En un contexto donde la eficiencia productiva y la sostenibilidad ambiental se han vuelto inseparables, una investigación liderada por el Institute of Marine Research (IMR), en colaboración con Ghent University y la compañía Mowi Feed, propone una redefinición clave: el salmón del Atlántico necesita menos fósforo del que la industria le está suministrando.
El hallazgo no es menor. El fósforo (P) es un insumo crítico, costoso y limitado, pero también uno de los principales responsables de la carga de nutrientes que la acuicultura libera al medio ambiente.
Un experimento en condiciones reales
El estudio siguió durante siete meses a salmones del Atlántico (Salmo salar) cultivados en jaulas marinas, desde 1,8 kg hasta talla de cosecha (4,2 kg), bajo condiciones naturales de luz y temperatura en la costa de Noruega.
Se evaluaron seis dietas con distintos niveles de fósforo total (6,1 a 11,2 g/kg), analizando en profundidad el crecimiento y consumo de alimento, digestibilidad y retención de fósforo y salud ósea (microestructura, mineralización y resistencia mecánica) y presencia de deformidades vertebrales
El enfoque fue integral: desde radiografías y micro-CT hasta ensayos mecánicos de vértebras, pasando por análisis bioquímicos e histológicos.

El hallazgo clave: menos fósforo, mismo rendimiento
Los resultados son contundentes:
- 3,7 g/kg de fósforo disponible fueron suficientes durante el invierno (5–9 °C), cuando el crecimiento fue más lento (~0,62 mm/día).
- 4,6 g/kg bastaron en primavera-verano (7–14 °C), con crecimiento más acelerado (~0,98 mm/día).
Con estos niveles, los peces mantuvieron un crecimiento normal, adecuada mineralización ósea, resistencia mecánica vertebral y baja incidencia de deformidades. En otras palabras, reducir el fósforo no comprometió la salud ni el desempeño productivo.
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Un exceso innecesario… y costoso
Hoy, muchos alimentos comerciales superan ampliamente estos requerimientos. En esta oportunidad, el estudio demuestra que el contenido total de fósforo en la dieta podría reducirse entre un 16% y un 24% sin efectos negativos.
Esto tiene implicancias directas en la economía por un menor uso de fosfatos inorgánicos (ingredientes caros y finitos) y mayor eficiencia en la retención de nutrientes.
Además, tiene implicancias ambientales por la reducción de la excreción de fósforo y menor riesgo de eutrofización en zonas de cultivo
Actualmente, la salmonicultura en jaulas marinas es una de las principales fuentes de emisión de fósforo en ambientes costeros. Optimizar su uso es, por tanto, una prioridad estratégica.

La clave está en el crecimiento (y la temperatura)
Uno de los aportes más relevantes del estudio es conceptual, ya que, los requerimientos de fósforo no son fijos, sino dinámicos.
Y dependen directamente de la tasa de crecimiento, la temperatura del agua y el fotoperiodo.
A mayor temperatura y crecimiento, mayor demanda de fósforo. Pero incluso en esos escenarios, los niveles necesarios siguen siendo más bajos que los actuales en muchas formulaciones comerciales.
Más fósforo no mejora el desempeño
Un punto crítico: suplementar fósforo por encima de los niveles óptimos no genera beneficios adicionales.
Ni el crecimiento ni la mineralización ósea mejoraron con dietas más ricas en fósforo. Por el contrario, aumentó la excreción de nutrientes, disminuyó la eficiencia de uso y se incrementó la huella ambiental.

Cuando falta fósforo: el hueso lo paga primero
El estudio también confirma un principio clave en nutrición mineral: el crecimiento puede mantenerse incluso con deficiencia de fósforo, pero la calidad ósea no.
En este sentido, los peces con niveles más bajos mostraron una menor mineralización vertebral, mayor compresibilidad ósea y cambios estructurales detectables a nivel microscópico. Esto refuerza que el fósforo debe ajustarse con precisión: ni exceso, ni déficit.

Hacia una nutrición más inteligente
El mensaje final es claro: la acuicultura del futuro no solo debe alimentar más, sino alimentar mejor.
Por esta razón, ajustar el fósforo según condiciones reales de cultivo abre la puerta a dietas más eficientes, menores costos operacionales y reducción significativa del impacto ambiental en una industria donde el alimento representa cerca del 50% de los costos e incluso pequeños ajustes pueden traducirse en grandes transformaciones.
La pregunta es ahora: si el salmón necesita menos fósforo… ¿por qué seguimos formulando como si necesitara más? La respuesta marcará el próximo salto en sostenibilidad y competitividad de la salmonicultura global.Final del formulario


















