Durante las últimas dos décadas, las Floraciones Algales Nocivas (FANs) han pasado de ser un fenómeno estudiado de manera fragmentada a convertirse en uno de los principales desafíos científicos, ambientales y productivos del país. Investigadores chilenos coinciden en que el conocimiento ha avanzado de forma sustantiva, pero también advierten que la complejidad del fenómeno —acentuada por el cambio climático— sigue superando muchas de nuestras capacidades de predicción y gestión.
De la descripción a la mirada multidisciplinaria
El salto más evidente ha sido metodológico y conceptual. Según el Dr. Patricio Díaz, investigador del Centro i~mar de la Universidad de Los Lagos, “el conocimiento sobre las floraciones algales nocivas en Chile ha experimentado un acelerado crecimiento en las últimas dos décadas”. Este avance se explica, en gran parte, porque el país dejó atrás estudios meramente descriptivos y comenzó a integrar múltiples disciplinas.
“Chile pasó de realizar estudios particularmente descriptivos enfocados en disciplinas específicas a buscar respuestas a estos eventos mediante una aproximación multidisciplinaria”, señala Díaz, destacando la integración de ecología, oceanografía, climatología, toxicología y biología molecular, entre otras áreas.
“Este significativo avance ha sido posible gracias al incremento en la formación de capital humano avanzado, sumado a la adquisición de tecnología avanzada para la realización de estudios de campo, así como de laboratorio”, reflexiona el experto.
Un hito simbólico de este progreso fue que Chile albergara en 2025 la principal cita científica mundial sobre el tema. Para Díaz, “un claro reflejo de este significativo avance en el estudio de las FAN es que la XXI Conferencia Internacional sobre Floraciones Algales Nocivas fue desarrollada en Punta Arenas”.
La Dra. Allisson Astuya Villalón, investigadora de COPAS COASTAL y profesora asociada del Departamento de Oceanografía de la Universidad de Concepción, coincide en este diagnóstico. A su juicio, “en las dos últimas décadas, el conocimiento científico sobre las Floraciones Algales Nocivas (FANs) en Chile ha avanzado significativamente gracias al desarrollo de estrategias de investigación y herramientas de análisis, así como a colaboraciones nacionales e internacionales”.
Esto ha permitido caracterizar mejor las especies de microalgas involucradas, sus toxinas y algunos de los factores ambientales asociados a las floraciones. Sin embargo, advierte que “pese a estos avances, el conocimiento sigue siendo insuficiente ante la complejidad del fenómeno y el impacto creciente de las FANs en los ecosistemas y en actividades productivas como la acuicultura”.
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¿Más FANs o mejores ojos para verlas?
Una de las preguntas más recurrentes es si efectivamente están aumentando las FANs en Chile o si simplemente hoy contamos con mejores herramientas para detectarlas. Para el Dr. Díaz, el aumento no es tan lineal como suele percibirse. “El incremento en investigación y en el esfuerzo de monitoreo ha permitido sin duda detectar la ocurrencia de especies que no son habituales en el sistema de fiordos y canales patagónicos”, explica, añadiendo que las herramientas moleculares hoy permiten identificar especies que antes solo se clasificaban a nivel de género.
Sin embargo, matiza: “el aparente incremento de FAN en Chile no es tan real”, ya que algunos estudios recientes que han analizado series de tiempo de largo término (~30 años) de algunas especies tóxicas presentes en el sistema de fiordos no muestran una tendencia clara al incremento”. Un estudio reciente realizado a nivel global con las principales especies productoras de las FANs da cuenta de ello. A su juicio, “posiblemente, nuestra visión se ha visto algo sesgada debido a que en la última década hemos sido testigos de eventos muy intensos y con impactos severos”.
Desde otra mirada, la Dra. Catharina Alves-de-Souza, también investigadora de COPAS COASTAL y profesora asociada del Departamento de Oceanografía de la Universidad de Concepción, plantea que ambas interpretaciones coexisten. “Si bien contamos con sistemas de monitoreo más robustos y sensibles, que nos permiten detectar eventos que antes podían pasar inadvertidos, existe evidencia científica sólida que indica un aumento real en la frecuencia, la magnitud y la extensión geográfica de las FANs, tanto en Chile como a nivel global. Es decir, no se trata solo de una mejor detección, sino también de un fenómeno que efectivamente se está intensificando”, explica.
Cambio climático: el telón de fondo inevitable
El vínculo entre cambio climático y FANs aparece como uno de los consensos más claros. Para Díaz, “es innegable que los efectos del cambio climático están afectando la ocurrencia, intensidad y duración de las FANs a nivel global y Chile no es la excepción”.
“La Patagonia norte (regiones de Los Lagos y Aysén) ha sido catalogada como un centinela global del cambio climático, debido a que algunos cambios están ocurriendo a una velocidad más elevada. De forma similar, esta zona se ha transformado en un “punto caliente” de ocurrencia de eventos de alta intensidad de FAN”, afirma.
Así, “la reducción en la precipitación (~100 mm/década; Figura 1) y en los caudales de los ríos, sumado a la ocurrencia de sistemas anticiclónicos cada vez más permanentes en esta zona, está generando condiciones cada vez más propicias para el desarrollo de muchas especies tóxicas”, explica.

Créditos Dr. Patricio Díaz.
Alves-de-Souza refuerza esta idea señalando que “existe abundante evidencia científica que vincula el cambio climático con el aumento de las FANs. Estudios basados en series históricas, programas de monitoreo de largo plazo y modelos predictivos muestran que variables como el aumento de la temperatura del mar, cambios en la estratificación de la columna de agua y alteraciones en los patrones de circulación oceánica pueden favorecer condiciones más propicias para estas floraciones, incrementando su frecuencia, duración e intensidad”.
Detonantes, especies “beneficiadas” y puntos críticos
Identificar detonantes claros sigue siendo un desafío. Díaz explica que “el cambio en las condiciones ambientales locales producto del cambio climático afecta a todas las especies fitoplanctónicas. Sin embargo, la respuesta individual es diferente. Así, muchas especies de microalgas se están viendo beneficiadas, mientras otras muestran una respuesta adversa”.
“Dentro de las especies “beneficiadas” por este cambio en las condiciones se encuentran algunas especies que han generado FAN muy intensas y con severos impactos en la acuicultura nacional y en la salud pública como son Heterosigma akashiwo, Pseudochattonella verruculosa o Alexandrium catenella. Estos cambios están asociados a incremento de algunas variables como salinidad, temperatura y en algunos casos nutrientes”, describe.
Para Alves-de-Souza, depende en gran medida de la especie involucrada. “En algunos casos, ciertos factores abióticos (como la temperatura, la disponibilidad de nutrientes o la estabilidad de la columna de agua) pueden actuar como detonantes clave. En otros casos, la capacidad de una especie para mantenerse dentro de su nicho ecológico, competir eficazmente o interactuar con otras microalgas y microorganismos resulta determinante. No existe un único “punto de no retorno”, sino una combinación de condiciones específicas para cada tipo de FAN”, explica.

FAN y toxinas emergentes: lo que recién estamos descubriendo
Respecto al avance tecnológico, este ha abierto una nueva ventana: la detección de especies y toxinas antes invisibles. Díaz destaca que “la utilización de tecnología avanzada en la recolección y análisis de muestras está permitiendo la detección tanto de especies fitoplanctónicas como toxinas nuevas”.
“El cambio en la regulación internacional sobre el análisis de toxinas lipofílicas (antiguamente todas clasificadas como diarreicas) desde el biensayo de ratón al método químico mediante HPCL MS ha permitido descubrir una gran diversidad de este grupo de toxinas en nuestras costas”, ejemplifica.
“Algunas de estas con efectos en la salud pública y otras con efectos ecosistémicos, como por ejemplo mortalidad de estadios tempranos y adultos de invertebrados. Una situación similar ocurre con la utilización de herramientas moleculares para la detección de microalgas, que por métodos tradicionales son muy difíciles de pesquisar”, añade.
Astuya complementa señalando que hoy se habla derechamente de FANs y toxinas emergentes, “donde se describe la presencia de microalgas antes no descritas en un lugar o de toxinas que no se habían detectado y, por tanto, no están reguladas en los programas de monitoreo. Pero también existe la evidencia que en algunos casos podrían ser cepas autóctonas no estudiadas capaces de producir toxinas para las cuales en muchos casos no son detectadas por falta de herramientas analíticas e instrumentales para detectarlas o no existen estándares comerciales para compararlas”, asevera.
Las grandes “cajas negras”
Pese a los avances, muchas preguntas siguen sin respuesta. Para Díaz, “algunos procesos e interacciones biológicas siguen siendo una “caja negra” para entender completamente este tipo de fenómenos. En muchas ocasiones las condiciones hidroclimáticas son óptimas para la proliferación de muchas especies formadoras de FAN, sin embargo, esto no siempre ocurre”.
“Existen procesos intrínsecos que determinan que una especie prolifere adecuadamente o no. Este tipo de procesos, sumado a las interacciones físico-biológicas de muchas especies aún presenta importantes lagunas de conocimiento”, indica.
Astuyá manifiesta que son múltiples procesos que aún constituyen verdaderas “cajas negras”. “Específicamente en el caso de las microalgas ictiotóxicas (que matan específicamente a los peces), todavía no tenemos una idea completa de todas las especies de microalgas y de los tipos de toxinas involucradas”, afirma.
En este escenario, “uno de los grandes desafíos sigue siendo entender qué gatilla la producción de toxinas y por qué esta puede variar tanto entre especies de microalgas como incluso entre cepas de una misma especie. También persisten interrogantes sobre por qué, en algunos casos, se requieren densidades celulares muy altas para generar efectos nocivos, mientras que en otros los impactos no están directamente relacionados con la abundancia de las microalgas causadoras. Además, persisten grandes vacíos en la comprensión de las interacciones biológicas, como la alelopatía entre microalgas, y en el desarrollo de bioensayos que permitan evaluar efectos subletales relevantes para la salud de los peces”, profundiza.

¿Podemos anticiparnos?
La predicción es, quizás, el gran anhelo. Díaz es cautelosamente optimista: “en Chile existen todas las capacidades técnicas para generar pronósticos asertivos de la ocurrencia y evolución de FAN. La utilización de modelos hidrodinámicos de alta resolución del sistema de fiordos patagónicos ha permitido dar un salto de calidad en este aspecto”.
Sin embargo, advierte que “hay que ser muy conscientes y realistas cuando nos referimos a modelos predictivos de FAN. No existe un modelo “único” y válido para todas las especies. No se trata únicamente de modelar partículas inertes, muchas de las microalgas que generan FAN tienen la capacidad de migrar verticalmente y requerimientos fisiológicos diferentes, lo que complejiza su modelación”.
Sumado a esto, “la heterogeneidad espacial existente en nuestro sistema de fiordos es tan grande, que un modelo adecuado para un fiordo no necesariamente es válido para otro. En resumen, las capacidades existen y las alianzas público-privadas avanzan en pronósticos cada vez más precisos”, asegura.
Por su parte, Alves-de-Souza expresa que “aún estamos relativamente lejos de lograr predicciones confiables con días o semanas de anticipación. Esto se debe a que las FANs no dependen únicamente del aumento de la abundancia de microalgas, sino también de una compleja interacción entre factores abióticos (como la temperatura, la salinidad y la luz) y factores bióticos, como la competencia entre las especies de microalgas, la alelopatía y otras interacciones ecológicas. En esta dimensión biológica, el nivel de incertidumbre sigue siendo alto”.
Gestión y políticas: de reaccionar a anticipar
Finalmente, la ciencia apunta a la necesidad de políticas de largo plazo. Díaz recuerda que luego del gran evento FAN de 2016, que provocó unos de los mayores impactos socio-económicos a nivel mundial (mortalidad de 40.000 toneladas de salmón, entre otras) una comisión compuesta por científicos de diferentes universidades nacionales sugirió 12 recomendaciones para abordar de mejor forma este tipo de fenómenos y así reducir los impactos.
“Muchas de estas recomendaciones fueron tomadas en cuenta y actualmente se encuentran implementadas, ya sea con financiamiento público o bien privado. Por ejemplo, una de ellas es la implementación de una red de monitoreo ambiental y climático en el sur de Chile, que permita generar series de observaciones sistemáticas y sostenidas en el tiempo”, recuerda.
Por ello, afirma que “es clave mantener el financiamiento para este tipo de programas como política de estado, sobre todo en una zona altamente sensible al cambio climático y no ser únicamente reactivos cuando enfrentamos episodios severos de FAN”.
Astuyá coincide y enfatiza que “desde el punto de vista de la gestión, sería prioritario fortalecer y ampliar los programas de monitoreo, aumentando tanto la cobertura espacial como la frecuencia de muestreo. También es clave incorporar nuevas herramientas analíticas, actualizar los marcos regulatorios para incluir toxinas emergentes y promover una mayor integración entre ciencia, gestión pública y sector productivo. Todo esto permitiría una respuesta más temprana y efectiva frente a eventos de FANs”.
En conjunto, las voces científicas dibujan un panorama claro: Chile sabe hoy mucho más sobre las FANs que hace 20 años, pero enfrenta un fenómeno dinámico, amplificado por el cambio climático, que exige ciencia sostenida, políticas estables y una mirada cada vez más anticipatoria.


















