Las actinobacterias, un grupo de microorganismos ampliamente distribuidos en ambientes acuáticos, están emergiendo como uno de los recursos biotecnológicos más prometedores para la acuicultura moderna. Así lo concluye una revisión sistemática publicada recientemente en Frontiers in Microbiology, que analizó 44 investigaciones internacionales sobre el papel de estos microorganismos en sistemas productivos acuícolas.
El estudio destaca que las actinobacterias presentan una notable dualidad: mientras algunas cepas muestran una extraordinaria capacidad para controlar patógenos y mejorar la salud de los peces, otras pueden generar compuestos que afectan la calidad del producto final o incluso provocar enfermedades.
Potencial para enfrentar desafíos sanitarios clave
Uno de los hallazgos más relevantes para la salmonicultura es que más del 70% de los estudios revisados reportaron efectos beneficiosos asociados a las actinobacterias. Entre ellos destacan actividades antimicrobianas contra importantes patógenos acuáticos, incluyendo especies de Aeromonas, Vibrio, Edwardsiella, Tenacibaculum y Streptococcus.
Particularmente relevante es la capacidad de ciertas cepas del género Streptomyces para inhibir la formación de biofilms y bloquear mecanismos de comunicación bacteriana conocidos como quorum sensing, considerados fundamentales en los procesos de infección. Algunas cepas lograron reducir más del 99% de la formación de biofilms de Vibrio y disminuir significativamente la virulencia de diversos patógenos acuáticos.
Según los autores, estas propiedades podrían transformarse en herramientas complementarias o alternativas al uso de antibióticos, una necesidad cada vez más urgente frente al aumento de la resistencia antimicrobiana en la acuicultura global.

(B) Distribución de las fuentes de aislamiento de actinobacterias con efectos reportados. Créditos: Estudio.
Resultados promisorios en peces
La evidencia no se limita a experimentos de laboratorio. Seis estudios avanzaron hacia pruebas en organismos vivos, donde las actinobacterias demostraron beneficios concretos sobre crecimiento, inmunidad y supervivencia.
En algunos ensayos, la suplementación con cepas de Streptomyces mejoró significativamente la ganancia de peso y la eficiencia alimenticia de los peces. Otras investigaciones mostraron incrementos en la supervivencia frente a desafíos bacterianos, junto con una activación positiva de parámetros inmunológicos y antioxidantes.
Los investigadores destacan además el potencial de los llamados “postbióticos”, compuestos bioactivos producidos por estas bacterias que pueden administrarse sin necesidad de incorporar microorganismos vivos, facilitando su aplicación industrial y reduciendo posibles riesgos de bioseguridad.
El otro lado de la moneda: geosmina, off-flavor y riesgos sanitarios
Sin embargo, la revisión advierte que no todas las actinobacterias son beneficiosas. Cerca del 30% de los estudios reportaron efectos negativos asociados a determinados grupos bacterianos.
Entre los principales problemas identificados se encuentra la producción de geosmina y 2-metilisoborneol (2-MIB), compuestos responsables de los conocidos sabores y olores terrosos o a moho que afectan la calidad sensorial del pescado cultivado.
El género Streptomyces volvió a aparecer como protagonista, siendo el principal productor de estos metabolitos en sistemas acuícolas y recirculantes (RAS). El estudio muestra que factores ambientales como la disponibilidad de nitrógeno y fósforo pueden disparar la producción de estos compuestos a niveles muy elevados, generando pérdidas económicas por disminución de la calidad comercial.
Adicionalmente, algunas investigaciones detectaron la presencia de tetrodotoxina (TTX), una potente neurotoxina, en ciertas actinobacterias marinas, aunque los autores indican que aún se requiere mayor investigación para comprender completamente su relevancia en sistemas acuícolas comerciales.

Un llamado de atención para Chile y la salmonicultura
Uno de los aspectos más llamativos de la revisión es la escasa investigación desarrollada en grandes países productores de salmón. Mientras India y China lideran ampliamente la generación de conocimiento sobre actinobacterias aplicadas a la acuicultura, naciones como Chile y Noruega aparecen subrepresentadas en la literatura científica.
Los autores consideran que esta situación representa una oportunidad estratégica para desarrollar programas de bioprospección enfocados en microorganismos nativos de ecosistemas salmonicultores, capaces de ofrecer soluciones adaptadas a las condiciones ambientales y sanitarias locales.
La principal brecha: falta de información genómica
Pese a los resultados promisorios, la revisión identifica una limitación importante: más de la mitad de los estudios carecen de información genómica detallada sobre las cepas utilizadas, y la mayoría se basa únicamente en secuencias parciales del gen 16S rRNA.
Esta carencia dificulta diferenciar cepas beneficiosas de aquellas con potencial patogénico o capaces de producir compuestos indeseados. Por ello, los investigadores proponen avanzar hacia enfoques basados en secuenciación genómica completa y herramientas multi-ómicas que permitan identificar con precisión las características funcionales de cada microorganismo.
Frontera prometedora
La revisión concluye que las actinobacterias representan una de las fronteras más prometedoras para el desarrollo de nuevas estrategias sanitarias y productivas en acuicultura. Su capacidad para controlar patógenos, modular la inmunidad y reducir la dependencia de antibióticos las posiciona como candidatas de alto valor para la salmonicultura del futuro. Sin embargo, su incorporación deberá realizarse bajo estrictos criterios de caracterización genómica y evaluación de riesgos, considerando que algunas cepas también pueden afectar la calidad del producto o generar problemas sanitarios.
En otras palabras, las actinobacterias podrían convertirse en aliadas clave para una salmonicultura más sustentable, pero su aprovechamiento exitoso dependerá de distinguir con precisión cuáles cepas son realmente beneficiosas y cuáles representan un riesgo para la producción.



















