Desde sus orígenes a mediados de los años 70, el Estado jugó un papel clave en el nacimiento y fortalecimiento de una industria que hoy se posiciona como la segunda más relevante en términos de exportaciones no mineras. Existe un amplio consenso nacional en que la salmonicultura se ha consolidado como una de las principales actividades exportadoras de Chile, situando al país como líder mundial en producción de salmones (actualmente ocupa el segundo lugar a nivel global).
Según datos del Banco Central, en 2025 el sector cerró con US$ 6.549 millones en exportaciones, registrando un crecimiento del 3% respecto de 2024. Esto explica que la salmonicultura represente ya el 6% de la matriz exportadora nacional, duplicando en valor a las cerezas (US$ 3.380 millones) y consolidándose como el segundo producto más exportado del país. Este escenario plantea desafíos tanto para la industria como para la academia, en la generación de nuevos conocimientos y en la formación de profesionales capaces de liderar el sector.
En esta línea, el Índice Global de Innovación (GII) 2025 ubicó a Chile en el puesto 51 en innovación a nivel mundial —primero en América Latina—, aunque solo alcanzó el lugar 68 en el indicador de “Colaboración en investigación y desarrollo entre universidades e industria”. Este rezago evidencia un desafío estructural que la sociedad deberá abordar de manera conjunta.
El aporte de la agronomía
Desde sus inicios, la salmonicultura contó con una fuerte presencia de ingenieros agrónomos, quienes aportaron conocimientos en nutrición animal, gestión de recursos naturales y planificación territorial. Hoy, al revisar las memorias de las principales empresas del rubro, se observa que el gremio mantiene un rol estratégico en áreas como sustentabilidad, medio ambiente, nutrición animal y gestión territorial. La transferencia de experiencias agropecuarias al ámbito ictícola ha fortalecido la competitividad internacional y explica las similitudes entre los modelos productivos agrícola y acuícola.
El principal desafío actual para la salmonicultura es transitar hacia un modelo más sostenible y socialmente integrado, siguiendo el camino recorrido por la agricultura. La proyección futura del sector en Chile se centra en la implementación de la economía circular, la bioseguridad y la gestión territorial sostenible.
Retos y oportunidades
Los principales focos que la industria deberá enfrentar incluyen:
- Control de enfermedades y uso de fármacos.
- Impacto ambiental sobre los fondos marinos más el input de nutrientes.
- Conflictos territoriales con comunidades locales y pueblos originarios, debido a la ausencia crónica de marcos regulatorios en ordenamiento territorial.
- Dependencia de insumos importados.
Frente a estos retos, la agronomía puede contribuir con investigación en alimentos alternativos para peces, tecnologías de recirculación de agua, bioseguridad mediante probióticos y vacunas naturales, y ordenamiento territorial costero. La clave está en establecer una red colaborativa entre industria y academia en áreas como biotecnología aplicada, gestión costera, economía azul, sostenibilidad y certificaciones internacionales.
El rol de la Universidad de Aysén
Ubicada en el corazón de la región salmonera, la Universidad de Aysén tiene la oportunidad de convertirse en referente nacional e internacional liderando programas de investigación aplicada en ordenamiento costero, formando profesionales con enfoque territorial y sostenible, y promoviendo la vinculación entre comunidades locales y la industria. De esta manera, la agronomía puede proyectarse como disciplina esencial en el desarrollo de la economía azul en Chile y América Latina.
En definitiva, la salmonicultura chilena exige nuevas formas de gestión y sostenibilidad. En este proceso, los ingenieros agrónomos han sido y seguirán siendo protagonistas, aportando soluciones a los desafíos ambientales, sociales y productivos que marcarán el futuro de la industria.
José Cuevas Becerra, jefe de la carrera de agronomía, Universidad de Aysén.


















