La salmonicultura chilena podría convertirse en la industria más segura y saludable del país durante las próximas décadas. Esa es la principal conclusión de un extenso análisis desarrollado por el ingeniero en Prevención de Riesgos, auditor líder en ISO 45001 y jefe de Seguridad y Salud Ocupacional (HSEQ), Felipe Quintul, de la consultora Anzen Safety, quien comparó el desempeño de la industria salmonera con sectores de alto riesgo, como la minería y la actividad forestal. Además, revisó las mejores prácticas aplicadas en Noruega, Escocia y Canadá, junto con aquellas implementadas en industrias consideradas referentes mundiales en gestión de riesgos, como la aviación comercial, la industria química y el petróleo offshore.
El documento técnico de consultoría en Seguridad, Salud Ocupacional, Medio Ambiente y Calidad (SSOMA), basado en información de organismos oficiales nacionales, como SUSESO, SERNAGEOMIN, la Dirección del Trabajo, el ISL, ChileValora, CORMA, el Consejo del Salmón y Directemar, así como de organismos internacionales, entre ellos la OIT, HSE, Arbeidstilsynet, WorkSafeBC, MSHA y la OCDE, plantea que este objetivo es técnicamente alcanzable. No obstante, advierte que su cumplimiento requerirá una transformación profunda en la forma en que la industria entiende y gestiona la seguridad laboral.

El problema ya no es la falta de regulación
Uno de los principales hallazgos del estudio es que Chile ha experimentado un importante fortalecimiento de su marco regulatorio durante los últimos dos años.
La entrada en vigencia del Decreto Supremo 44 modernizó la gestión preventiva en todas las industrias del país, incorporando herramientas como matrices de identificación de peligros, gestión del cambio, mayor participación de los trabajadores y un enfoque preventivo mucho más robusto. A ello se suma la Ley 21.789, que creó un contrato especial para los buzos industriales, estableciendo nuevas obligaciones para las empresas y un registro electrónico de inmersiones.
Según el autor, la principal brecha ya no está en la legislación, sino en la capacidad de implementarla de manera efectiva, especialmente entre empresas contratistas y trabajadores subcontratados.
La minería demuestra que sí es posible reducir drásticamente la fatalidad
El informe identifica a la minería chilena como el principal ejemplo de que una industria catalogada históricamente como de alto riesgo puede modificar significativamente sus indicadores.
Entre 2010 y 2024, el sector redujo en un 83% su tasa de fatalidad gracias a una combinación de liderazgo organizacional, estandarización de procesos, controles críticos y una fuerte cultura preventiva.
La investigación sostiene que muchas de esas herramientas podrían implementarse en la salmonicultura sin necesidad de grandes cambios tecnológicos, sino mediante decisiones estratégicas de gestión.
El mayor desafío continúa siendo el buceo
Aunque los indicadores generales de accidentabilidad del sector han mostrado mejoras durante los últimos años, el estudio identifica al buceo profesional como la principal deuda pendiente de la industria.
Entre 2004 y 2026 se registraron 51 buzos fallecidos en centros de cultivo en Chile, una cifra muy superior a la observada en países líderes de la salmonicultura. En el mismo período, Noruega registró solo tres fallecimientos en más de tres décadas y Escocia uno en los últimos cinco años analizados.
A ello se suman enfermedades hiperbáricas documentadas por la Superintendencia de Seguridad Social, además de accidentes graves en plantas de proceso, como amputaciones asociadas al uso de maquinaria.
La seguridad no depende de más procedimientos, sino de una mejor cultura organizacional
Uno de los mensajes centrales del documento es que las industrias con mejores resultados internacionales no necesariamente poseen más protocolos, sino culturas organizacionales distintas.
El análisis destaca que sectores como la aviación, la minería global o la industria química han evolucionado hacia modelos donde predominan el liderazgo visible, la participación activa de los trabajadores, el aprendizaje organizacional y la denominada «Cultura Justa», que privilegia aprender de los errores antes que buscar culpables.
Asimismo, el estudio propone abandonar una gestión basada únicamente en indicadores de accidentes ocurridos para avanzar hacia indicadores predictivos que permitan anticipar los riesgos antes de que se materialicen.
Cinco acciones concretas para acelerar el cambio
Para acelerar la transformación de la seguridad y salud ocupacional en la salmonicultura, el informe plantea cinco medidas prioritarias que apuntan a fortalecer los estándares de prevención y profesionalizar la gestión del riesgo en toda la cadena productiva. Entre ellas, propone exigir la certificación ISO 45001 tanto para empresas como para contratistas, crear un «Pasaporte del Buzo Acuícola» —inspirado en el Pasaporte Minero— que concentre las certificaciones, capacitaciones y antecedentes de salud de estos trabajadores, y homologar las evaluaciones médicas ocupacionales para todo el sector.
Asimismo, el documento recomienda convertir en requisito obligatorio los protocolos de buceo seguro desarrollados por la propia industria y reforzar el funcionamiento efectivo de los comités paritarios, garantizando además una mayor representación de los trabajadores subcontratados. En conjunto, estas acciones buscan consolidar una cultura preventiva más sólida, mejorar la trazabilidad de las competencias laborales y elevar de manera sostenida los estándares de seguridad en la salmonicultura chilena.
Una oportunidad para posicionar a la salmonicultura como referente internacional
Más que identificar debilidades, el documento busca instalar una discusión estratégica sobre el futuro de la industria. Su principal conclusión es que la salmonicultura chilena dispone hoy de un marco regulatorio más sólido, evidencia internacional suficiente y experiencias exitosas dentro y fuera del país para acelerar un cambio estructural en materia de seguridad y salud ocupacional.
La interrogante, plantea el estudio, ya no es si la industria puede transformarse en una de las más seguras de Chile, sino si todos los actores —empresas, trabajadores, autoridades y organizaciones gremiales— estarán dispuestos a convertir ese objetivo en una prioridad común durante los próximos años.
Lea el documento completo aquí: ANÁLISIS COMPARATIVO DE SEGURIDAD Y SALUD OCUPACIONAL EN INDUSTRIAS DE ALTO RIESGO: CHILE Y REFERENTES INTERNACIONALES


















