Nueva evidencia revela las claves para prevenir la nefrocalcinosis antes de que el salmón llegue al mar
Marius Takvam, investigador de la University of Bergen, presentó nueva evidencia que redefine el origen de los trastornos renales en sistemas de cultivo en tierra. Sus hallazgos apuntan a un problema multifactorial donde el manejo del CO₂, la alimentación, el fotoperiodo y la temperatura pueden marcar la diferencia entre un smolt robusto y un pez comprometido antes de llegar al mar.
La nefrocalcinosis continúa siendo el principal trastorno productivo en las pisciculturas de salmón en Noruega, pese a décadas de investigación y a los avances tecnológicos en los sistemas de recirculación (RAS) y flujo abierto.
Así lo expuso el investigador Marius Takvam, de la University of Bergen, durante el Salmon Biology Webinar de Pathovet Labs, donde presentó nuevos resultados que permiten comprender con mayor precisión cómo se desarrolla esta enfermedad y, sobre todo, qué medidas prácticas pueden reducir significativamente su aparición.
Su principal conclusión señala que la nefrocalcinosis no responde a un único factor, sino a la interacción de múltiples variables ambientales y nutricionales que terminan alterando la fisiología renal del pez.
Más que cálculos renales
La nefrocalcinosis corresponde a la formación de depósitos minerales —principalmente fosfato de calcio— dentro de los nefrones, las unidades funcionales encargadas de filtrar la sangre y regular el equilibrio osmótico y ácido-base del organismo.
A medida que estos cristales crecen, obstruyen los túbulos renales y deterioran progresivamente la función del riñón. Sin embargo, Takvam explicó que las investigaciones recientes muestran un escenario aún más complejo.
«Hoy no solo observamos mineralización en los riñones. También estamos encontrando vejigas urinarias completamente obstruidas por depósitos minerales, lo que desencadena un síndrome cardiorrenal con corazones agrandados, edema y graves alteraciones en la regulación osmótica», señaló.
En los casos más severos, estas lesiones terminan provocando altas mortalidades, mientras que los peces que sobreviven llegan al mar con una condición fisiológica comprometida, haciéndolos mucho más susceptibles a enfermedades secundarias.
El CO₂ emerge como el principal detonante
Tras monitorear cinco poblaciones comerciales de salmón Atlántico junto con cerca de un centenar de variables relacionadas con calidad de agua, alimentación e histología, el equipo identificó un patrón consistente.
Las concentraciones elevadas y, especialmente, las fluctuaciones de CO₂ fueron el factor con mayor asociación al inicio y progresión de la nefrocalcinosis.
El investigador explicó que los cambios bruscos de CO₂ alteran el equilibrio ácido-base del pez, elevando el pH de la orina. Cuando ese pH supera aproximadamente 6,8, comienzan a precipitar los cristales de fosfato de calcio.
Así entonces, los experimentos realizados con orina sintética confirmaron este mecanismo. Al simular una disminución rápida del CO₂ —como ocurre cuando los peces son trasladados entre estanques— el pH urinario aumentó abruptamente, generando una intensa precipitación mineral. Este fenómeno se intensificó aún más cuando coexistían altas concentraciones de calcio y fósforo.
El problema comienza mucho antes del mar
Uno de los hallazgos más relevantes fue determinar que los primeros signos de nefrocalcinosis aparecen durante las etapas iniciales de alimentación, cuando los peces apenas alcanzan entre 1,8 y 5,5 gramos.
Esto sugiere que el origen del problema puede instalarse mucho antes del proceso de esmoltificación. Takvam explicó que, “durante esa etapa, las dietas iniciales suelen contener elevadas concentraciones de calcio y fósforo”, apuntó.
Los ensayos experimentales demostraron que incrementar el contenido mineral del alimento aumenta la incidencia de la enfermedad, especialmente cuando coincide con fluctuaciones de CO₂.
Según el investigador, el exceso de minerales no necesariamente provoca la enfermedad por sí solo, pero sí predispone al pez cuando el ambiente deja de ser fisiológicamente estable.
El fotoperiodo también protege al riñón
Otro resultado que llamó la atención fue el efecto del programa lumínico. Las poblaciones mantenidas bajo iluminación continua desarrollaron una incidencia considerablemente mayor de nefrocalcinosis que aquellas sometidas a señales de invierno y primavera para inducir la esmoltificación.
Incluso, los mejores resultados se obtuvieron cuando el «invierno artificial» se extendió durante aproximadamente diez semanas.
De acuerdo con Takvam, estas señales ambientales permiten remodelar el riñón antes del ingreso al agua de mar, preparándolo para eliminar adecuadamente el exceso de minerales propio del ambiente marino.
Sin esa preparación fisiológica, el órgano pierde capacidad para manejar la carga mineral proveniente tanto del agua como de la dieta.
Temperatura: el acelerador de la enfermedad
La temperatura apareció como otro factor determinante. Los ensayos mostraron que la precipitación mineral aumenta considerablemente cuando el agua supera los 12 °C.
Si bien el investigador aclaró que la temperatura no inicia necesariamente la enfermedad, sí acelera la formación de cristales cuando el proceso ya ha comenzado.
En los experimentos, la progresión fue mucho más rápida entre 12 y 18 °C, mientras que por debajo de 12 °C el riesgo disminuyó significativamente.
Preguntas clave sobre la nefrocalcinosis
¿A qué pH de la orina comienza a precipitar el fosfato de calcio?
Cuando el pH urinario supera aproximadamente 6,8, comienzan a precipitar los cristales de fosfato de calcio que causan la nefrocalcinosis.
¿A qué temperatura del agua aumenta el riesgo de nefrocalcinosis?
El riesgo aumenta significativamente cuando el agua supera los 12°C, con progresión más rápida entre 12°C y 18°C. Por debajo de 12°C, el riesgo disminuye considerablemente.
Tabla resumen: umbrales críticos
Factor
Umbral / Rango crítico
Efecto
CO₂
Fluctuaciones bruscas
Eleva el pH urinario y dispara la precipitación mineral
pH urinario
Mayor a 6,8
Comienza la precipitación de fosfato de calcio
Temperatura del agua
Mayor a 12°C (más rápido entre 12-18°C)
Acelera la formación de cristales
Peso del pez (primeros signos)
1,8 a 5,5 gramos
Etapa donde aparecen los primeros signos
Fotoperiodo («invierno artificial»)
Aproximadamente 10 semanas
Mejora la remodelación renal antes de la esmoltificación
Medidas prácticas para prevenir la nefrocalcinosis
Sobre la base de los resultados obtenidos tanto en centros de cultivo comerciales como en ensayos experimentales, Marius Takvam planteó una serie de medidas de manejo que, a su juicio, pueden contribuir significativamente a disminuir la incidencia de la nefrocalcinosis en sistemas de cultivo en tierra.
Una de las principales recomendaciones apunta a reducir las concentraciones y, especialmente, las fluctuaciones de CO₂ en los estanques, mejorando la capacidad de desgasificación de las instalaciones y realizando las mediciones directamente dentro de los tanques. Según explicó, las mediciones efectuadas en sumideros o en los puntos de salida del agua suelen subestimar la exposición real que enfrentan los peces.
El investigador también sugirió revisar las estrategias de regulación del pH del agua. En aquellos sistemas donde sea posible, recomendó reemplazar los tampones a base de calcio por alternativas que no incorporen este mineral al sistema, evitando así aumentar la disponibilidad de calcio que posteriormente debe ser eliminada por el riñón.
Otra medida considerada clave es la implementación de protocolos adecuados de fotoperiodo. Takvam destacó que respetar las señales de invierno y primavera antes de la esmoltificación favorece la remodelación fisiológica del riñón, preparando al pez para enfrentar la mayor carga mineral que supone el ingreso al agua de mar.
En la misma línea, aconsejó minimizar el uso de salinidad o sales marinas antes de que el riñón complete su desarrollo funcional, ya que una exposición prematura puede incrementar el riesgo de mineralización renal.
Respecto de la nutrición, el investigador llamó a revisar la composición mineral de las dietas de inicio y de transición, evitando aportes excesivos de calcio y fósforo que puedan predisponer a los peces al desarrollo de nefrocalcinosis, especialmente cuando coinciden con condiciones ambientales desfavorables.
Asimismo, advirtió sobre la importancia de controlar la acumulación de fósforo en los sistemas de recirculación (RAS), debido a que este elemento podría aumentar la carga mineral que finalmente debe ser excretada por el organismo.
Finalmente, Takvam recomendó mantener un estricto control de la temperatura del agua, señalando que, una vez iniciados los procesos de mineralización, temperaturas superiores a 12 °C aceleran la formación de cristales y favorecen la progresión del daño renal.
Una mirada más amplia al bienestar del pez
Más allá de la nefrocalcinosis, Takvam planteó que los trastornos renales podrían estar estrechamente relacionados con problemas cardiovasculares observados en pisciculturas terrestres.
Los peces con obstrucción completa de la vejiga urinaria desarrollan corazones agrandados, edema sistémico y una marcada incapacidad para eliminar agua, un cuadro que recuerda la estrecha relación entre enfermedades cardíacas y renales descrita en medicina humana.
«Nos preocupa especialmente el pez que sobrevive con nefrocalcinosis moderada. No necesariamente muere antes de llegar al mar, pero se transforma en un individuo fisiológicamente debilitado y mucho más vulnerable a infecciones secundarias», advirtió el investigador.
Finalmente, su mensaje al cierre fue que, aunque algunos factores ambientales son difíciles de controlar completamente, la industria sí puede gestionar variables críticas como el CO₂, el fotoperiodo, la composición del alimento y la temperatura.
En otras palabras, prevenir la nefrocalcinosis no depende de una única solución tecnológica, sino de sincronizar correctamente las señales ambientales y nutricionales con el desarrollo fisiológico del salmón, fortaleciendo así la calidad del smolt antes de su transferencia al mar.
La nefrocalcinosis continúa siendo el principal trastorno productivo en las pisciculturas de salmón en Noruega, pese a décadas de investigación y a los avances tecnológicos en los sistemas de recirculación (RAS) y flujo abierto.
Así lo expuso el investigador Marius Takvam, de la University of Bergen, durante el Salmon Biology Webinar de Pathovet Labs, donde presentó nuevos resultados que permiten comprender con mayor precisión cómo se desarrolla esta enfermedad y, sobre todo, qué medidas prácticas pueden reducir significativamente su aparición.
Su principal conclusión señala que la nefrocalcinosis no responde a un único factor, sino a la interacción de múltiples variables ambientales y nutricionales que terminan alterando la fisiología renal del pez.
Más que cálculos renales
La nefrocalcinosis corresponde a la formación de depósitos minerales —principalmente fosfato de calcio— dentro de los nefrones, las unidades funcionales encargadas de filtrar la sangre y regular el equilibrio osmótico y ácido-base del organismo.
OXZO1200x200
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A medida que estos cristales crecen, obstruyen los túbulos renales y deterioran progresivamente la función del riñón. Sin embargo, Takvam explicó que las investigaciones recientes muestran un escenario aún más complejo.
«Hoy no solo observamos mineralización en los riñones. También estamos encontrando vejigas urinarias completamente obstruidas por depósitos minerales, lo que desencadena un síndrome cardiorrenal con corazones agrandados, edema y graves alteraciones en la regulación osmótica», señaló.
En los casos más severos, estas lesiones terminan provocando altas mortalidades, mientras que los peces que sobreviven llegan al mar con una condición fisiológica comprometida, haciéndolos mucho más susceptibles a enfermedades secundarias.
El CO₂ emerge como el principal detonante
Tras monitorear cinco poblaciones comerciales de salmón Atlántico junto con cerca de un centenar de variables relacionadas con calidad de agua, alimentación e histología, el equipo identificó un patrón consistente.
Las concentraciones elevadas y, especialmente, las fluctuaciones de CO₂ fueron el factor con mayor asociación al inicio y progresión de la nefrocalcinosis.
El investigador explicó que los cambios bruscos de CO₂ alteran el equilibrio ácido-base del pez, elevando el pH de la orina. Cuando ese pH supera aproximadamente 6,8, comienzan a precipitar los cristales de fosfato de calcio.
Así entonces, los experimentos realizados con orina sintética confirmaron este mecanismo. Al simular una disminución rápida del CO₂ —como ocurre cuando los peces son trasladados entre estanques— el pH urinario aumentó abruptamente, generando una intensa precipitación mineral. Este fenómeno se intensificó aún más cuando coexistían altas concentraciones de calcio y fósforo.
El problema comienza mucho antes del mar
Uno de los hallazgos más relevantes fue determinar que los primeros signos de nefrocalcinosis aparecen durante las etapas iniciales de alimentación, cuando los peces apenas alcanzan entre 1,8 y 5,5 gramos.
Esto sugiere que el origen del problema puede instalarse mucho antes del proceso de esmoltificación. Takvam explicó que, “durante esa etapa, las dietas iniciales suelen contener elevadas concentraciones de calcio y fósforo”, apuntó.
Los ensayos experimentales demostraron que incrementar el contenido mineral del alimento aumenta la incidencia de la enfermedad, especialmente cuando coincide con fluctuaciones de CO₂.
Según el investigador, el exceso de minerales no necesariamente provoca la enfermedad por sí solo, pero sí predispone al pez cuando el ambiente deja de ser fisiológicamente estable.
El fotoperiodo también protege al riñón
Otro resultado que llamó la atención fue el efecto del programa lumínico. Las poblaciones mantenidas bajo iluminación continua desarrollaron una incidencia considerablemente mayor de nefrocalcinosis que aquellas sometidas a señales de invierno y primavera para inducir la esmoltificación.
Incluso, los mejores resultados se obtuvieron cuando el «invierno artificial» se extendió durante aproximadamente diez semanas.
De acuerdo con Takvam, estas señales ambientales permiten remodelar el riñón antes del ingreso al agua de mar, preparándolo para eliminar adecuadamente el exceso de minerales propio del ambiente marino.
Sin esa preparación fisiológica, el órgano pierde capacidad para manejar la carga mineral proveniente tanto del agua como de la dieta.
Temperatura: el acelerador de la enfermedad
La temperatura apareció como otro factor determinante. Los ensayos mostraron que la precipitación mineral aumenta considerablemente cuando el agua supera los 12 °C.
Si bien el investigador aclaró que la temperatura no inicia necesariamente la enfermedad, sí acelera la formación de cristales cuando el proceso ya ha comenzado.
En los experimentos, la progresión fue mucho más rápida entre 12 y 18 °C, mientras que por debajo de 12 °C el riesgo disminuyó significativamente.
Preguntas clave sobre la nefrocalcinosis
¿A qué pH de la orina comienza a precipitar el fosfato de calcio?
Cuando el pH urinario supera aproximadamente 6,8, comienzan a precipitar los cristales de fosfato de calcio que causan la nefrocalcinosis.
¿A qué temperatura del agua aumenta el riesgo de nefrocalcinosis?
El riesgo aumenta significativamente cuando el agua supera los 12°C, con progresión más rápida entre 12°C y 18°C. Por debajo de 12°C, el riesgo disminuye considerablemente.
Tabla resumen: umbrales críticos
Factor
Umbral / Rango crítico
Efecto
CO₂
Fluctuaciones bruscas
Eleva el pH urinario y dispara la precipitación mineral
pH urinario
Mayor a 6,8
Comienza la precipitación de fosfato de calcio
Temperatura del agua
Mayor a 12°C (más rápido entre 12-18°C)
Acelera la formación de cristales
Peso del pez (primeros signos)
1,8 a 5,5 gramos
Etapa donde aparecen los primeros signos
Fotoperiodo («invierno artificial»)
Aproximadamente 10 semanas
Mejora la remodelación renal antes de la esmoltificación
Medidas prácticas para prevenir la nefrocalcinosis
Sobre la base de los resultados obtenidos tanto en centros de cultivo comerciales como en ensayos experimentales, Marius Takvam planteó una serie de medidas de manejo que, a su juicio, pueden contribuir significativamente a disminuir la incidencia de la nefrocalcinosis en sistemas de cultivo en tierra.
Una de las principales recomendaciones apunta a reducir las concentraciones y, especialmente, las fluctuaciones de CO₂ en los estanques, mejorando la capacidad de desgasificación de las instalaciones y realizando las mediciones directamente dentro de los tanques. Según explicó, las mediciones efectuadas en sumideros o en los puntos de salida del agua suelen subestimar la exposición real que enfrentan los peces.
El investigador también sugirió revisar las estrategias de regulación del pH del agua. En aquellos sistemas donde sea posible, recomendó reemplazar los tampones a base de calcio por alternativas que no incorporen este mineral al sistema, evitando así aumentar la disponibilidad de calcio que posteriormente debe ser eliminada por el riñón.
Otra medida considerada clave es la implementación de protocolos adecuados de fotoperiodo. Takvam destacó que respetar las señales de invierno y primavera antes de la esmoltificación favorece la remodelación fisiológica del riñón, preparando al pez para enfrentar la mayor carga mineral que supone el ingreso al agua de mar.
En la misma línea, aconsejó minimizar el uso de salinidad o sales marinas antes de que el riñón complete su desarrollo funcional, ya que una exposición prematura puede incrementar el riesgo de mineralización renal.
Respecto de la nutrición, el investigador llamó a revisar la composición mineral de las dietas de inicio y de transición, evitando aportes excesivos de calcio y fósforo que puedan predisponer a los peces al desarrollo de nefrocalcinosis, especialmente cuando coinciden con condiciones ambientales desfavorables.
Asimismo, advirtió sobre la importancia de controlar la acumulación de fósforo en los sistemas de recirculación (RAS), debido a que este elemento podría aumentar la carga mineral que finalmente debe ser excretada por el organismo.
Finalmente, Takvam recomendó mantener un estricto control de la temperatura del agua, señalando que, una vez iniciados los procesos de mineralización, temperaturas superiores a 12 °C aceleran la formación de cristales y favorecen la progresión del daño renal.
Una mirada más amplia al bienestar del pez
Más allá de la nefrocalcinosis, Takvam planteó que los trastornos renales podrían estar estrechamente relacionados con problemas cardiovasculares observados en pisciculturas terrestres.
Los peces con obstrucción completa de la vejiga urinaria desarrollan corazones agrandados, edema sistémico y una marcada incapacidad para eliminar agua, un cuadro que recuerda la estrecha relación entre enfermedades cardíacas y renales descrita en medicina humana.
«Nos preocupa especialmente el pez que sobrevive con nefrocalcinosis moderada. No necesariamente muere antes de llegar al mar, pero se transforma en un individuo fisiológicamente debilitado y mucho más vulnerable a infecciones secundarias», advirtió el investigador.
Finalmente, su mensaje al cierre fue que, aunque algunos factores ambientales son difíciles de controlar completamente, la industria sí puede gestionar variables críticas como el CO₂, el fotoperiodo, la composición del alimento y la temperatura.
En otras palabras, prevenir la nefrocalcinosis no depende de una única solución tecnológica, sino de sincronizar correctamente las señales ambientales y nutricionales con el desarrollo fisiológico del salmón, fortaleciendo así la calidad del smolt antes de su transferencia al mar.