La acidificación oceánica ya no es un riesgo futuro para América Latina y el Caribe, sino un desafío presente que requiere respuestas coordinadas entre la ciencia, la industria y los gobiernos. Esa es una de las principales conclusiones del nuevo Policy Brief «Tomando acción frente a la acidificación oceánica en Latinoamérica y el Caribe», elaborado por la OA Alliance junto al Instituto Milenio SECOS, el Centro de Estudios Avanzados en Zonas Áridas (CEAZA), el Laboratorio ECCALab de la Universidad de Concepción, el Instituto de Fomento Pesquero (IFOP) y diversas organizaciones internacionales y centros de investigación de la región.
El documento advierte que América Latina y el Caribe generan cerca de 17,7 millones de toneladas de productos pesqueros y acuícolas al año, equivalentes al 8% de la producción mundial, por lo que el deterioro de la química del océano representa una amenaza directa para la seguridad alimentaria, la biodiversidad y las economías que dependen de los recursos marinos.
Un desafío creciente para la acuicultura
Los autores explican que el océano ha absorbido alrededor del 40% del dióxido de carbono (CO₂) emitido desde la Revolución Industrial y cerca del 90% del exceso de calor generado por las actividades humanas. Aunque este proceso ha amortiguado parte del calentamiento global, también ha incrementado la acidez del agua de mar, modificando las condiciones químicas de los ecosistemas marinos.
En las zonas costeras, donde se concentra buena parte de la actividad acuícola, el problema puede agravarse debido al aporte de nutrientes provenientes de aguas residuales, escorrentías agrícolas y otras fuentes de contaminación, que aceleran la acidificación y aumentan el estrés sobre las especies cultivadas.
El informe señala que estos cambios reducen la capacidad de numerosos organismos marinos para crecer, reproducirse y sobrevivir. En particular, las especies calcificadoras, como moluscos y corales, presentan una alta vulnerabilidad debido a la disminución de minerales carbonatados necesarios para formar conchas y esqueletos.
Aunque el salmón no pertenece a este grupo, los investigadores enfatizan que la acidificación actúa en conjunto con otros factores de estrés, como el calentamiento del océano y la disminución del oxígeno disuelto, alterando el funcionamiento de los ecosistemas marinos donde se desarrolla la acuicultura y aumentando los riesgos para la producción.
Chile aparece como uno de los países estratégicos
El documento identifica a Chile entre los países latinoamericanos con mayor dependencia económica de la pesca y la acuicultura. Además, destaca que los procesos naturales de surgencia presentes en la costa del Pacífico pueden intensificar los efectos de la acidificación en determinadas zonas productivas.
En ese contexto, el informe resalta el trabajo desarrollado por el IFOP, que desde 2024 mantiene estaciones permanentes de monitoreo de acidificación costera en áreas cercanas a centros de cultivo de mejillones y salmón en el sur de Chile. Esta red busca generar información de largo plazo para identificar tendencias, comprender los impactos del fenómeno y apoyar la toma de decisiones para el sector pesquero y acuícola.
Asimismo, destaca investigaciones desarrolladas por SECOS, CEAZA y el Laboratorio ECCA de la Universidad de Concepción, enfocadas en comprender cómo la acidificación, la desoxigenación y otros factores ambientales afectan la resiliencia de los ecosistemas costeros y de la acuicultura nacional.
Ciencia y monitoreo como herramientas de adaptación
Uno de los mensajes centrales del documento es que la región necesita fortalecer significativamente sus capacidades de monitoreo y predicción.
Los investigadores sostienen que ampliar las redes de observación permitirá establecer líneas base, detectar tendencias, identificar zonas de mayor riesgo y desarrollar sistemas de alerta temprana que apoyen tanto a la pesca como a la acuicultura frente a eventos extremos.
El informe también identifica brechas importantes en infraestructura científica, disponibilidad de datos, formación de especialistas e integración entre investigación y políticas públicas, advirtiendo que reducir estas brechas será clave para diseñar estrategias de adaptación eficaces.
Cinco prioridades para proteger la economía azul
Como hoja de ruta para los gobiernos y los sectores productivos, el Policy Brief propone cinco líneas de acción prioritarias:
- Reducir las emisiones de carbono y la contaminación costera.
- Proteger los ecosistemas de carbono azul y fortalecer la conservación marina.
- Incrementar la inversión en investigación científica, monitoreo y sistemas de alerta temprana.
- Fortalecer la adaptación de la pesca y la acuicultura frente a los cambios en la química del océano.
- Incorporar la acidificación oceánica en las políticas públicas, la planificación marina y las estrategias nacionales de desarrollo sostenible.
Para la industria del salmón, el documento plantea que avanzar hacia una acuicultura más resiliente dependerá cada vez más de integrar el monitoreo ambiental, la investigación aplicada y la planificación basada en evidencia científica, permitiendo anticipar riesgos y fortalecer la sostenibilidad de la producción frente a un océano que continúa cambiando.



















