José Luis Iriarte advierte sobre el cambio climático y El Niño: “Los efectos que vayan a ocurrir en los ecosistemas y en la sociedad se amplifican”.
El aumento de las temperaturas, la disminución de las precipitaciones y la posible intensificación de las floraciones algales nocivas configuran un panorama desafiante para los sistemas productivos del sur de Chile. El doctor en Oceanografía y director del Doctorado en Ciencias de la Acuicultura de la Universidad Austral de Chile, José Luis Iriarte, llamó a fortalecer el monitoreo ambiental de largo plazo para anticipar los efectos de un océano y una atmósfera en transformación.
El cambio climático está modificando las condiciones ambientales de la Patagonia chilena y sus efectos comienzan a plantear nuevos desafíos para la salmonicultura, la mitilicultura y el cultivo de algas. En un escenario marcado por el calentamiento global y la variabilidad climática asociada al fenómeno de El Niño, la necesidad de comprender y anticipar estos cambios adquiere especial relevancia para las actividades productivas que dependen directamente de los ecosistemas marinos.
Así lo advirtió el Dr. José Luis Iriarte, director del Doctorado en Ciencias de la Acuicultura de la Universidad Austral de Chile (UACh), Sede Puerto Montt, durante una entrevista con Radio Cooperativa Red Los Lagos, en la que abordó las transformaciones que enfrenta la Patagonia y sus posibles consecuencias ambientales, sociales y productivas.
Uno de los principales elementos de preocupación es la interacción entre el calentamiento global y el fenómeno de El Niño. Según explicó el académico, ambos procesos pueden amplificar sus efectos sobre los ecosistemas, generando condiciones que podrían ser más intensas que las observadas durante el evento de 2015-2016.
“Tenemos dos anomalías que se unen, por lo tanto, los efectos que vayan a ocurrir en los ecosistemas y, finalmente, a la sociedad, se amplifican”, señaló Iriarte.
En esa línea, el investigador advirtió que esta amplificación podría ser particularmente significativa durante la primavera y el verano de 2026-2027, periodos en los que se podrían manifestar con mayor fuerza las consecuencias de las actuales condiciones climáticas.
Floraciones algales nocivas: una amenaza para los sistemas productivos
Entre los riesgos que podrían adquirir mayor relevancia para la industria acuícola se encuentra la eventual intensificación de las floraciones algales nocivas (FAN), fenómenos que pueden afectar tanto a los organismos marinos como a las personas debido a la producción de toxinas.
El académico explicó que pequeños incrementos en la temperatura del agua pueden favorecer condiciones propicias para estos eventos, especialmente en los sistemas marinos de la Patagonia.
“Lo más probable es que vengan lo que antiguamente se llamaban las mareas rojas, afloraciones algales nocivas hoy en día, sean más frecuentes y principalmente en este verano”, advirtió.
De acuerdo con Iriarte, los meses de enero, febrero, marzo y abril podrían concentrar importantes desafíos en materia de vigilancia ambiental y prevención, considerando los potenciales efectos de estos fenómenos sobre la salmonicultura, la mitilicultura y el cultivo de algas.
El investigador también vinculó la posible ocurrencia de estos eventos con condiciones oceanográficas como la reducción de los vientos, una mayor estabilidad del océano y el aumento de las temperaturas en los mares interiores de la Patagonia.
“Esto es algo perfecto, un ambiente perfecto para los microorganismos que desarrollan toxinas”, sostuvo.
En este contexto, la anticipación y el monitoreo de las condiciones ambientales se vuelven herramientas fundamentales para reducir la incertidumbre y contribuir a una mejor preparación de los sectores productivos.
Calentamiento, retroceso de glaciares y menor disponibilidad de agua
Los efectos del cambio climático no se limitan al océano. Iriarte también destacó las transformaciones que están experimentando los ecosistemas terrestres, particularmente en las regiones australes, donde el aumento de las temperaturas está acelerando el retroceso de los glaciares.
Según indicó, cerca del 80% de los glaciares de montaña y aquellos ubicados a nivel del mar se encuentran en retroceso, una situación que evidencia la magnitud de los cambios ambientales que enfrenta el territorio.
A esto se suma la posibilidad de una disminución de las precipitaciones durante el verano y el consecuente riesgo de sequía, con impactos sobre la disponibilidad de agua para las comunidades y las actividades productivas.
El académico recordó que Chile enfrenta desde hace aproximadamente una década un escenario de megasequía, con efectos que se extienden desde Coquimbo hasta Chiloé.
Para la salmonicultura y otras actividades vinculadas al uso del agua, estos cambios representan un desafío adicional, especialmente en territorios donde la disponibilidad hídrica depende en buena medida de las napas subterráneas y los pozos.
El Niño y el monitoreo ambiental: una herramienta estratégica para la industria
Frente a este escenario, uno de los principales llamados de Iriarte apunta a fortalecer los sistemas de monitoreo ambiental de largo plazo, una herramienta que considera fundamental para comprender las tendencias y anticipar posibles impactos.
El investigador advirtió que Chile mantiene importantes deficiencias en materia de seguimiento continuo de las condiciones ambientales, especialmente cuando se requieren series históricas que permitan evaluar transformaciones durante décadas.
“¿Por qué es importante tener esta base de datos de periodos largos? Porque nos permiten ver patrones, tendencias, tendencias a las subidas, tendencias a las bajadas. También nos permiten ver cambios”, explicó.
Para el académico, el monitoreo no solo permite identificar variaciones ambientales, sino también comprender cómo estas pueden desencadenar otros efectos sobre los ecosistemas.
“En el ambiente hay cambios rápidos, hay cambios que se ven en dos años y cambia el sistema o cambia una variable y eso lleva a una cascada de otros efectos que hay que seguir monitoreando”, agregó.
En este sentido, disponer de información ambiental consistente y de largo plazo resulta estratégico para la salmonicultura, considerando que las condiciones oceanográficas y climáticas pueden influir directamente en el desarrollo de sus operaciones.
La generación de conocimiento científico, junto con una mayor articulación entre las instituciones públicas, la academia y los sectores productivos, aparece como un elemento clave para enfrentar los riesgos emergentes.
Ciencia y formación de investigadores para enfrentar los desafíos de la Patagonia
Desde el Doctorado en Ciencias de la Acuicultura de la Universidad Austral de Chile, Sede Puerto Montt, estos desafíos forman parte del contexto científico y territorial en el que se desarrolla la formación de investigadores.
La comprensión de los cambios ambientales, el análisis de sus efectos sobre los ecosistemas marinos y el desarrollo de herramientas para anticipar escenarios constituyen ámbitos relevantes para la investigación vinculada a la acuicultura.
En un escenario de creciente variabilidad climática, el fortalecimiento de la investigación científica y la formación avanzada de capital humano se posicionan como factores esenciales para contribuir al desarrollo sostenible de los territorios y de las actividades productivas que dependen de sus recursos naturales.
El tema ya preocupa a la industria. Por ejemplo, El Niño intensifica su avance hacia la Patagonia con anomalías de hasta +2 °C. Además, Subpesca despejó dudas sobre la emergencia por marea roja.
El cambio climático está modificando las condiciones ambientales de la Patagonia chilena y sus efectos comienzan a plantear nuevos desafíos para la salmonicultura, la mitilicultura y el cultivo de algas. En un escenario marcado por el calentamiento global y la variabilidad climática asociada al fenómeno de El Niño, la necesidad de comprender y anticipar estos cambios adquiere especial relevancia para las actividades productivas que dependen directamente de los ecosistemas marinos.
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Así lo advirtió el Dr. José Luis Iriarte, director del Doctorado en Ciencias de la Acuicultura de la Universidad Austral de Chile (UACh), Sede Puerto Montt, durante una entrevista con Radio Cooperativa Red Los Lagos, en la que abordó las transformaciones que enfrenta la Patagonia y sus posibles consecuencias ambientales, sociales y productivas.
Uno de los principales elementos de preocupación es la interacción entre el calentamiento global y el fenómeno de El Niño. Según explicó el académico, ambos procesos pueden amplificar sus efectos sobre los ecosistemas, generando condiciones que podrían ser más intensas que las observadas durante el evento de 2015-2016.
“Tenemos dos anomalías que se unen, por lo tanto, los efectos que vayan a ocurrir en los ecosistemas y, finalmente, a la sociedad, se amplifican”, señaló Iriarte.
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En esa línea, el investigador advirtió que esta amplificación podría ser particularmente significativa durante la primavera y el verano de 2026-2027, periodos en los que se podrían manifestar con mayor fuerza las consecuencias de las actuales condiciones climáticas.
Floraciones algales nocivas: una amenaza para los sistemas productivos
Entre los riesgos que podrían adquirir mayor relevancia para la industria acuícola se encuentra la eventual intensificación de las floraciones algales nocivas (FAN), fenómenos que pueden afectar tanto a los organismos marinos como a las personas debido a la producción de toxinas.
El académico explicó que pequeños incrementos en la temperatura del agua pueden favorecer condiciones propicias para estos eventos, especialmente en los sistemas marinos de la Patagonia.
“Lo más probable es que vengan lo que antiguamente se llamaban las mareas rojas, afloraciones algales nocivas hoy en día, sean más frecuentes y principalmente en este verano”, advirtió.
De acuerdo con Iriarte, los meses de enero, febrero, marzo y abril podrían concentrar importantes desafíos en materia de vigilancia ambiental y prevención, considerando los potenciales efectos de estos fenómenos sobre la salmonicultura, la mitilicultura y el cultivo de algas.
El investigador también vinculó la posible ocurrencia de estos eventos con condiciones oceanográficas como la reducción de los vientos, una mayor estabilidad del océano y el aumento de las temperaturas en los mares interiores de la Patagonia.
“Esto es algo perfecto, un ambiente perfecto para los microorganismos que desarrollan toxinas”, sostuvo.
En este contexto, la anticipación y el monitoreo de las condiciones ambientales se vuelven herramientas fundamentales para reducir la incertidumbre y contribuir a una mejor preparación de los sectores productivos.
Calentamiento, retroceso de glaciares y menor disponibilidad de agua
Los efectos del cambio climático no se limitan al océano. Iriarte también destacó las transformaciones que están experimentando los ecosistemas terrestres, particularmente en las regiones australes, donde el aumento de las temperaturas está acelerando el retroceso de los glaciares.
Según indicó, cerca del 80% de los glaciares de montaña y aquellos ubicados a nivel del mar se encuentran en retroceso, una situación que evidencia la magnitud de los cambios ambientales que enfrenta el territorio.
A esto se suma la posibilidad de una disminución de las precipitaciones durante el verano y el consecuente riesgo de sequía, con impactos sobre la disponibilidad de agua para las comunidades y las actividades productivas.
El académico recordó que Chile enfrenta desde hace aproximadamente una década un escenario de megasequía, con efectos que se extienden desde Coquimbo hasta Chiloé.
Para la salmonicultura y otras actividades vinculadas al uso del agua, estos cambios representan un desafío adicional, especialmente en territorios donde la disponibilidad hídrica depende en buena medida de las napas subterráneas y los pozos.
El Niño y el monitoreo ambiental: una herramienta estratégica para la industria
Frente a este escenario, uno de los principales llamados de Iriarte apunta a fortalecer los sistemas de monitoreo ambiental de largo plazo, una herramienta que considera fundamental para comprender las tendencias y anticipar posibles impactos.
El investigador advirtió que Chile mantiene importantes deficiencias en materia de seguimiento continuo de las condiciones ambientales, especialmente cuando se requieren series históricas que permitan evaluar transformaciones durante décadas.
“¿Por qué es importante tener esta base de datos de periodos largos? Porque nos permiten ver patrones, tendencias, tendencias a las subidas, tendencias a las bajadas. También nos permiten ver cambios”, explicó.
Para el académico, el monitoreo no solo permite identificar variaciones ambientales, sino también comprender cómo estas pueden desencadenar otros efectos sobre los ecosistemas.
“En el ambiente hay cambios rápidos, hay cambios que se ven en dos años y cambia el sistema o cambia una variable y eso lleva a una cascada de otros efectos que hay que seguir monitoreando”, agregó.
En este sentido, disponer de información ambiental consistente y de largo plazo resulta estratégico para la salmonicultura, considerando que las condiciones oceanográficas y climáticas pueden influir directamente en el desarrollo de sus operaciones.
La generación de conocimiento científico, junto con una mayor articulación entre las instituciones públicas, la academia y los sectores productivos, aparece como un elemento clave para enfrentar los riesgos emergentes.
Ciencia y formación de investigadores para enfrentar los desafíos de la Patagonia
Desde el Doctorado en Ciencias de la Acuicultura de la Universidad Austral de Chile, Sede Puerto Montt, estos desafíos forman parte del contexto científico y territorial en el que se desarrolla la formación de investigadores.
La comprensión de los cambios ambientales, el análisis de sus efectos sobre los ecosistemas marinos y el desarrollo de herramientas para anticipar escenarios constituyen ámbitos relevantes para la investigación vinculada a la acuicultura.
En un escenario de creciente variabilidad climática, el fortalecimiento de la investigación científica y la formación avanzada de capital humano se posicionan como factores esenciales para contribuir al desarrollo sostenible de los territorios y de las actividades productivas que dependen de sus recursos naturales.