La alianza Sustainable Aquaculture Initiative, impulsada por la red de inversión FAIRR (Farm Animal Investment Risk and Return), publicó su tercer reporte de avance, centrado en el impacto de la harina y el aceite de pescado (FMFO, por sus siglas en inglés) en la sustentabilidad de la salmonicultura global. El informe destaca que, si bien las principales empresas productoras de salmón –incluyendo a siete de las diez más grandes del mundo– han mejorado sus niveles de transparencia respecto al origen de sus ingredientes, aún persiste una falta crítica de objetivos concretos para reducir el uso absoluto de FMFO.
Una de las principales observaciones del informe es que ninguna de las compañías evaluadas ha establecido metas de reducción en volumen absoluto de estos ingredientes, a pesar de que todas proyectan un crecimiento en su producción. Esta omisión, mencionan, es preocupante, considerando que los stocks globales de peces pelágicos destinados a estos insumos están altamente sobreexplotados.
Además, aunque todas las empresas reportaron el uso de subproductos de pescado (trimmings), su disponibilidad es limitada y no representa una solución estructural a largo plazo. Tampoco se han adoptado a gran escala ingredientes alternativos como proteínas vegetales, insectos o algas, por restricciones técnicas, regulatorias o comerciales.
Impactos en biodiversidad, emisiones y riesgos reputacionales
El informe enfatiza que el 90 % de las pesquerías utilizadas para producir harina y aceite de pescado están al límite de su explotación sostenible, lo que pone en riesgo tanto la resiliencia ambiental de los océanos como la viabilidad futura del negocio acuícola. A esto se suma que el FMFO representa en promedio el 55 % de las emisiones de gases de efecto invernadero de alcance 3 (Scope 3) de estas empresas, siendo un factor clave en sus huellas de carbono.
FAIRR advierte también que las compañías que no aborden esta dependencia enfrentan riesgos reputacionales crecientes, en especial ante consumidores e inversionistas que demandan mayor trazabilidad y reducción de impactos ambientales. En esa línea, el reporte sugiere incorporar los riesgos de disponibilidad de estos ingredientes en los marcos de reporte TNFD (Taskforce on Nature-related Financial Disclosures).
Desde una perspectiva de inversión, se insta a los actores financieros a promover estrategias de reducción del FMFO, exigir mayor transparencia y apoyar el desarrollo de alternativas viables a gran escala, incluyendo la diversificación hacia especies acuícolas menos dependientes de proteína animal marina, como moluscos o especies herbívoras.
El desafío para Chile: liderazgo sostenible en el centro del debate
Para la salmonicultura chilena, el mensaje del reporte de FAIRR es claro: avanzar hacia una transición real en la formulación de alimentos acuícolas es crucial no solo para la competitividad futura del sector, sino también para su legitimidad social y ambiental.
Chile, como segundo productor mundial de salmón, tiene la oportunidad de posicionarse como un referente en innovación de ingredientes funcionales y sostenibles, integrando alternativas que reduzcan la presión sobre los ecosistemas marinos. En ese contexto, empresas proveedoras de alimentos, centros de I+D y productores pueden jugar un rol clave al colaborar con el mundo académico y con inversionistas interesados en prácticas ESG robustas.
El desafío no es menor. La industria debe superar barreras regulatorias, ajustar estándares nutricionales y generar validación de mercado para nuevos ingredientes. Sin embargo, como lo señala el informe, quedarse en la inercia del modelo actual implica riesgos que podrían afectar directamente el valor económico, ecológico y social de la salmonicultura en el mediano plazo.
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