El enorme aporte nutricional de los invertebrados acuáticos abre nuevas preguntas para el futuro de los alimentos del mar
Investigación publicada en Nature estima que la producción mundial de invertebrados acuáticos aporta nutrientes esenciales equivalentes a los requerimientos anuales de miles de millones de personas, reforzando la importancia de diversificar y evaluar nutricionalmente los sistemas alimentarios acuáticos.
Los alimentos provenientes del océano y de otros ecosistemas acuáticos podrían tener un papel todavía mayor en la seguridad alimentaria mundial. Así lo plantea una nueva investigación publicada en Nature, que cuantificó por primera vez a escala global el aporte nutricional de los invertebrados acuáticos, incluyendo especies provenientes de la pesca y la acuicultura.
El trabajo, liderado por Jessica Zamborain-Mason junto a investigadores de instituciones como King Abdullah University of Science and Technology, Harvard T.H. Chan School of Public Health, Lancaster University, University of California y University of British Columbia, entre otras, analizó la contribución de estos organismos a 30 nutrientes esenciales para la salud humana.
El resultado muestra que los invertebrados acuáticos representan una fuente nutricional considerablemente mayor de lo que podría sugerir su participación en los volúmenes de producción.
Una producción que concentra nutrientes esenciales
El estudio estimó que, durante 2019, los invertebrados provenientes de la acuicultura y de las pesquerías marinas aportaron cantidades equivalentes a los requerimientos anuales de más de 5.000 millones de personas en vitamina B12 y selenio.
El aporte también fue significativo para otros nutrientes. La producción alcanzó los requerimientos anuales equivalentes de más de 1.000 millones de personas para cobre, ácidos grasos omega-3 —incluidos EPA y DHA—, yodo y zinc. Para vitamina B3, proteínas, cromo y fósforo, la cifra superó los 300 millones de requerimientos anuales.
La investigación encontró, además, una diferencia relevante entre los distintos sistemas productivos. Mientras las pesquerías marinas aportaron aproximadamente 937 millones de requerimientos anuales de DHA y EPA, la acuicultura de invertebrados destacó especialmente por su contribución de vitamina B12, selenio, yodo, cobre y zinc.
Esto refuerza una idea central para el sector de los alimentos acuáticos, en el sentido de que el volumen producido no necesariamente refleja el valor nutricional generado.
La acuicultura aparece como un actor relevante
Uno de los resultados más llamativos se observa precisamente en la acuicultura. En 2019, los invertebrados representaron aproximadamente 33% del volumen total de la producción acuícola, pero su contribución fue desproporcionadamente mayor para determinados nutrientes. Según el estudio, aportaron más del 70% del cobre y zinc provenientes de la acuicultura y más del 50% del sodio, yodo, vitamina B12, vitamina C e hierro.
El análisis también muestra que la composición del aporte nutricional cambia según las especies y los sistemas productivos. La maricultura de invertebrados representó el 76% del suministro total de maricultura en 2019 y aportó más del 85% del zinc, cobre, cromo, manganeso, sodio, vitamina B12, vitamina B9 e hierro provenientes de organismos marinos cultivados.
Los moluscos fueron particularmente relevantes: los investigadores estimaron que los moluscos cultivados podían aportar el equivalente a los requerimientos anuales de más de 4.000 millones de personas en vitamina B12 y más de 1.000 millones en selenio, cobre y yodo.
¿Qué significa esto para la industria del salmón?
El estudio no analiza específicamente al salmón Atlántico ni plantea una comparación comercial entre especies de acuicultura. Sin embargo, sus resultados entregan un marco interesante para entender el futuro de los alimentos acuáticos.
Una de las principales conclusiones es que la seguridad alimentaria no depende necesariamente de un único producto, sino de una cartera diversa de alimentos acuáticos, debido a que diferentes grupos aportan distintos perfiles de nutrientes. De hecho, los investigadores señalan que algunos nutrientes —entre ellos proteínas y determinados ácidos grasos omega-3, EPA y DHA— son aportados principalmente por alimentos acuáticos distintos de los invertebrados.
Para una industria como la salmonicultura, cuyo producto posee un reconocido perfil nutricional, este enfoque plantea una discusión más amplia: cómo medir y comunicar el valor de los alimentos acuáticos no solamente por toneladas producidas, sino también por los nutrientes que entregan a las dietas humanas.
El trabajo propone precisamente avanzar hacia sistemas de evaluación capaces de considerar simultáneamente producción, composición nutricional, sostenibilidad y contexto ambiental.
El ambiente también puede modificar el perfil nutricional
Otro hallazgo relevante es que el contenido de nutrientes de los invertebrados no es estático. Los modelos desarrollados por los investigadores encontraron asociaciones entre el perfil nutricional y diferentes características ecológicas y ambientales. Por ejemplo, especies de aguas frías presentaron mayores concentraciones de DHA y EPA, mientras que especies de aguas profundas mostraron mayores niveles de DHA y EPA, hierro, yodo y selenio.
La investigación también detectó diferencias relacionadas con el hábitat, la profundidad, el régimen térmico y otros rasgos ecológicos.
Este resultado adquiere especial interés frente a escenarios de cambio climático, ya que los cambios en temperatura y condiciones ambientales podrían modificar la composición nutricional de determinados alimentos acuáticos.
Un modelo para especies de las que todavía se sabe poco
Una de las innovaciones metodológicas del trabajo fue abordar una importante brecha de información. Los investigadores utilizaron datos nutricionales de 465 especies de invertebrados, junto con información ecológica y ambiental, para desarrollar modelos bayesianos capaces de estimar la composición nutricional de especies con escasos datos disponibles. Posteriormente, utilizaron esos modelos para estimar el contenido nutricional potencial de 50.807 especies de macroinvertebrados registradas en SeaLifeBase.
Más que plantear una mayor explotación de los recursos acuáticos, los resultados ponen en perspectiva el valor que ya existe en los sistemas alimentarios del océano y la necesidad de gestionarlo de manera sostenible.
Para la industria del salmón y la acuicultura en general, el estudio abre una mirada complementaria sobre el futuro de los alimentos acuáticos, donde producción, aporte nutricional, biodiversidad y sostenibilidad deben analizarse de manera integrada.
En este escenario, conocer con mayor precisión qué nutrientes aporta cada especie y cómo las condiciones ambientales pueden influir en su composición podría ser clave para avanzar hacia sistemas acuáticos más eficientes, diversificados y capaces de responder a los desafíos nutricionales del futuro.
Lea el estudio completo aquí: The nutritional value of invertebrate aquatic foods
Los alimentos provenientes del océano y de otros ecosistemas acuáticos podrían tener un papel todavía mayor en la seguridad alimentaria mundial. Así lo plantea una nueva investigación publicada en Nature, que cuantificó por primera vez a escala global el aporte nutricional de los invertebrados acuáticos, incluyendo especies provenientes de la pesca y la acuicultura.
El trabajo, liderado por Jessica Zamborain-Mason junto a investigadores de instituciones como King Abdullah University of Science and Technology, Harvard T.H. Chan School of Public Health, Lancaster University, University of California y University of British Columbia, entre otras, analizó la contribución de estos organismos a 30 nutrientes esenciales para la salud humana.
El resultado muestra que los invertebrados acuáticos representan una fuente nutricional considerablemente mayor de lo que podría sugerir su participación en los volúmenes de producción.
Una producción que concentra nutrientes esenciales
El estudio estimó que, durante 2019, los invertebrados provenientes de la acuicultura y de las pesquerías marinas aportaron cantidades equivalentes a los requerimientos anuales de más de 5.000 millones de personas en vitamina B12 y selenio.
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El aporte también fue significativo para otros nutrientes. La producción alcanzó los requerimientos anuales equivalentes de más de 1.000 millones de personas para cobre, ácidos grasos omega-3 —incluidos EPA y DHA—, yodo y zinc. Para vitamina B3, proteínas, cromo y fósforo, la cifra superó los 300 millones de requerimientos anuales.
La investigación encontró, además, una diferencia relevante entre los distintos sistemas productivos. Mientras las pesquerías marinas aportaron aproximadamente 937 millones de requerimientos anuales de DHA y EPA, la acuicultura de invertebrados destacó especialmente por su contribución de vitamina B12, selenio, yodo, cobre y zinc.
Esto refuerza una idea central para el sector de los alimentos acuáticos, en el sentido de que el volumen producido no necesariamente refleja el valor nutricional generado.
La acuicultura aparece como un actor relevante
Uno de los resultados más llamativos se observa precisamente en la acuicultura. En 2019, los invertebrados representaron aproximadamente 33% del volumen total de la producción acuícola, pero su contribución fue desproporcionadamente mayor para determinados nutrientes. Según el estudio, aportaron más del 70% del cobre y zinc provenientes de la acuicultura y más del 50% del sodio, yodo, vitamina B12, vitamina C e hierro.
El análisis también muestra que la composición del aporte nutricional cambia según las especies y los sistemas productivos. La maricultura de invertebrados representó el 76% del suministro total de maricultura en 2019 y aportó más del 85% del zinc, cobre, cromo, manganeso, sodio, vitamina B12, vitamina B9 e hierro provenientes de organismos marinos cultivados.
Los moluscos fueron particularmente relevantes: los investigadores estimaron que los moluscos cultivados podían aportar el equivalente a los requerimientos anuales de más de 4.000 millones de personas en vitamina B12 y más de 1.000 millones en selenio, cobre y yodo.
¿Qué significa esto para la industria del salmón?
El estudio no analiza específicamente al salmón Atlántico ni plantea una comparación comercial entre especies de acuicultura. Sin embargo, sus resultados entregan un marco interesante para entender el futuro de los alimentos acuáticos.
Una de las principales conclusiones es que la seguridad alimentaria no depende necesariamente de un único producto, sino de una cartera diversa de alimentos acuáticos, debido a que diferentes grupos aportan distintos perfiles de nutrientes. De hecho, los investigadores señalan que algunos nutrientes —entre ellos proteínas y determinados ácidos grasos omega-3, EPA y DHA— son aportados principalmente por alimentos acuáticos distintos de los invertebrados.
Para una industria como la salmonicultura, cuyo producto posee un reconocido perfil nutricional, este enfoque plantea una discusión más amplia: cómo medir y comunicar el valor de los alimentos acuáticos no solamente por toneladas producidas, sino también por los nutrientes que entregan a las dietas humanas.
El trabajo propone precisamente avanzar hacia sistemas de evaluación capaces de considerar simultáneamente producción, composición nutricional, sostenibilidad y contexto ambiental.
El ambiente también puede modificar el perfil nutricional
Otro hallazgo relevante es que el contenido de nutrientes de los invertebrados no es estático. Los modelos desarrollados por los investigadores encontraron asociaciones entre el perfil nutricional y diferentes características ecológicas y ambientales. Por ejemplo, especies de aguas frías presentaron mayores concentraciones de DHA y EPA, mientras que especies de aguas profundas mostraron mayores niveles de DHA y EPA, hierro, yodo y selenio.
La investigación también detectó diferencias relacionadas con el hábitat, la profundidad, el régimen térmico y otros rasgos ecológicos.
Este resultado adquiere especial interés frente a escenarios de cambio climático, ya que los cambios en temperatura y condiciones ambientales podrían modificar la composición nutricional de determinados alimentos acuáticos.
Un modelo para especies de las que todavía se sabe poco
Una de las innovaciones metodológicas del trabajo fue abordar una importante brecha de información. Los investigadores utilizaron datos nutricionales de 465 especies de invertebrados, junto con información ecológica y ambiental, para desarrollar modelos bayesianos capaces de estimar la composición nutricional de especies con escasos datos disponibles. Posteriormente, utilizaron esos modelos para estimar el contenido nutricional potencial de 50.807 especies de macroinvertebrados registradas en SeaLifeBase.
Más que plantear una mayor explotación de los recursos acuáticos, los resultados ponen en perspectiva el valor que ya existe en los sistemas alimentarios del océano y la necesidad de gestionarlo de manera sostenible.
Para la industria del salmón y la acuicultura en general, el estudio abre una mirada complementaria sobre el futuro de los alimentos acuáticos, donde producción, aporte nutricional, biodiversidad y sostenibilidad deben analizarse de manera integrada.
En este escenario, conocer con mayor precisión qué nutrientes aporta cada especie y cómo las condiciones ambientales pueden influir en su composición podría ser clave para avanzar hacia sistemas acuáticos más eficientes, diversificados y capaces de responder a los desafíos nutricionales del futuro.