló capacidades académicas, tecnológicas, empresariales y del Estado. Así lo plantea en su columna de opinión publicada en El Llanquihue el director ejecutivo del Club Innovación Acuícola y secretario técnico del Plan Innova Puerto Montt.
Así, Chile no solo aprovechó sus ventajas comparativas naturales para esta actividad, sino que construyó ventajas competitivas basadas en ciencia, talento humano y colaboración.
La crisis sanitaria de 2007, con el virus ISA como causante, fue un punto de inflexión. Cayó la productividad, se debilitó la confianza en el sector, quedó al desnudo la debilidad de un marco regulatorio débilmente basado en ciencia y se evidenció la necesidad de fortalecer la investigación, desarrollo e innovación.
Pero fue también una oportunidad para cambiar el modelo. Surgió una nueva etapa: innovación asociativa, regulación más estricta, mayor bioseguridad, avances en genética, dietas funcionales, trazabilidad y vigilancia ambiental. La respuesta fue colectiva, y con ella, la resiliencia de toda una industria.
Desafíos con innovación
Hoy, frente a desafíos inéditos como el cambio climático, la sostenibilidad social, la economía circular y nuevas exigencias de los mercados, la salmonicultura chilena vuelve a echar mano de su mejor herramienta: la innovación. Y esta vez lo hace con una colaboración más amplia -la llamada cuádruple hélice- y con tecnologías digitales que aceleran la transformación.
Esto ha atraído investigación, desarrollo y una suma de talentos que han avanzado a fortalecer un ecosistema que se puede expandir, aún más en el marco del recientemente iniciado «Plan Innova Puerto Montt».
En esta etapa de desarrollo de la industria, sobresale el Club Innovación Acuícola, que ha sido un verdadero catalizador, promoviendo alianzas, fortaleciendo capacidades empresariales y conectando al ecosistema con tendencias globales.
Chile no solo sigue innovando, sino que lo hace con conciencia de futuro. Apostando por una salmonicultura cada vez más sostenible, productiva e inclusiva. Los hechos demuestran que la innovación no solo ha sido una estrategia: es parte del ADN de la salmonicultura chilena, y es, sin duda, la clave de su resiliencia y proyección internacional.



















