Dr. Hugh Ferguson: “Los coho son animales extraordinarios” y el desafío es comprender mejor su resistencia
Con más de 309 mil toneladas cosechadas durante 2025, el salmón coho ya representa cerca de 27% de la producción chilena de salmónidos. En Pacific Silver, organizado por Salmofood, el reconocido patólogo Dr. Hugh Ferguson dejó una reflexión que trasciende las enfermedades: comprender las fortalezas propias de esta especie puede ser tan importante como identificar sus amenazas sanitarias.
El salmón coho ocupa hoy un lugar difícil de considerar secundario dentro de la salmonicultura chilena. Durante 2025, Chile cosechó 309.521 toneladas de la especie, consolidándola como el segundo salmónido de mayor producción del país, detrás del salmón Atlántico. En términos de la cosecha nacional de salmón y trucha, su participación se acerca al 27%.
Ese crecimiento le entrega una dimensión distinta a una pregunta que durante años pudo parecer principalmente sanitaria o científica: ¿cuánto conocemos realmente al coho como especie productiva?
La charla del reconocido patólogo de peces Dr. Hugh Ferguson, durante el seminario Pacific Silver, organizado por Salmofood en Puerto Varas, ofreció varias respuestas, pero probablemente dejó todavía más preguntas. Y quizás esa sea una de sus principales enseñanzas.
Ferguson comenzó su presentación sobre patologías asociadas al salmón coho haciendo una precisión fundamental. Las enfermedades son importantes, sostuvo, pero eso no significa que el escenario sanitario de la especie deba mirarse desde el pesimismo.
“Los coho son animales extraordinarios y son relativamente resistentes a muchas enfermedades”, señaló al comenzar su recorrido por distintas patologías.
La frase puede parecer sencilla, pero adquiere otra profundidad cuando se observa desde la realidad productiva chilena.
Una especie resistente no es una especie invulnerable
Durante su presentación, Ferguson recorrió patologías virales, bacterianas, nutricionales y parasitarias. Habló de PRV y síndrome de ictericia; de Flavobacterium psychrophilum; piscirickettsiosis; enfermedad bacteriana del riñón; Tenacibaculum; problemas cutáneos; alteraciones branquiales y distintos parásitos.
Sin embargo, el mensaje que fue apareciendo entre las imágenes histológicas no fue simplemente una enumeración de enfermedades.
Fue una invitación a entender cómo responde el coho frente a ellas. En el caso de PRV, por ejemplo, Ferguson explicó que el coho puede presentar una enfermedad similar a la observada en salmón Atlántico, aunque destacó que las lesiones cardíacas tienden a ser menos severas.
La diferencia es relevante porque obliga a superar una tentación frecuente en producción animal: extrapolar automáticamente el conocimiento obtenido en una especie hacia otra. Coho y Atlántico comparten agentes, ambientes productivos y determinados desafíos sanitarios, pero no necesariamente responden de la misma manera. Y mientras más importante se vuelve el coho para Chile, más importante será comprender esas diferencias.
Hugh Ferguson profesor emérito del Instituto de Acuicultura de la Universidad de Stirling. Foto: InfoSALMON.
El peligro de las explicaciones simples
Probablemente uno de los mensajes más interesantes de Ferguson apareció cuando habló de diagnóstico. Al revisar antiguos casos de síndrome hemorrágico renal en salmón Atlántico, planteó que PRV e ISA podrían haber estado actuando conjuntamente y que uno de los agentes podría potenciar al otro.
Más allá de esa interpretación específica, dejó una observación que puede trasladarse a muchos de los desafíos sanitarios actuales de la salmonicultura: los sistemas biológicos no siempre responden a una relación simple de una causa y un efecto.
“A los patólogos y a quienes realizan diagnóstico les gusta mantener las cosas simples y tienden a no pensar en dos agentes actuando en conjunto”, comentó.
La misma cautela apareció más adelante al abordar una dermatitis tipo escorbuto observada en coho. Los peces afectados presentaban bajos niveles de vitaminas C y E. La conclusión inmediata podría haber sido atribuir las lesiones a una deficiencia nutricional. Ferguson advirtió que esa lectura podía ser demasiado rápida.
Los niveles reducidos podían constituir la causa del cuadro, pero también ser una consecuencia del proceso inflamatorio o de la enfermedad. Para ilustrarlo recordó su experiencia estudiando enfermedad del páncreas, donde se había observado una caída cercana al 80% de vitamina E aun cuando las dietas no eran deficientes en este nutriente. El aumento posterior de vitamina E en el alimento no modificó el problema.
Es probablemente una de las reflexiones más trasladables de toda la presentación.
Encontrar una asociación no significa necesariamente haber encontrado la causa.
Para una industria que incorpora cada vez más información productiva, biomarcadores, análisis moleculares, inteligencia artificial y sistemas predictivos, distinguir correlación, consecuencia y causalidad será cada vez más importante.
Cuando el ambiente cambia la ecuación sanitaria
Otro de los ejemplos presentados por Ferguson conecta directamente sanidad y ambiente.
El especialista relató observaciones realizadas en Escocia donde pequeñas medusas ingresaban a las jaulas y alcanzaban las branquias de los peces. Sus nematocistos provocaban daño tisular y, posteriormente, los investigadores detectaban importantes concentraciones de Tenacibaculum precisamente sobre las zonas afectadas.
Los análisis posteriores encontraron bacterias prácticamente idénticas en las medusas y las branquias de los peces, llevando a los investigadores a plantear que las medusas podían actuar como vectores.
Ferguson vinculó esa experiencia con un escenario de aumento de temperaturas del agua y una eventual mayor presencia de medusas, reconociendo también que en Chile ya se han desarrollado mecanismos para reducir su ingreso a las jaulas.
La enseñanza vuelve a superar al agente específico. El desafío sanitario no siempre comienza con el patógeno. Puede comenzar con una alteración ambiental, una lesión física o una condición que abre una puerta para que posteriormente actúe un microorganismo.
Para una salmonicultura expuesta a variabilidad oceanográfica, floraciones algales, cambios de temperatura y eventos ambientales extremos, esa mirada integrada probablemente será cada vez más necesaria.
¿Puede un pez crecer demasiado rápido?
Hubo también una pregunta aparentemente sencilla que Ferguson dejó abierta frente a la audiencia.
Al mostrar fracturas vertebrales en ejemplares de coho de gran tamaño, preguntó: “¿estos peces están creciendo demasiado rápido?”
Su comparación fue deliberadamente provocadora. Recordó los problemas óseos que pueden observarse en pollos sometidos a altas tasas de crecimiento y mencionó cohos alcanzando cerca de cinco kilos en siete meses.
Pero inmediatamente puso límites a la hipótesis.
Los peces viven en el agua, tienen mayor soporte corporal y Ferguson reconoció directamente que no conocía la causa. “No sé cuál es la causa, pero me parece muy interesante”, sostuvo.
Ese reconocimiento es también una enseñanza.
La extraordinaria capacidad de crecimiento del coho es uno de sus principales atributos productivos. Pero precisamente cuando la genética, nutrición y manejo permiten empujar los límites del desempeño, aparecen nuevas preguntas sobre fisiología, estructura ósea, bienestar y capacidad de adaptación.
No necesariamente porque exista un problema, sino porque mejorar productividad significa también explorar territorios biológicos que antes podían tener menor relevancia.
Lo que el coho puede enseñarle al Atlántico
Hacia el cierre de la charla apareció quizás el ejemplo que mejor resume el valor de estudiar al coho desde sus fortalezas y no únicamente desde sus enfermedades.
Ferguson destacó su resistencia frente al piojo de mar.
Explicó que la respuesta de la piel y de las capas epiteliales del coho dificulta la permanencia del parásito una vez que se fija al pez. Esa particularidad está siendo estudiada para comprender su base genética y evaluar cuánto de ese conocimiento podría ayudar a mejorar la resistencia del salmón Atlántico.
La perspectiva cambia por completo.
El coho deja de ser solamente una especie sobre la cual hay que resolver desafíos sanitarios y se transforma también en una fuente de conocimiento para el resto de la salmonicultura.
¿Por qué responde mejor frente a determinadas enfermedades? ¿Qué mecanismos inmunológicos explican esa resistencia? ¿Qué ocurre en su piel? ¿Qué características genéticas podrían estar detrás? ¿Existen atributos fisiológicos que todavía no se están aprovechando completamente?
Son preguntas que adquieren cada vez mayor relevancia a medida que aumenta su peso productivo.
Producir más coho también significa conocer más coho
Chile posee hoy una posición particular. No solo ha desarrollado experiencia productiva con esta especie. El volumen alcanzado la convierte en uno de los componentes centrales de su matriz salmonicultora.
En 2025, las cosechas nacionales de coho crecieron 14% respecto del año anterior y alcanzaron más de 309 mil toneladas. La escala alcanzada significa que mejoras relativamente pequeñas en supervivencia, bienestar, nutrición, resistencia sanitaria o eficiencia productiva pueden traducirse en impactos relevantes para toda la industria.
Pero también significa que quedan menos espacios para asumir que el conocimiento desarrollado en salmón Atlántico puede trasladarse automáticamente al coho.
La presentación de Ferguson dejó, en ese sentido, un mensaje menos evidente que una lista de enfermedades. La resistencia del coho es una ventaja productiva, pero también constituye un objeto de investigación en sí mismo. Entender por qué esta especie tolera mejor ciertos desafíos puede ayudar a producir mejor coho. Pero también puede entregar respuestas para enfrentar problemas que afectan a otros salmones.
Quizás ahí está una de las mayores oportunidades. Después de décadas en que buena parte de la investigación sanitaria mundial se ha concentrado naturalmente en el salmón Atlántico, el crecimiento que está experimentando el coho desde Chile puede comenzar a justificar una agenda científica cada vez más propia.
Porque si el coho seguirá ganando espacio dentro de la producción nacional, el próximo salto probablemente no dependerá únicamente de cuánto más pueda crecer. Dependerá también de cuánto mejor logremos comprenderlo.
Una trayectoria científica detrás de las preguntas
Varias de las interrogantes que Ferguson planteó en Pacific Silver forman parte de una trayectoria científica desarrollada durante décadas. En 2020, el investigador encabezó un estudio que reexaminó antiguos casos de síndrome hemorrágico renal en salmón Atlántico y detectó simultáneamente PRV e ISAV en los tejidos afectados, abriendo la posibilidad de una interacción entre ambos agentes. Años antes, también había participado en investigaciones que mostraron respuestas patológicas diferentes frente a PRV entre salmones Atlántico y del Pacífico.
Su reflexión sobre el vínculo entre medusas y Tenacibaculum también tiene origen experimental. Ferguson fue autor principal de una investigación publicada en 2010 que identificó bacterias prácticamente idénticas en medusas y en las branquias de salmones afectados, dando sustento a la hipótesis de que estos organismos pueden actuar como vectores. Incluso décadas antes había participado en estudios sobre patologías branquiales del propio salmón coho, observando cómo factores ambientales e infecciosos podían confluir en un mismo cuadro.
Son antecedentes que refuerzan uno de los mensajes que atravesó su presentación en Chile: en sanidad de peces, encontrar un agente o una alteración no siempre significa haber encontrado toda la explicación.
El salmón coho ocupa hoy un lugar difícil de considerar secundario dentro de la salmonicultura chilena. Durante 2025, Chile cosechó 309.521 toneladas de la especie, consolidándola como el segundo salmónido de mayor producción del país, detrás del salmón Atlántico. En términos de la cosecha nacional de salmón y trucha, su participación se acerca al 27%.
Ese crecimiento le entrega una dimensión distinta a una pregunta que durante años pudo parecer principalmente sanitaria o científica: ¿cuánto conocemos realmente al coho como especie productiva?
La charla del reconocido patólogo de peces Dr. Hugh Ferguson, durante el seminario Pacific Silver, organizado por Salmofood en Puerto Varas, ofreció varias respuestas, pero probablemente dejó todavía más preguntas. Y quizás esa sea una de sus principales enseñanzas.
Ferguson comenzó su presentación sobre patologías asociadas al salmón coho haciendo una precisión fundamental. Las enfermedades son importantes, sostuvo, pero eso no significa que el escenario sanitario de la especie deba mirarse desde el pesimismo.
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“Los coho son animales extraordinarios y son relativamente resistentes a muchas enfermedades”, señaló al comenzar su recorrido por distintas patologías.
La frase puede parecer sencilla, pero adquiere otra profundidad cuando se observa desde la realidad productiva chilena.
Una especie resistente no es una especie invulnerable
Durante su presentación, Ferguson recorrió patologías virales, bacterianas, nutricionales y parasitarias. Habló de PRV y síndrome de ictericia; de Flavobacterium psychrophilum; piscirickettsiosis; enfermedad bacteriana del riñón; Tenacibaculum; problemas cutáneos; alteraciones branquiales y distintos parásitos.
Sin embargo, el mensaje que fue apareciendo entre las imágenes histológicas no fue simplemente una enumeración de enfermedades.
Fue una invitación a entender cómo responde el coho frente a ellas. En el caso de PRV, por ejemplo, Ferguson explicó que el coho puede presentar una enfermedad similar a la observada en salmón Atlántico, aunque destacó que las lesiones cardíacas tienden a ser menos severas.
La diferencia es relevante porque obliga a superar una tentación frecuente en producción animal: extrapolar automáticamente el conocimiento obtenido en una especie hacia otra. Coho y Atlántico comparten agentes, ambientes productivos y determinados desafíos sanitarios, pero no necesariamente responden de la misma manera. Y mientras más importante se vuelve el coho para Chile, más importante será comprender esas diferencias.
Hugh Ferguson profesor emérito del Instituto de Acuicultura de la Universidad de Stirling. Foto: InfoSALMON.
El peligro de las explicaciones simples
Probablemente uno de los mensajes más interesantes de Ferguson apareció cuando habló de diagnóstico. Al revisar antiguos casos de síndrome hemorrágico renal en salmón Atlántico, planteó que PRV e ISA podrían haber estado actuando conjuntamente y que uno de los agentes podría potenciar al otro.
Más allá de esa interpretación específica, dejó una observación que puede trasladarse a muchos de los desafíos sanitarios actuales de la salmonicultura: los sistemas biológicos no siempre responden a una relación simple de una causa y un efecto.
“A los patólogos y a quienes realizan diagnóstico les gusta mantener las cosas simples y tienden a no pensar en dos agentes actuando en conjunto”, comentó.
La misma cautela apareció más adelante al abordar una dermatitis tipo escorbuto observada en coho. Los peces afectados presentaban bajos niveles de vitaminas C y E. La conclusión inmediata podría haber sido atribuir las lesiones a una deficiencia nutricional. Ferguson advirtió que esa lectura podía ser demasiado rápida.
Los niveles reducidos podían constituir la causa del cuadro, pero también ser una consecuencia del proceso inflamatorio o de la enfermedad. Para ilustrarlo recordó su experiencia estudiando enfermedad del páncreas, donde se había observado una caída cercana al 80% de vitamina E aun cuando las dietas no eran deficientes en este nutriente. El aumento posterior de vitamina E en el alimento no modificó el problema.
Es probablemente una de las reflexiones más trasladables de toda la presentación.
Encontrar una asociación no significa necesariamente haber encontrado la causa.
Para una industria que incorpora cada vez más información productiva, biomarcadores, análisis moleculares, inteligencia artificial y sistemas predictivos, distinguir correlación, consecuencia y causalidad será cada vez más importante.
Cuando el ambiente cambia la ecuación sanitaria
Otro de los ejemplos presentados por Ferguson conecta directamente sanidad y ambiente.
El especialista relató observaciones realizadas en Escocia donde pequeñas medusas ingresaban a las jaulas y alcanzaban las branquias de los peces. Sus nematocistos provocaban daño tisular y, posteriormente, los investigadores detectaban importantes concentraciones de Tenacibaculum precisamente sobre las zonas afectadas.
Los análisis posteriores encontraron bacterias prácticamente idénticas en las medusas y las branquias de los peces, llevando a los investigadores a plantear que las medusas podían actuar como vectores.
Ferguson vinculó esa experiencia con un escenario de aumento de temperaturas del agua y una eventual mayor presencia de medusas, reconociendo también que en Chile ya se han desarrollado mecanismos para reducir su ingreso a las jaulas.
La enseñanza vuelve a superar al agente específico. El desafío sanitario no siempre comienza con el patógeno. Puede comenzar con una alteración ambiental, una lesión física o una condición que abre una puerta para que posteriormente actúe un microorganismo.
Para una salmonicultura expuesta a variabilidad oceanográfica, floraciones algales, cambios de temperatura y eventos ambientales extremos, esa mirada integrada probablemente será cada vez más necesaria.
¿Puede un pez crecer demasiado rápido?
Hubo también una pregunta aparentemente sencilla que Ferguson dejó abierta frente a la audiencia.
Al mostrar fracturas vertebrales en ejemplares de coho de gran tamaño, preguntó: “¿estos peces están creciendo demasiado rápido?”
Su comparación fue deliberadamente provocadora. Recordó los problemas óseos que pueden observarse en pollos sometidos a altas tasas de crecimiento y mencionó cohos alcanzando cerca de cinco kilos en siete meses.
Pero inmediatamente puso límites a la hipótesis.
Los peces viven en el agua, tienen mayor soporte corporal y Ferguson reconoció directamente que no conocía la causa. “No sé cuál es la causa, pero me parece muy interesante”, sostuvo.
Ese reconocimiento es también una enseñanza.
La extraordinaria capacidad de crecimiento del coho es uno de sus principales atributos productivos. Pero precisamente cuando la genética, nutrición y manejo permiten empujar los límites del desempeño, aparecen nuevas preguntas sobre fisiología, estructura ósea, bienestar y capacidad de adaptación.
No necesariamente porque exista un problema, sino porque mejorar productividad significa también explorar territorios biológicos que antes podían tener menor relevancia.
Lo que el coho puede enseñarle al Atlántico
Hacia el cierre de la charla apareció quizás el ejemplo que mejor resume el valor de estudiar al coho desde sus fortalezas y no únicamente desde sus enfermedades.
Ferguson destacó su resistencia frente al piojo de mar.
Explicó que la respuesta de la piel y de las capas epiteliales del coho dificulta la permanencia del parásito una vez que se fija al pez. Esa particularidad está siendo estudiada para comprender su base genética y evaluar cuánto de ese conocimiento podría ayudar a mejorar la resistencia del salmón Atlántico.
La perspectiva cambia por completo.
El coho deja de ser solamente una especie sobre la cual hay que resolver desafíos sanitarios y se transforma también en una fuente de conocimiento para el resto de la salmonicultura.
¿Por qué responde mejor frente a determinadas enfermedades? ¿Qué mecanismos inmunológicos explican esa resistencia? ¿Qué ocurre en su piel? ¿Qué características genéticas podrían estar detrás? ¿Existen atributos fisiológicos que todavía no se están aprovechando completamente?
Son preguntas que adquieren cada vez mayor relevancia a medida que aumenta su peso productivo.
Producir más coho también significa conocer más coho
Chile posee hoy una posición particular. No solo ha desarrollado experiencia productiva con esta especie. El volumen alcanzado la convierte en uno de los componentes centrales de su matriz salmonicultora.
En 2025, las cosechas nacionales de coho crecieron 14% respecto del año anterior y alcanzaron más de 309 mil toneladas. La escala alcanzada significa que mejoras relativamente pequeñas en supervivencia, bienestar, nutrición, resistencia sanitaria o eficiencia productiva pueden traducirse en impactos relevantes para toda la industria.
Pero también significa que quedan menos espacios para asumir que el conocimiento desarrollado en salmón Atlántico puede trasladarse automáticamente al coho.
La presentación de Ferguson dejó, en ese sentido, un mensaje menos evidente que una lista de enfermedades. La resistencia del coho es una ventaja productiva, pero también constituye un objeto de investigación en sí mismo. Entender por qué esta especie tolera mejor ciertos desafíos puede ayudar a producir mejor coho. Pero también puede entregar respuestas para enfrentar problemas que afectan a otros salmones.
Quizás ahí está una de las mayores oportunidades. Después de décadas en que buena parte de la investigación sanitaria mundial se ha concentrado naturalmente en el salmón Atlántico, el crecimiento que está experimentando el coho desde Chile puede comenzar a justificar una agenda científica cada vez más propia.
Porque si el coho seguirá ganando espacio dentro de la producción nacional, el próximo salto probablemente no dependerá únicamente de cuánto más pueda crecer. Dependerá también de cuánto mejor logremos comprenderlo.
Una trayectoria científica detrás de las preguntas
Su reflexión sobre el vínculo entre medusas y Tenacibaculum también tiene origen experimental. Ferguson fue autor principal de una investigación publicada en 2010 que identificó bacterias prácticamente idénticas en medusas y en las branquias de salmones afectados, dando sustento a la hipótesis de que estos organismos pueden actuar como vectores. Incluso décadas antes había participado en estudios sobre patologías branquiales del propio salmón coho, observando cómo factores ambientales e infecciosos podían confluir en un mismo cuadro.
Son antecedentes que refuerzan uno de los mensajes que atravesó su presentación en Chile: en sanidad de peces, encontrar un agente o una alteración no siempre significa haber encontrado toda la explicación.