Pasaron diez años desde ese otoño que marcó un antes y un después. Era un día de aparente calma en los fiordos de la Patagonia cuando la marea roja se desató, tan impredecible como devastadora. Las aguas frías del mar del sur de Chile se convirtieron repentinamente en un escenario de crisis para la industria del salmón. La floración de algas nocivas (FAN), ese shock invisible de microalgas tóxicas, arrasó con lo que hasta ese momento parecía una estructura productiva blindada.
En los días posteriores al estallido, el sector estaba en el suelo, golpeado por la pérdida masiva de stocks y la desaparición de más de 39.000 toneladas de biomasa, según documentos como el Informe Final de la Comisión Marea Roja que publicaron universidades en conjunto en noviembre de 2016. Los protagonistas de ese episodio recuerdan, además de la muerte de los peces, cómo la confianza de los mercados internacionales caía a la misma velocidad con la que subían los números rojos.
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La crisis de 2016 fue un evento sin precedentes que dejó cicatrices profundas. Las pérdidas económicas fueron millonarias y las imágenes de jaulas flotando sin vida recorrieron el mundo. Los ecos de la tragedia, además de poner en duda la viabilidad del negocio a largo plazo, también evidenciaron la vulnerabilidad de la salmonicultura chilena frente a fenómenos naturales. Las pérdidas fueron catastróficas, pero el renacer, como siempre, empezó desde la oscuridad. La crisis que parecía desbordar a la industria, lejos de hundirla, hizo que comenzara a gestarse una nueva resiliencia.
No hubo tiempo para lamentarse; lo único que quedaba era adaptarse, aprender y avanzar. Así, se cimentó la convicción de que la ciencia, la tecnología y las prácticas sostenibles debían ser los ejes inquebrantables para el futuro de la industria salmonera. 2016 marcó la tormenta perfecta que transformó la industria para siempre.
Comprender al enemigo invisible

Estos blooms son fenómenos naturales, aunque su frecuencia y magnitud se han visto exacerbadas por el cambio climático y la disponibilidad de nutrientes. En este proceso, son determinantes factores como el aumento de la temperatura superficial del mar, la estratificación de la columna de agua debido a la baja intensidad de vientos y la alta radiación solar, así como la eutrofización (enriquecimiento de nutrientes como nitrógeno y fósforo), condiciones que inciden en el crecimiento exponencial de microalgas.
Con cada evento de floración, las lecciones se volvieron más fuertes: la industria no podía depender del azar. Esto impulsó a las principales productoras nacionales a iniciar una revisión exhaustiva de sus protocolos de bioseguridad y contingencia. El sector debió redefinir sus estrategias y posicionar a la innovación tecnológica como el pilar fundamental para la sostenibilidad operativa.
Durante la última década, las compañías intensificaron su inversión en I+D. Así, tecnologías de vanguardia comenzaron a adaptarse a la compleja geografía de los fiordos australes. Los sistemas de mitigación por surgencia (como las cortinas de burbujas) y de aireación de soporte, integrados con modelos predictivos basados en inteligencia artificial y monitoreo satelital, se consolidaron como herramientas esenciales para la gestión preventiva de las FAN.
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Barreras de burbujas y datos
Los sistemas de surgencia se extendieron rápidamente como parte del estándar operativo. Estos sistemas, basados en cortinas de burbujas, se diseñaron para desplazar o bloquear las algas nocivas antes de que ingresen a las jaulas de cultivo, protegiendo así a los salmones.
El sistema inyecta microburbujas de aire en las aguas cercanas a los centros de engorda. Estas burbujas se liberan mediante mangueras subacuáticas ubicadas estratégicamente alrededor del perímetro del cultivo. A medida que las microburbujas ascienden, crean una corriente vertical que eleva las aguas más profundas (generalmente con menor concentración de algas) hacia la superficie. Esto desplaza las masas de agua superficiales que contienen las FAN.
Asimismo, se utiliza tecnología satelital para monitorear las condiciones oceanográficas en tiempo real, como la temperatura superficial del mar, la concentración de clorofila y otros factores que favorecen la proliferación de microalgas. Las herramientas satelitales pueden, por ejemplo, identificar zonas de riesgo donde las algas nocivas se acumulan, predecir su movimiento y anticiparse a los brotes.
Lo anterior va de la mano con la implementación de inteligencia artificial (IA) para procesar grandes volúmenes de datos sobre las condiciones ambientales que se obtienen tanto de los satélites como de los sensores en el mar. La IA permite identificar patrones y correlaciones entre variables como temperatura del agua, corrientes marinas, niveles de nutrientes y movimiento de algas. Los modelos predicen cuándo y dónde pueden ocurrir blooms nocivos, lo que les entrega a las productoras la capacidad de prevenir o mitigar los efectos, permitiendo adelantar cosechas, trasladar peces o activar los sistemas de surgencia para dispersar las algas.
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AquaChile: navegando la marea roja con tecnología y precisión

En su esfuerzo por enfrentar la marea roja, AquaChile impulsó la implementación de sistemas de monitoreo avanzado y tecnologías de detección temprana. Se adoptó una estrategia activa mediante el uso de sensores en sus centros de cultivo, lo que le permite identificar cualquier anomalía en la columna de agua antes de que se convierta en una amenaza.
Según su Reporte de Sostenibilidad más reciente, la compañía implementó estaciones de monitoreo de fitoplancton (microalgas, entre las cuales algunas pueden ser nocivas y causar FAN) en sus centros de agua marina para la detección temprana de floraciones. Esto les permitió alcanzar un 100% de cumplimiento en su meta de detección temprana.
Estas estaciones, además de permitir tomar decisiones críticas sobre el movimiento de los peces o la cosecha anticipada, también consolidan la capacidad de la empresa para reaccionar rápidamente frente a riesgos biológicos. A esto se suman los programas de monitoreo fitoplanctónico, lo que resulta esencial. Estos sistemas, además de identificar la distribución de especies nocivas, también permiten un seguimiento en tiempo real, lo que facilita una respuesta rápida y coordinada para intervenir de manera eficiente frente a los brotes de FAN.
Blumar: La prueba de fuego y resiliencia operativa en Aysén
Aunque ya habían implementado la tecnología para enfrentar las FAN, no fue hasta inicios de 2024 cuando Blumar tuvo que poner a prueba la efectividad real de sus nuevos protocolos ante una amenaza concreta. En enero de ese año, una nueva floración de Pseudochattonella, una de las especies más peligrosas para los salmones, volvió a desafiar la capacidad operativa de la industria. Esta vez la historia fue diferente: Blumar sí estaba blindada.

Así figura en la Memoria Integrada 2024 de la compañía, donde se señala que en Aysén, específicamente el centro de engorda Ninualac 2, con una importante biomasa en crecimiento, fue el principal afectado. El evento, que años atrás habría sido una catástrofe sin capacidad de maniobra, se convirtió en una demostración de eficiencia logística.
La respuesta fue rápida y coordinada. La productora desplegó barcos pesqueros adaptados, barcazas de apoyo y dos wellboats para cosechar los peces vivos y retirar la mortalidad. Se utilizaron robots submarinos (ROV) y equipos de succión especializados para extraer la biomasa afectada de manera eficiente. Solo seis días después de que se detectara el bloom, Blumar había logrado retirar el 100% de la biomasa afectada, con lo que cumplió cabalmente con la normativa ambiental vigente y los plazos de Sernapesca.
Si bien hubo un costo financiero, con un impacto directo cercano a los USD 8,5 millones, la compañía demostró que aprendió a adaptarse. Gerardo Balbontín, gerente general de la firma, destacó que, a pesar de los efectos negativos, la firma logró mantener su solidez; destacó, asimismo, la agilidad del equipo frente a la crisis.
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La Revolución Azul de Mowi: adaptarse a las adversidades con tecnología avanzada

Tal como otras compañías, Mowi adoptó una postura proactiva frente a las FAN mediante la implementación de tecnologías predictivas y monitoreo satelital. Como parte de su estrategia global y el concepto de «Revolución Azul», la firma utiliza inteligencia artificial para medir variables clave del mar, lo que les permite reducir riesgos y mejorar su capacidad de anticipación ante estos eventos.
Según su Reporte Integrado Anual 2023, Mowi logró identificar zonas de riesgo y predecir el movimiento de las algas nocivas. Esto les permite tomar decisiones preventivas, como reubicar los peces o activar sistemas de aireación y surgencia para dispersar las algas. Además, la compañía implementó estaciones de monitoreo fitoplanctónico, lo que les ha permitido cumplir con un 100% de su meta de detección temprana y mejorar su capacidad de respuesta ante los brotes de FAN.
El documento también señala que Mowi invierte en sistemas para monitorear la salud de sus peces, garantizando su bienestar y minimizando el impacto de las FAN. Este enfoque integrado, además de abordar los desafíos biológicos inmediatos, también busca reducir la huella ambiental de la salmonicultura. Si bien la firma reconoce el cambio climático como un riesgo, también lo considera una oportunidad para mejorar sus prácticas de sostenibilidad.
Cooperación en un Esfuerzo Intergremial
Algo que quedó claro en esta última década es que la cooperación sectorial es la base esencial para la evolución y resiliencia de nuestra industria salmonera. Tanto el Consejo del Salmón como SalmonChile, a través de su instituto tecnológico Intesal, han impulsado la creación de plataformas donde los datos sobre fitoplancton se comparten y se eliminan los antiguos “silos” de información, esos sistemas aislados donde cada empresa manejaba sus datos de forma independiente. Este esquema colaborativo ha permitido actuar de manera más rápida y coordinada frente a cualquier alerta, lo que dio paso a un blindaje sectorial unido.
La colaboración con autoridades como Sernapesca también ha sido clave. De hecho, durante la contingencia que enfrentó Blumar en 2024, el organismo fiscalizador trabajó codo a codo con la empresa para asegurar el retiro correcto de la mortalidad y evitar que el incidente escalara a una crisis ambiental. Como han destacado los gremios en varias oportunidades, y como lo expresó Joanna Davidovich, quien fuera directora ejecutiva del Consejo del Salmón entre 2020 y 2022: “La industria avanza hoy en varios ejes, en coordinación con las autoridades, para poder enfrentar de mejor forma las floraciones de microalgas y evitar que generen mortalidades masivas e impacto en el medio ambiente.”
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La batalla ganada: la marea roja ya no es un enemigo invencible
Para la salmonicultura chilena, la adversidad extrema se puede convertir en una oportunidad de mejora continua. La crisis de 2016 marcó un punto de inflexión que, aunque doloroso, fue probablemente necesario. Despertó una voluntad de superación que hoy caracteriza a nuestra industria en varios frentes. De la mano de la innovación tecnológica, la cooperación gremial y la resiliencia operativa, diez años después, la industria del salmón está mucho mejor preparada frente a emergencias como las floraciones de algas nocivas y otras eventuales “tormentas perfectas”.
Mientras nuestra salmonicultura sigue enfrentando las adversidades del cambio climático, fortalece su posición de vanguardia, donde la marea roja ya no es un enemigo invencible, como lo fue en 2016, sino una batalla ganable.


















