El salmón rompe sus patrones históricos y enciende una alerta sobre los precios
El aumento de la capacidad productiva y una biomasa que se mantiene elevada durante todo el año podrían estar cambiando la dinámica económica de la salmonicultura. Un análisis de Manolin proyecta una recuperación estacional de los precios hacia Navidad, pero advierte que la evolución de la oferta y los desafíos biológicos serán determinantes para el cierre de 2026.
Los precios del salmón podrían recuperar impulso durante el último trimestre de 2026, siguiendo el comportamiento estacional habitual previo a la Navidad. Sin embargo, detrás de esta expectativa comienza a surgir una señal que podría tener implicancias más profundas para la industria salmonera mundial: los patrones históricos de la biomasa de salmón en Noruega están cambiando, mientras los precios permanecen por debajo de los niveles observados en años anteriores.
Así lo plantea Tony Chen, cofundador y CEO de Manolin, en un análisis presentado en el podcast Fish n’ Bits, donde examina la evolución de los precios, la biomasa disponible en el agua y las decisiones productivas que podrían estar modificando la economía de la salmonicultura.
Uno de los principales antecedentes es que, durante gran parte de los últimos 20 meses analizados, los precios se han mantenido por debajo de lo esperado, incluso en períodos de fuerte demanda estacional. El fenómeno coincide con una transformación en la dinámica de la biomasa noruega, cuyos mínimos estacionales se han vuelto menos pronunciados desde 2025.
La combinación de ambos factores abre una pregunta relevante para el sector: ¿qué ocurre cuando la industria consigue producir peces de manera más constante, pero el mercado no necesariamente absorbe esa oferta adicional al ritmo esperado?
Una biomasa cada vez más alta y menos estacional
El análisis de Manolin identifica dos tendencias en la producción noruega durante las últimas dos décadas. La primera es el crecimiento sostenido de la biomasa de salmón en el agua. Mientras en 2005 el volumen se situaba aproximadamente entre 300.000 y 400.000 toneladas en un momento determinado, actualmente se acerca a las 900.000 toneladas.
La segunda tendencia es menos evidente, pero potencialmente más significativa para el mercado. Históricamente, la biomasa ha presentado ciclos estacionales definidos, con períodos de aumento seguidos de descensos. En algunos años, la diferencia entre los máximos y mínimos ha superado las 150.000 toneladas.
Desde 2025, sin embargo, esos descensos se han moderado. En lugar de las caídas habituales, la biomasa se ha mantenido en niveles inusualmente elevados durante buena parte del año.
Este cambio coincide temporalmente con una mayor presión sobre los precios, aunque Chen advierte que esa relación no demuestra por sí sola una causalidad directa.
Entre los factores que podrían contribuir a esta transformación se encuentran el uso de smolts de mayor tamaño, las mejoras en alimentación y genética, un desempeño biológico relativamente estable y una gestión más precisa de las decisiones de cosecha.
En conjunto, estos avances habrían permitido a los productores mantener mayores volúmenes de peces en el agua de forma más consistente.
El desafío es que una mayor eficiencia productiva no garantiza, por sí misma, mejores resultados comerciales. Si la capacidad de producción aumenta y la demanda no crece al mismo ritmo, la presión sobre los precios puede intensificarse.
Créditos: Manolin.
La lección de la ganadería que podría anticipar nuevos ciclos
Para explicar esta dinámica, Chen recurre al denominado modelo de la telaraña (Cobweb Model), una teoría económica utilizada para comprender las fluctuaciones de oferta y precios en mercados agrícolas y ganaderos.
El mecanismo es relativamente sencillo. Los productores toman decisiones a partir de las condiciones de mercado actuales, pero los resultados de esas decisiones llegan con retraso, debido al tiempo que requiere producir y comercializar los animales.
Cuando los precios son elevados, aumenta el incentivo para producir más. Sin embargo, si numerosos productores reaccionan de forma similar, la oferta adicional puede llegar al mercado cuando las condiciones ya han cambiado. El resultado puede ser una caída de los precios que incentive, posteriormente, una reducción de la producción.
La ganadería bovina estadounidense ofrece un ejemplo de estos ciclos, caracterizados por períodos de expansión y contracción que históricamente han llegado a durar alrededor de diez años.
Aunque la salmonicultura presenta diferencias importantes, también comparte algunos elementos de esta dinámica. Las decisiones de producción se toman meses o años antes de la cosecha, el desempeño biológico está sujeto a incertidumbre y distintas empresas pueden reaccionar simultáneamente ante las mismas señales económicas.
Durante años, la combinación de crecimiento de la demanda y una producción relativamente limitada incentivó a los salmonicultores a maximizar sus volúmenes. Pero las mejoras biológicas y operacionales pueden cambiar ese equilibrio si permiten que toda la industria produzca de manera más constante.
En ese escenario, incluso decisiones razonables para cada empresa, consideradas individualmente, podrían contribuir a generar dificultades para el conjunto del sector.
Chen no plantea que la salmonicultura vaya necesariamente a reproducir los mismos ciclos de la ganadería bovina, pero considera que los datos recientes justifican seguir de cerca esta posibilidad.
¿Repuntarán los precios del salmón en el último trimestre?
Las proyecciones de Manolin apuntan a una recuperación estacional de los precios durante las últimas semanas de 2026, en línea con el comportamiento que tradicionalmente se observa a medida que se acerca la Navidad.
En concreto, sus modelos proyectan precios cercanos a las NOK90 por kilo (US$9,45) hacia el cierre del año. No obstante, esta perspectiva dependerá de cómo evolucione la oferta y de si aparecen nuevos factores que alteren las expectativas de producción.
Uno de los elementos que el análisis destaca es la posibilidad de que algunos productores retrasen sus cosechas a la espera de precios más favorables. Si la biomasa permanece elevada y una parte importante de los productores toma decisiones similares, podría haber más peces disponibles de los que anticipa el mercado.
La biología constituye otra variable determinante. Aunque el desempeño biológico global de la salmonicultura se ha mantenido relativamente estable durante los últimos seis trimestres, Chen menciona dificultades recientes en determinados focos productivos.
Entre los casos señalados figuran episodios de anemia infecciosa del salmón (ISA) reportados por SalMar en Noruega, problemas relacionados con algas en el sur de ese país que han afectado a Grieg y dificultades asociadas a algas nocivas experimentadas recientemente por Multi X en Chile. El análisis también menciona el fortalecimiento del fenómeno de El Niño.
Estos antecedentes ilustran la complejidad de proyectar los precios de una industria expuesta a variables biológicas, ambientales y comerciales. No basta con conocer cuántos peces hay en el agua: también importa su velocidad de crecimiento, cuándo serán cosechados y qué riesgos podrían modificar los volúmenes que finalmente lleguen al mercado.
Cinco coronas por kilo pueden cambiar el resultado
Más allá de las proyecciones de precios, el análisis pone el foco en una decisión operativa con consecuencias económicas directas: determinar cuándo cosechar.
Esperar un mes puede ofrecer la posibilidad de vender a un precio más alto y permitir que los peces continúen creciendo. Sin embargo, también implica asumir costos adicionales de alimentación, mantener la exposición a riesgos biológicos y aceptar la incertidumbre sobre la evolución del mercado.
Según Chen, una diferencia de apenas cinco coronas noruegas por kilo puede traducirse en millones de ingresos adicionales durante un ciclo productivo.
Esto refuerza la importancia de evaluar las decisiones de cosecha considerando no solo el precio esperado, sino también los costos, la evolución de la biomasa y las condiciones biológicas de cada centro de cultivo.
En este contexto, Manolin señala que sus clientes buscan conectar los datos biológicos con los costos de producción, las condiciones del mercado y el desempeño futuro. Sus modelos de pronóstico están orientados a anticipar cómo las condiciones observadas hoy podrían repercutir en la producción y la rentabilidad de los meses siguientes.
La capacidad de coordinar cosechas y evaluar escenarios se vuelve especialmente relevante cuando las empresas deben decidir entre comercializar sus peces en el presente o mantenerlos en el agua a la espera de mejores condiciones.
El cambio que la industria deberá seguir de cerca
Para Chen, los patrones inusuales de biomasa observados desde 2025 constituyen una señal que merece seguimiento. Si se mantienen durante el resto de 2026, podrían indicar que algunas de las restricciones estacionales de la oferta a las que la industria se ha acostumbrado están perdiendo relevancia.
De confirmarse esta tendencia, sus consecuencias podrían extenderse a la planificación productiva, el manejo del crecimiento de los peces, las estrategias de cosecha y la rentabilidad de los productores.
La expectativa de una recuperación de los precios hacia Navidad sigue presente en los modelos de Manolin, pero su materialización dependerá de la interacción entre oferta, demanda, desempeño biológico y decisiones comerciales.
Para la industria salmonera, el desafío podría ir más allá de producir más o mejorar los indicadores biológicos. En un escenario donde la oferta se mantiene elevada durante más tiempo, anticipar cuándo cosechar y cómo responder a las señales del mercado puede adquirir una importancia creciente.
Los precios del salmón podrían recuperar impulso durante el último trimestre de 2026, siguiendo el comportamiento estacional habitual previo a la Navidad. Sin embargo, detrás de esta expectativa comienza a surgir una señal que podría tener implicancias más profundas para la industria salmonera mundial: los patrones históricos de la biomasa de salmón en Noruega están cambiando, mientras los precios permanecen por debajo de los niveles observados en años anteriores.
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Así lo plantea Tony Chen, cofundador y CEO de Manolin, en un análisis presentado en el podcast Fish n’ Bits, donde examina la evolución de los precios, la biomasa disponible en el agua y las decisiones productivas que podrían estar modificando la economía de la salmonicultura.
Uno de los principales antecedentes es que, durante gran parte de los últimos 20 meses analizados, los precios se han mantenido por debajo de lo esperado, incluso en períodos de fuerte demanda estacional. El fenómeno coincide con una transformación en la dinámica de la biomasa noruega, cuyos mínimos estacionales se han vuelto menos pronunciados desde 2025.
La combinación de ambos factores abre una pregunta relevante para el sector: ¿qué ocurre cuando la industria consigue producir peces de manera más constante, pero el mercado no necesariamente absorbe esa oferta adicional al ritmo esperado?
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Una biomasa cada vez más alta y menos estacional
El análisis de Manolin identifica dos tendencias en la producción noruega durante las últimas dos décadas. La primera es el crecimiento sostenido de la biomasa de salmón en el agua. Mientras en 2005 el volumen se situaba aproximadamente entre 300.000 y 400.000 toneladas en un momento determinado, actualmente se acerca a las 900.000 toneladas.
La segunda tendencia es menos evidente, pero potencialmente más significativa para el mercado. Históricamente, la biomasa ha presentado ciclos estacionales definidos, con períodos de aumento seguidos de descensos. En algunos años, la diferencia entre los máximos y mínimos ha superado las 150.000 toneladas.
Desde 2025, sin embargo, esos descensos se han moderado. En lugar de las caídas habituales, la biomasa se ha mantenido en niveles inusualmente elevados durante buena parte del año.
Este cambio coincide temporalmente con una mayor presión sobre los precios, aunque Chen advierte que esa relación no demuestra por sí sola una causalidad directa.
Entre los factores que podrían contribuir a esta transformación se encuentran el uso de smolts de mayor tamaño, las mejoras en alimentación y genética, un desempeño biológico relativamente estable y una gestión más precisa de las decisiones de cosecha.
En conjunto, estos avances habrían permitido a los productores mantener mayores volúmenes de peces en el agua de forma más consistente.
El desafío es que una mayor eficiencia productiva no garantiza, por sí misma, mejores resultados comerciales. Si la capacidad de producción aumenta y la demanda no crece al mismo ritmo, la presión sobre los precios puede intensificarse.
Créditos: Manolin.
La lección de la ganadería que podría anticipar nuevos ciclos
Para explicar esta dinámica, Chen recurre al denominado modelo de la telaraña (Cobweb Model), una teoría económica utilizada para comprender las fluctuaciones de oferta y precios en mercados agrícolas y ganaderos.
El mecanismo es relativamente sencillo. Los productores toman decisiones a partir de las condiciones de mercado actuales, pero los resultados de esas decisiones llegan con retraso, debido al tiempo que requiere producir y comercializar los animales.
Cuando los precios son elevados, aumenta el incentivo para producir más. Sin embargo, si numerosos productores reaccionan de forma similar, la oferta adicional puede llegar al mercado cuando las condiciones ya han cambiado. El resultado puede ser una caída de los precios que incentive, posteriormente, una reducción de la producción.
La ganadería bovina estadounidense ofrece un ejemplo de estos ciclos, caracterizados por períodos de expansión y contracción que históricamente han llegado a durar alrededor de diez años.
Aunque la salmonicultura presenta diferencias importantes, también comparte algunos elementos de esta dinámica. Las decisiones de producción se toman meses o años antes de la cosecha, el desempeño biológico está sujeto a incertidumbre y distintas empresas pueden reaccionar simultáneamente ante las mismas señales económicas.
Durante años, la combinación de crecimiento de la demanda y una producción relativamente limitada incentivó a los salmonicultores a maximizar sus volúmenes. Pero las mejoras biológicas y operacionales pueden cambiar ese equilibrio si permiten que toda la industria produzca de manera más constante.
En ese escenario, incluso decisiones razonables para cada empresa, consideradas individualmente, podrían contribuir a generar dificultades para el conjunto del sector.
Chen no plantea que la salmonicultura vaya necesariamente a reproducir los mismos ciclos de la ganadería bovina, pero considera que los datos recientes justifican seguir de cerca esta posibilidad.
¿Repuntarán los precios del salmón en el último trimestre?
Las proyecciones de Manolin apuntan a una recuperación estacional de los precios durante las últimas semanas de 2026, en línea con el comportamiento que tradicionalmente se observa a medida que se acerca la Navidad.
En concreto, sus modelos proyectan precios cercanos a las NOK90 por kilo (US$9,45) hacia el cierre del año. No obstante, esta perspectiva dependerá de cómo evolucione la oferta y de si aparecen nuevos factores que alteren las expectativas de producción.
Uno de los elementos que el análisis destaca es la posibilidad de que algunos productores retrasen sus cosechas a la espera de precios más favorables. Si la biomasa permanece elevada y una parte importante de los productores toma decisiones similares, podría haber más peces disponibles de los que anticipa el mercado.
La biología constituye otra variable determinante. Aunque el desempeño biológico global de la salmonicultura se ha mantenido relativamente estable durante los últimos seis trimestres, Chen menciona dificultades recientes en determinados focos productivos.
Entre los casos señalados figuran episodios de anemia infecciosa del salmón (ISA) reportados por SalMar en Noruega, problemas relacionados con algas en el sur de ese país que han afectado a Grieg y dificultades asociadas a algas nocivas experimentadas recientemente por Multi X en Chile. El análisis también menciona el fortalecimiento del fenómeno de El Niño.
Estos antecedentes ilustran la complejidad de proyectar los precios de una industria expuesta a variables biológicas, ambientales y comerciales. No basta con conocer cuántos peces hay en el agua: también importa su velocidad de crecimiento, cuándo serán cosechados y qué riesgos podrían modificar los volúmenes que finalmente lleguen al mercado.
Cinco coronas por kilo pueden cambiar el resultado
Más allá de las proyecciones de precios, el análisis pone el foco en una decisión operativa con consecuencias económicas directas: determinar cuándo cosechar.
Esperar un mes puede ofrecer la posibilidad de vender a un precio más alto y permitir que los peces continúen creciendo. Sin embargo, también implica asumir costos adicionales de alimentación, mantener la exposición a riesgos biológicos y aceptar la incertidumbre sobre la evolución del mercado.
Según Chen, una diferencia de apenas cinco coronas noruegas por kilo puede traducirse en millones de ingresos adicionales durante un ciclo productivo.
Esto refuerza la importancia de evaluar las decisiones de cosecha considerando no solo el precio esperado, sino también los costos, la evolución de la biomasa y las condiciones biológicas de cada centro de cultivo.
En este contexto, Manolin señala que sus clientes buscan conectar los datos biológicos con los costos de producción, las condiciones del mercado y el desempeño futuro. Sus modelos de pronóstico están orientados a anticipar cómo las condiciones observadas hoy podrían repercutir en la producción y la rentabilidad de los meses siguientes.
La capacidad de coordinar cosechas y evaluar escenarios se vuelve especialmente relevante cuando las empresas deben decidir entre comercializar sus peces en el presente o mantenerlos en el agua a la espera de mejores condiciones.
El cambio que la industria deberá seguir de cerca
Para Chen, los patrones inusuales de biomasa observados desde 2025 constituyen una señal que merece seguimiento. Si se mantienen durante el resto de 2026, podrían indicar que algunas de las restricciones estacionales de la oferta a las que la industria se ha acostumbrado están perdiendo relevancia.
De confirmarse esta tendencia, sus consecuencias podrían extenderse a la planificación productiva, el manejo del crecimiento de los peces, las estrategias de cosecha y la rentabilidad de los productores.
La expectativa de una recuperación de los precios hacia Navidad sigue presente en los modelos de Manolin, pero su materialización dependerá de la interacción entre oferta, demanda, desempeño biológico y decisiones comerciales.
Para la industria salmonera, el desafío podría ir más allá de producir más o mejorar los indicadores biológicos. En un escenario donde la oferta se mantiene elevada durante más tiempo, anticipar cuándo cosechar y cómo responder a las señales del mercado puede adquirir una importancia creciente.