Donna Barrera de BioMar Chile: «¿Simplificar o innovar? La salmonicultura no puede elegir»
La Operational Excellence & Process Manager BioMar Chile, Donna Barrera, plantea que la eficiencia y la innovación sostenible deben avanzar en paralelo para mejorar la competitividad de la salmonicultura chilena, en un escenario marcado por restricciones a la capacidad productiva y la necesidad de aprovechar mejor los recursos.
La eficiencia operacional y la innovación sostenible se posicionan como dos ejes estratégicos para el futuro de la salmonicultura chilena. En una columna de opinión publicada en Diario Financiero, Donna Barrera, especialista en mejora de procesos y sostenibilidad operacional para la industria del salmón, advierte que el sector no puede optar por una de estas vías en desmedro de la otra, sino que debe avanzar en ambas para fortalecer su desempeño.
“Hay que dejar de gastar en lo que no agrega valor y empezar a desarrollar lo nuevo”, sostiene Barrera, sintetizando el desafío de una industria que busca mejorar sus resultados sin depender exclusivamente de una expansión de su capacidad productiva.
La reflexión se apoya en el desempeño exportador reciente. Según las cifras citadas por la especialista, las exportaciones de salmón chileno crecieron un 2,9% en 2025, hasta alcanzar aproximadamente US$6.550 millones, luego de una caída acumulada del 3,4% entre 2023 y 2024. El repunte, plantea, estuvo relacionado con eficiencias operacionales, innovación en procesos, diversificación de formatos y el efecto cambiario.
La tendencia continuó durante el primer semestre de 2026, cuando las exportaciones de salmón aumentaron un 15,8% en volumen. De acuerdo con la interpretación del Consejo del Salmón recogida en la columna, este crecimiento respondió a una mayor eficiencia operacional y a una mayor cosecha, sin que ello implicara necesariamente una expansión de la capacidad productiva.
La mortalidad, un desafío que también consume recursos
Uno de los puntos centrales del análisis es el impacto de la mortalidad en la operación. Barrera cita datos de Sernapesca según los cuales la mortalidad acumulada del salmón atlántico en ciclos cerrados alcanzó un 10,1% en 2025. Es decir, aproximadamente uno de cada diez peces no llegó a cosecha.
Dentro de este escenario, el daño mecánico representó el 22,2% de la mortalidad primaria. La normativa citada en la columna lo define como la muerte por trauma asociado a eventos climáticos, mecánicos u operativos en el centro de cultivo.
Más allá de la pérdida productiva, la especialista pone el foco en los recursos que se consumen durante el ciclo de vida del pez. “Cada pez perdido arrastra alimento, energía, horas de trabajo y emisiones ya consumidas”, advierte.
Desde esta perspectiva, revisar las operaciones cotidianas puede convertirse en una oportunidad concreta para reducir pérdidas y mejorar el uso de los recursos. Cada manipulación, traslado o tiempo de espera representa un proceso susceptible de evaluación y rediseño.
Barrera ejemplifica este enfoque con un proyecto que lideró, en el que la eliminación de actividades que no agregaban valor —como esperas y movimientos innecesarios— permitió operar un turno adicional con prácticamente la misma dotación de personas.
Innovar más allá de la tecnología
La innovación sostenible constituye el segundo eje de la propuesta. Para Barrera, no basta con incorporar nuevas tecnologías o equipos: también es necesario revisar cómo se organizan los procesos para aprovechar efectivamente sus beneficios.
Como ejemplo, menciona una operación logística en la que lideró la electrificación de parte de la flota. La iniciativa exigió rediseñar rutas y tiempos de carga, demostrando que la transformación operacional implica modificar la planificación y la forma de trabajar, y no solamente reemplazar vehículos.
Este enfoque adquiere especial relevancia en un contexto en que, según la columna, la capacidad productiva de la salmonicultura continúa estructuralmente restringida, mientras se avanza en cambios regulatorios que podrían contribuir a destrabarla.
En ese escenario, la eficiencia de los procesos y la innovación sostenible aparecen como herramientas que cada empresa puede desarrollar desde su propia operación, sin tener que esperar exclusivamente por cambios externos.
Dos caminos que deben avanzar en paralelo
La propuesta de Barrera apunta a distinguir los horizontes de ambas estrategias. Simplificar procesos permite identificar oportunidades de ahorro y liberar recursos en el corto plazo, mientras que la innovación sostenible requiere tiempo, planificación y cambios que pueden generar beneficios en el mediano y largo plazo.
La conclusión es que ambas dimensiones se complementan. Para la industria del salmón, el desafío consiste en identificar qué actividades consumen recursos sin aportar valor y, al mismo tiempo, evaluar qué tan preparada está cada operación para sostener su crecimiento bajo las actuales restricciones de capacidad.
“Eficiencia e innovación no compiten: tienen horizontes distintos y deben avanzar juntas”, concluye la especialista.
Una definición que sitúa la mejora operacional no solo como una herramienta para reducir costos, sino también como una vía para fortalecer la competitividad y avanzar hacia una producción más sostenible.
La eficiencia operacional y la innovación sostenible se posicionan como dos ejes estratégicos para el futuro de la salmonicultura chilena. En una columna de opinión publicada en Diario Financiero, Donna Barrera, especialista en mejora de procesos y sostenibilidad operacional para la industria del salmón, advierte que el sector no puede optar por una de estas vías en desmedro de la otra, sino que debe avanzar en ambas para fortalecer su desempeño.
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“Hay que dejar de gastar en lo que no agrega valor y empezar a desarrollar lo nuevo”, sostiene Barrera, sintetizando el desafío de una industria que busca mejorar sus resultados sin depender exclusivamente de una expansión de su capacidad productiva.
La reflexión se apoya en el desempeño exportador reciente. Según las cifras citadas por la especialista, las exportaciones de salmón chileno crecieron un 2,9% en 2025, hasta alcanzar aproximadamente US$6.550 millones, luego de una caída acumulada del 3,4% entre 2023 y 2024. El repunte, plantea, estuvo relacionado con eficiencias operacionales, innovación en procesos, diversificación de formatos y el efecto cambiario.
La tendencia continuó durante el primer semestre de 2026, cuando las exportaciones de salmón aumentaron un 15,8% en volumen. De acuerdo con la interpretación del Consejo del Salmón recogida en la columna, este crecimiento respondió a una mayor eficiencia operacional y a una mayor cosecha, sin que ello implicara necesariamente una expansión de la capacidad productiva.
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La mortalidad, un desafío que también consume recursos
Uno de los puntos centrales del análisis es el impacto de la mortalidad en la operación. Barrera cita datos de Sernapesca según los cuales la mortalidad acumulada del salmón atlántico en ciclos cerrados alcanzó un 10,1% en 2025. Es decir, aproximadamente uno de cada diez peces no llegó a cosecha.
Dentro de este escenario, el daño mecánico representó el 22,2% de la mortalidad primaria. La normativa citada en la columna lo define como la muerte por trauma asociado a eventos climáticos, mecánicos u operativos en el centro de cultivo.
Más allá de la pérdida productiva, la especialista pone el foco en los recursos que se consumen durante el ciclo de vida del pez. “Cada pez perdido arrastra alimento, energía, horas de trabajo y emisiones ya consumidas”, advierte.
Desde esta perspectiva, revisar las operaciones cotidianas puede convertirse en una oportunidad concreta para reducir pérdidas y mejorar el uso de los recursos. Cada manipulación, traslado o tiempo de espera representa un proceso susceptible de evaluación y rediseño.
Barrera ejemplifica este enfoque con un proyecto que lideró, en el que la eliminación de actividades que no agregaban valor —como esperas y movimientos innecesarios— permitió operar un turno adicional con prácticamente la misma dotación de personas.
Innovar más allá de la tecnología
La innovación sostenible constituye el segundo eje de la propuesta. Para Barrera, no basta con incorporar nuevas tecnologías o equipos: también es necesario revisar cómo se organizan los procesos para aprovechar efectivamente sus beneficios.
Como ejemplo, menciona una operación logística en la que lideró la electrificación de parte de la flota. La iniciativa exigió rediseñar rutas y tiempos de carga, demostrando que la transformación operacional implica modificar la planificación y la forma de trabajar, y no solamente reemplazar vehículos.
Este enfoque adquiere especial relevancia en un contexto en que, según la columna, la capacidad productiva de la salmonicultura continúa estructuralmente restringida, mientras se avanza en cambios regulatorios que podrían contribuir a destrabarla.
En ese escenario, la eficiencia de los procesos y la innovación sostenible aparecen como herramientas que cada empresa puede desarrollar desde su propia operación, sin tener que esperar exclusivamente por cambios externos.
Dos caminos que deben avanzar en paralelo
La propuesta de Barrera apunta a distinguir los horizontes de ambas estrategias. Simplificar procesos permite identificar oportunidades de ahorro y liberar recursos en el corto plazo, mientras que la innovación sostenible requiere tiempo, planificación y cambios que pueden generar beneficios en el mediano y largo plazo.
La conclusión es que ambas dimensiones se complementan. Para la industria del salmón, el desafío consiste en identificar qué actividades consumen recursos sin aportar valor y, al mismo tiempo, evaluar qué tan preparada está cada operación para sostener su crecimiento bajo las actuales restricciones de capacidad.
“Eficiencia e innovación no compiten: tienen horizontes distintos y deben avanzar juntas”, concluye la especialista.
Una definición que sitúa la mejora operacional no solo como una herramienta para reducir costos, sino también como una vía para fortalecer la competitividad y avanzar hacia una producción más sostenible.