La industria salmonera de Columbia Británica, una de las más prominentes de Canadá, enfrenta un punto de inflexión histórico. Documentos internos del Gobierno Federal, obtenidos por el periódico Canada’s National Observer, revelan que Ottawa se está preparando para un posible éxodo de los grandes operadores internacionales del cultivo de salmón en jaulas de red abierta. La decisión del Gobierno de eliminar progresivamente este tipo de instalaciones para 2029 está generando un efecto dominó en todo el sector, amenazando empleos, economías locales y la viabilidad futura de la acuicultura en la región.
Jaulas abiertas: una especie en extinción
La promesa del Gobierno Federal, anunciada en junio del año pasado, establece un plazo de cinco años para que los operadores de centros de cultivo migren hacia sistemas de contención cerrada, ya sea en tierra o en el mar. Desde entonces, empresas multinacionales como Mowi Canada West, Cermaq y Grieg Seafood —que poseen la mayoría de las licencias de acuicultura en la costa oeste— han manifestado que los plazos son «insuficientes» para realizar una transición efectiva.
Un memorando interno del 2 de febrero, dirigido a la viceministra del Departamento de Pesca y Océanos, Annette Gibbons, advierte que, si estas empresas abandonan la provincia, cerrarán también sus instalaciones de reproductores. Esto tendría consecuencias directas para las operaciones de contención cerrada, que quedarían sin suministro local de ovas de salmón del Atlántico, recurso esencial para la continuidad del cultivo.
Crisis de abastecimiento y bioseguridad
Actualmente, los criaderos de reproductores locales garantizan la provisión segura de ovas de salmón adaptados a las condiciones de Columbia Británica. Sin ellos, las nuevas empresas que deseen ingresar al mercado con sistemas cerrados se verían forzadas a importar ovas desde el Atlántico canadiense o del extranjero, una práctica históricamente evitada debido a los altos riesgos de introducir enfermedades, como la anemia infecciosa del salmón (ISA).
“La importación de ovas se ha identificado como un problema clave para el éxito del sector [de contención cerrada]”, indica el memorando. La Agencia Canadiense de Inspección de Alimentos (CFIA) mantiene estrictas restricciones, prohibiendo la entrada de ovas vivas desde Noruega, Islandia o el Reino Unido, precisamente para evitar la propagación de enfermedades que podrían devastar los ecosistemas locales.
El memorando plantea dos posibles soluciones: una, que ciertas instalaciones del este de Canadá logren acreditarse como “compartimentos” con protocolos de bioseguridad estrictos; otra, que se negocien certificados de exportación con países extranjeros. Ambas rutas, sin embargo, son complejas, costosas y requieren largos procesos regulatorios.
La apuesta de Salmon Evolution
Mientras tanto, la empresa noruega Salmon Evolution, especializada en cultivo de salmón en tierra, planea expandirse a América del Norte. Según su informe anual 2024, se encuentra en “negociaciones avanzadas” para establecer centro de cultivo a gran escala en la costa oeste, siendo el sur de Columbia Británica y los estados del norte de EE. UU. las ubicaciones preferidas.
El modelo de negocio de Salmon Evolution se basa en sistemas de recirculación en tierra (RAS), y su planta insignia “Indre Harøy” en Noruega espera alcanzar las 36.000 toneladas de salmón procesado al año. A pesar de su ambición, la empresa también enfrentará los mismos desafíos regulatorios en Canadá si depende de ovas del Atlántico.
En 2024, la compañía noruega duplicó su producción a 4.900 toneladas y espera eventualmente llegar a 100.000 toneladas anuales con sus proyectos en Noruega, Corea del Sur y Norteamérica. No obstante, aún no hay sistemas cerrados en el mundo que igualen los volúmenes de producción de las jaulas de red abiertas en Columbia Británica, que alcanzan las 50.000 toneladas anuales.
La resistencia de la industria
La transición no solo representa un reto técnico, sino también político y económico. La Asociación de Productores del Salmón de Columbia Británica (BCSF) ha manifestado su oposición a los plazos del Gobierno. “Hemos declarado repetidamente que es poco realista e inalcanzable”, afirmó Michelle Franze, gerente de comunicaciones de la BCSF, en un comunicado.
Según cifras de la propia asociación, la eliminación de las jaulas de red abierta implicaría una pérdida económica de US$1.100 millones y la eliminación de 4.500 empleos a tiempo completo en Canadá. A esto se suma la incertidumbre de si las empresas intentarán adaptarse al nuevo modelo, cerrarán definitivamente o trasladarán sus operaciones fuera del país.
La decisión del Gobierno responde a décadas de presión de comunidades indígenas, conservacionistas y científicos, quienes denuncian los impactos negativos de las jaulas abiertas en el ecosistema marino, especialmente en las poblaciones de salmón salvaje. Sin embargo, la transición también implica desafíos tecnológicos y logísticos considerables, además de una inversión millonaria que no todas las empresas están dispuestas o en condiciones de asumir.
Entre el colapso y la oportunidad
El escenario es incierto. Por un lado, hay un creciente consenso social y político de que las jaulas abiertas ya no tienen cabida en un modelo acuícola sustentable. Por otro, la industria enfrenta la dificultad de transformar una infraestructura construida durante décadas en apenas cinco años, con tecnologías aún en desarrollo y sin garantías de éxito comercial.
Los sistemas cerrados, aunque prometedores desde el punto de vista ambiental, todavía están lejos de alcanzar la escala productiva y la rentabilidad de las jaulas abiertas. Además, la dependencia de insumos importados y las barreras sanitarias representan un riesgo que podría frenar el crecimiento del sector en el corto plazo.
El Gobierno Federal ha prometido apoyo financiero para facilitar esta transición, pero hasta ahora no ha detallado ni los montos ni los mecanismos de dicho respaldo. Esto deja a las empresas navegando en un mar de incertidumbre, sin un rumbo claro y con inversiones multimillonarias en juego.
¿Un nuevo capítulo para la salmonicultura?
Lo que está en juego no es solo la permanencia de empresas multinacionales en Columbia Británica, sino el futuro de la salmonicultura en Canadá. La presión para desarrollar sistemas sostenibles y compatibles con el medio ambiente es legítima, pero también lo es la necesidad de asegurar empleos, inversión y seguridad alimentaria.
La eventual salida de gigantes como Mowi, Cermaq o Grieg Seafood podría abrir espacio para nuevos actores como Salmon Evolution, que apuestan por un modelo más limpio y tecnológicamente avanzado. Sin embargo, sin una política pública clara, apoyo técnico y un marco regulatorio que agilice las autorizaciones sin comprometer la bioseguridad, el camino hacia la contención cerrada será tan incierto como el mar que la industria busca abandonar.
La cuenta regresiva hacia 2029 ya comenzó. Y con ella, la lucha por redefinir el mapa salmonero de América del Norte.


















