Hipoxia: el riesgo que podría limitar la productividad del salmón en las próximas décadas
Una revisión científica elaborada por investigadores de SPAROS Lda., la University of Bergen, BioMar y el Institute of Marine Research concluye que la disminución del oxígeno disuelto se perfila como uno de los mayores desafíos para la salmonicultura frente al avance del cambio climático.
Una extensa revisión publicada en Aquaculture Reports advierte que la disminución del oxígeno disuelto ya no puede abordarse solo como una contingencia operacional. Los investigadores sostienen que el calentamiento de las aguas, el aumento de la biomasa y la mayor frecuencia de eventos climáticos extremos obligarán a la industria a adoptar un manejo predictivo basado en monitoreo en tiempo real, modelos digitales y nuevas estrategias productivas.
La hipoxia —la reducción del oxígeno disponible en el agua— está dejando de ser un problema puntual para convertirse en uno de los principales desafíos estructurales de la salmonicultura mundial. Esa es la principal conclusión de una revisión científica publicada recientemente en Aquaculture Reports, que reúne la evidencia más actual sobre cómo este fenómeno afecta la fisiología, el bienestar y el rendimiento productivo del salmón Atlántico.
El trabajo, liderado por investigadores de la Universidad de Bergen junto a especialistas del Instituto de Investigación Marina de Noruega, la empresa BioMar y SPAROS Lda., plantea que la combinación entre cambio climático, mayores temperaturas, estratificación de la columna de agua, proliferación de floraciones algales nocivas y altas densidades de cultivo reducirá cada vez más la disponibilidad de oxígeno en los centros de cultivo, incrementando el riesgo para la producción.
Mucho más que un problema de oxígeno
Los autores enfatizan que la hipoxia no solo disminuye el oxígeno disponible para los peces. También desencadena una cascada de respuestas fisiológicas que comprometen prácticamente todos los aspectos de la producción.
Cuando el oxígeno comienza a disminuir, el salmón reduce progresivamente su consumo de alimento, modifica su metabolismo, aumenta su respuesta al estrés y destina más energía a mantener funciones vitales, en detrimento del crecimiento. A medida que las condiciones empeoran también disminuye su capacidad de enfrentar enfermedades, soportar manejos productivos e incluso mantener un comportamiento normal.
Según la revisión, esta pérdida de desempeño ocurre antes de que aparezcan mortalidades masivas, por lo que los impactos económicos comienzan mucho antes de que la situación sea considerada crítica.
El cambio climático estrecha el margen de seguridad
Uno de los mensajes más relevantes del estudio es que temperatura y oxígeno ya no pueden analizarse por separado.
A medida que aumenta la temperatura del agua disminuye la capacidad del agua para retener oxígeno, mientras que simultáneamente aumenta el requerimiento metabólico de los peces. Como consecuencia, el margen de seguridad fisiológica del salmón se reduce considerablemente.
Los investigadores advierten que esta combinación hará que los episodios de hipoxia sean más frecuentes, prolongados e intensos durante las próximas décadas, particularmente durante el verano y comienzos del otoño.
Fig. 3. Resumen conceptual de los efectos de la hipoxia sobre el transporte de oxígeno, el metabolismo celular y la distribución de energía en el salmón del Atlántico. Créditos: Estudio.
El primer síntoma es la alimentación
Desde el punto de vista productivo, la reducción del consumo de alimento aparece como uno de los indicadores más sensibles.
La revisión muestra que el apetito comienza a disminuir antes de alcanzar niveles críticos de oxígeno, afectando directamente la tasa de crecimiento y la planificación productiva. Además, alimentar bajo condiciones de bajo oxígeno incrementa el riesgo de pérdidas de alimento y aumenta la carga orgánica bajo las balsas jaula.
Los autores sostienen que las decisiones de alimentación deberían considerar simultáneamente variables como temperatura, tamaño del pez y concentración de oxígeno, en lugar de utilizar umbrales fijos.
El bienestar animal también está en juego
La revisión dedica un apartado importante al bienestar animal. Los peces sometidos a hipoxia presentan mayores niveles de cortisol, alteraciones osmóticas, disminución de la respuesta inmune y una mayor susceptibilidad frente a enfermedades y otros factores de estrés propios de la producción comercial.
Incluso patologías que afectan las branquias o infestaciones por caligus incrementan el consumo energético basal del pez, reduciendo aún más su tolerancia a condiciones de bajo oxígeno.
La solución apunta al manejo predictivo
Más allá de describir el problema, los investigadores proponen un cambio de enfoque para la industria.
En lugar de reaccionar cuando aparecen episodios de hipoxia, plantean avanzar hacia una gestión predictiva basada en monitoreo continuo del oxígeno dentro de las jaulas, sensores ambientales de alta resolución, modelos matemáticos, inteligencia artificial y «gemelos digitales» capaces de anticipar situaciones de riesgo antes de que afecten a los peces.
A ello se suman tecnologías de oxigenación y aireación más eficientes, mejoras en el diseño de centros de cultivo, estrategias adaptativas de alimentación, nutrición funcional e incluso programas de selección genética orientados a desarrollar salmones más tolerantes a condiciones de bajo oxígeno.
Una agenda de investigación para la próxima década
Pese al importante avance científico, los autores reconocen que todavía existen numerosas interrogantes. Entre ellas destacan los mecanismos que regulan la pérdida de apetito, los procesos genéticos asociados a la tolerancia a la hipoxia, la recuperación fisiológica después de episodios de bajo oxígeno y la respuesta de salmones de mayor tamaño bajo condiciones comerciales donde interactúan simultáneamente múltiples factores ambientales.
Para los investigadores, responder estas preguntas será fundamental para que la salmonicultura mantenga su productividad en un escenario de cambio climático.
Más que una revisión sobre fisiología, el estudio plantea una hoja de ruta para el futuro de la industria: integrar biología, monitoreo ambiental y herramientas predictivas para transformar la gestión de la hipoxia desde un modelo reactivo hacia una producción más resiliente, eficiente y centrada en el bienestar de los peces.
Lea el estudio completo aquí: Hypoxia in Atlantic salmon aquaculture: Current understanding and the way forward toward mitigation and predictive management
Una extensa revisión publicada en Aquaculture Reports advierte que la disminución del oxígeno disuelto ya no puede abordarse solo como una contingencia operacional. Los investigadores sostienen que el calentamiento de las aguas, el aumento de la biomasa y la mayor frecuencia de eventos climáticos extremos obligarán a la industria a adoptar un manejo predictivo basado en monitoreo en tiempo real, modelos digitales y nuevas estrategias productivas.
La hipoxia —la reducción del oxígeno disponible en el agua— está dejando de ser un problema puntual para convertirse en uno de los principales desafíos estructurales de la salmonicultura mundial. Esa es la principal conclusión de una revisión científica publicada recientemente en Aquaculture Reports, que reúne la evidencia más actual sobre cómo este fenómeno afecta la fisiología, el bienestar y el rendimiento productivo del salmón Atlántico.
El trabajo, liderado por investigadores de la Universidad de Bergen junto a especialistas del Instituto de Investigación Marina de Noruega, la empresa BioMar y SPAROS Lda., plantea que la combinación entre cambio climático, mayores temperaturas, estratificación de la columna de agua, proliferación de floraciones algales nocivas y altas densidades de cultivo reducirá cada vez más la disponibilidad de oxígeno en los centros de cultivo, incrementando el riesgo para la producción.
Mucho más que un problema de oxígeno
Los autores enfatizan que la hipoxia no solo disminuye el oxígeno disponible para los peces. También desencadena una cascada de respuestas fisiológicas que comprometen prácticamente todos los aspectos de la producción.
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Cuando el oxígeno comienza a disminuir, el salmón reduce progresivamente su consumo de alimento, modifica su metabolismo, aumenta su respuesta al estrés y destina más energía a mantener funciones vitales, en detrimento del crecimiento. A medida que las condiciones empeoran también disminuye su capacidad de enfrentar enfermedades, soportar manejos productivos e incluso mantener un comportamiento normal.
Según la revisión, esta pérdida de desempeño ocurre antes de que aparezcan mortalidades masivas, por lo que los impactos económicos comienzan mucho antes de que la situación sea considerada crítica.
El cambio climático estrecha el margen de seguridad
Uno de los mensajes más relevantes del estudio es que temperatura y oxígeno ya no pueden analizarse por separado.
A medida que aumenta la temperatura del agua disminuye la capacidad del agua para retener oxígeno, mientras que simultáneamente aumenta el requerimiento metabólico de los peces. Como consecuencia, el margen de seguridad fisiológica del salmón se reduce considerablemente.
Los investigadores advierten que esta combinación hará que los episodios de hipoxia sean más frecuentes, prolongados e intensos durante las próximas décadas, particularmente durante el verano y comienzos del otoño.
Fig. 3. Resumen conceptual de los efectos de la hipoxia sobre el transporte de oxígeno, el metabolismo celular y la distribución de energía en el salmón del Atlántico. Créditos: Estudio.
El primer síntoma es la alimentación
Desde el punto de vista productivo, la reducción del consumo de alimento aparece como uno de los indicadores más sensibles.
La revisión muestra que el apetito comienza a disminuir antes de alcanzar niveles críticos de oxígeno, afectando directamente la tasa de crecimiento y la planificación productiva. Además, alimentar bajo condiciones de bajo oxígeno incrementa el riesgo de pérdidas de alimento y aumenta la carga orgánica bajo las balsas jaula.
Los autores sostienen que las decisiones de alimentación deberían considerar simultáneamente variables como temperatura, tamaño del pez y concentración de oxígeno, en lugar de utilizar umbrales fijos.
El bienestar animal también está en juego
La revisión dedica un apartado importante al bienestar animal. Los peces sometidos a hipoxia presentan mayores niveles de cortisol, alteraciones osmóticas, disminución de la respuesta inmune y una mayor susceptibilidad frente a enfermedades y otros factores de estrés propios de la producción comercial.
Incluso patologías que afectan las branquias o infestaciones por caligus incrementan el consumo energético basal del pez, reduciendo aún más su tolerancia a condiciones de bajo oxígeno.
La solución apunta al manejo predictivo
Más allá de describir el problema, los investigadores proponen un cambio de enfoque para la industria.
En lugar de reaccionar cuando aparecen episodios de hipoxia, plantean avanzar hacia una gestión predictiva basada en monitoreo continuo del oxígeno dentro de las jaulas, sensores ambientales de alta resolución, modelos matemáticos, inteligencia artificial y «gemelos digitales» capaces de anticipar situaciones de riesgo antes de que afecten a los peces.
A ello se suman tecnologías de oxigenación y aireación más eficientes, mejoras en el diseño de centros de cultivo, estrategias adaptativas de alimentación, nutrición funcional e incluso programas de selección genética orientados a desarrollar salmones más tolerantes a condiciones de bajo oxígeno.
Una agenda de investigación para la próxima década
Pese al importante avance científico, los autores reconocen que todavía existen numerosas interrogantes. Entre ellas destacan los mecanismos que regulan la pérdida de apetito, los procesos genéticos asociados a la tolerancia a la hipoxia, la recuperación fisiológica después de episodios de bajo oxígeno y la respuesta de salmones de mayor tamaño bajo condiciones comerciales donde interactúan simultáneamente múltiples factores ambientales.
Para los investigadores, responder estas preguntas será fundamental para que la salmonicultura mantenga su productividad en un escenario de cambio climático.
Más que una revisión sobre fisiología, el estudio plantea una hoja de ruta para el futuro de la industria: integrar biología, monitoreo ambiental y herramientas predictivas para transformar la gestión de la hipoxia desde un modelo reactivo hacia una producción más resiliente, eficiente y centrada en el bienestar de los peces.