En 2009, durante una expedición científica a la Antártica, Claudio Rivas, director de Innovación en AlgaLife Biotech, quedó sorprendido al observar un fenómeno singular: la nieve teñida de verde y rojo. Bajo el microscopio, descubrió microalgas cargadas de astaxantina, un pigmento natural con potente acción antioxidante. “Ahí me di cuenta de que esta célula era prácticamente igual al Haematococcus, conocido por su potencial en salud y nutrición”, recuerda Rivas, en una publicación de CircularTec en Linkedin.
Ese hallazgo marcó el inicio de un camino que lo llevó a realizar un doctorado en Ciencias de la Agricultura en la Universidad Austral de Chile, con apoyo del Instituto Antártico Chileno (INACH), que le permitió volver al continente blanco para colectar muestras, aislarlas y domesticarlas.

De la Antártica a la industria local
Actualmente, Alga Life Biotech trabaja en el desarrollo de biomasa de microalgas cultivadas en biorreactores, que tras su liofilización se convierten en harina. Este insumo puede ser utilizado en la industria farmacéutica, nutracéutica y alimentaria, con aplicaciones que van desde aceites ricos en omega-3 hasta cápsulas antioxidantes, cremas anti-envejecimiento y protectores solares.
Pero las posibilidades van más allá. Según Rivas, la meta es generar impacto en las principales industrias del sur de Chile, como la salmonicultura, la ganadería y la producción láctea. “El salmón chileno hoy se pigmenta con otros compuestos derivados del petróleo. Con las microalgas, podríamos reemplazar esos insumos y ofrecer un salmón pigmentado de forma natural, con beneficios funcionales adicionales”, explica.
Innovación circular y sustentabilidad
El enfoque de Alga Life Biotech se enmarca en la economía circular. “Queremos transformar residuos en productos, desde desechos domiciliarios hasta subproductos de la salmonicultura o la industria láctea. El objetivo es evitar la contaminación y, al mismo tiempo, generar valor con ingredientes saludables”, subraya Rivas.
Este enfoque busca responder a desafíos globales —como la demanda de alimentos funcionales, el reemplazo de insumos sintéticos y la búsqueda de soluciones biotecnológicas con menor impacto ambiental— desde un territorio con condiciones únicas: el extremo austral de Chile y la Antártica.
Un futuro más saludable y sostenible
Lo que comenzó como una observación en la nieve antártica hoy se perfila como una herramienta transformadora para múltiples sectores. “Estamos convencidos de que las microalgas son una plataforma biotecnológica con el potencial de mejorar la salud, la alimentación y la sustentabilidad. Queremos que Chile sea pionero en esto”, concluye Rivas.


















