Acuicultura Marina: Cómo catalizar el nacimiento de una Nueva Industria en la Argentina
Favio Rescia, consultor asociado de CIDEEA en Argentina, biólogo acuático y especialista en proyectos acuícolas, plantea que el desarrollo de una nueva industria de acuicultura marina en el país requiere articular tres pilares: licencia social, una normativa con propósito y empresas capaces de transformar tecnología en negocios viables y escalables.
Licencia Social, Normativa con Propósito y Empresas Interfaz: tres componentes de un modelo de gestión para que alguna provincia argentina se anime a crear las condiciones necesarias para promover una acuicultura marina competitiva.
La pregunta de siempre
¿Por qué, si en el mundo vemos una revolución acuícola en curso, con tecnologías innovadoras para casi todo tipo de ambientes, nosotros seguimos teniendo una acuicultura marina casi inexistente?
Creo que hay varias razones. Argentina tiene un mercado interno muy pequeño para los productos acuáticos y un litoral marino cuyas condiciones de alta energía han limitado históricamente la proliferación de tecnologías sencillas, usualmente de baja exigencia de capital.
En este contexto, es poco probable que aparezcan espontáneamente suficientes emprendimientos artesanales o de pequeña escala como para iniciar un proceso de desarrollo de maricultura con impactos regionales amplios.
Con esas ideas, entonces, si imaginamos un desarrollo futuro lo más probable es que la acuicultura marina argentina adopte una configuración industrial, con empresas orientadas a la exportación, inversiones muy significativas y, por obligación y consecuencia, compromisos de competitividad similares a las de los grandes jugadores internacionales.
Pero una cosa es disponer de recursos naturales y tecnologías, y otra, bastante diferente, es tener las condiciones para que una nueva industria pueda nacer.
Por eso creo que debemos empezar a mirar el problema desde otra perspectiva. Hay por lo menos tres condiciones que necesitan darse en forma armónica y simultánea:
Demostrar modelos de negocio competitivos,
Disponer de un contexto normativo que haga posible la inversión y;
Construir una relación con la sociedad que no perciba a la actividad como una amenaza antes de que siquiera haya comenzado.
Un establecimiento de maricultura RAS (Recirculating Aquaculture System) en tierra. Foto: Eco Aquafarm
El puente que todavía no construimos
Argentina tiene científicos, investigadores e instituciones capaces de generar conocimiento de calidad. El mundo también ofrece tecnologías y experiencias de acuicultura comercial que pueden aprovecharse.
La barrera habitual aparece cuando ese conocimiento debe convertirse en una empresa.
¿Qué ocurre cuando termina el desarrollo científico-tecnológico? Muchas veces, el conocimiento queda publicado o la tecnología permanece en unidades piloto. Y el actor que debería llevarla al mercado casi nunca aparece. Ese es el abismo entre el laboratorio y el mercado de que ya me han escuchado hablar.
Aquí surge la necesidad de que aparezca la figura del Early Adopter, que presenté en trabajos anteriores: un inversor capaz de identificar el potencial de una nueva tecnología y asumir riesgos elevados si percibe en ella una ventaja competitiva.
Pero su función no consiste simplemente en llegar primero. Como Empresa Interfaz, debe llevar la tecnología a una operación comercial real, someterla a los problemas cotidianos de una compañía comercial y demostrar que puede convertirse en un negocio viable y escalable y sí abrir el camino para que otros inversores, más conservadores y normalmente más poderosos, impulsen el crecimiento definitivo del nuevo sector.
Por eso, una estrategia provincial debería considerar cómo atraer a esos primeros actores y ayudar a reducir los riesgos de esos pioneros. No para subsidiar empresas inviables, sino para contribuir a demostrar que existe un negocio posible y dar confianza a la siguiente ola de inversiones que es la que finalmente consolida al ecosistema.
Tecnologías flotantes offshore para acuicultura marina. Foto: SalMar
El capital no viene solo: hay que construir el contexto
Un proyecto acuícola de escala necesita permisos, infraestructura, energía, financiamiento, acceso a mercados y reglas previsibles. No alcanza con tener miles de kilómetros de costa, especies potencialmente cultivables o tecnologías disponibles.
La cuestión es cómo construir un contexto que favorezca la inversión y como dijimos reduzca las incertidumbres ajenas al negocio en sí mismo.
Una alternativa sería desarrollar espacios territoriales y regulatorios focalizados donde articular en forma específica permisos, infraestructura, servicios, energía, logística, laboratorios, proveedores, capacitación, todo alrededor de reglas claras.
No se trataría simplemente de sumar concesiones individuales, sino de crear un entorno normativo donde las empresas puedan experimentar, equivocarse, aprender y demostrar. Un espacio gestionado bajo conceptos de regulación adaptativa, capaz de proteger el ambiente y a las sociedades involucradas, pero también de comprender las necesidades de una industria naciente.
El factor subestimado por los técnicos
Incluso con tecnologías definidas, productos diseñados, mercados elegidos y un contexto favorable para invertir, todavía podemos fracasar. Existe un tercer factor que no debería tratarse como un asunto complementario para resolver más adelante: la licencia social.
La opinión pública tiene cada vez más peso, tanto en los países productores como en los mercados consumidores. La experiencia de la salmonicultura en distintas geografías muestra que una actividad puede contar con argumentos técnicos sólidos y, aun así, enfrentar controversias profundas.
El sector acuícola ha estado acostumbrado a defenderse después de que aparecen los conflictos, utilizando estadísticas, indicadores y estudios científicos como herramientas centrales. Todo eso es necesario, pero no suficiente.
Pero las personas no establecen primero una relación racional con una actividad para después desarrollar una relación emocional. Muchas veces ocurre exactamente al revés: primero necesitan encontrar una historia con la que puedan identificarse y ganar confianza y, recién al final, los datos pueden contribuir a confirmar la honestidad de nuestra propuesta.
Si esperamos a que aparezca el conflicto para empezar a comunicarnos con la sociedad, probablemente hayamos llegado tarde. Por ello, la licencia social debe construirse desde la concepción misma de la actividad, antes de que exista un primer proyecto.
Primero la conexión emocional, luego la confianza y, finalmente, los datos que la ratifiquen. Imagen referencial generada por IA.
Una estrategia. Tres ejes. Una oportunidad
Los tres componentes que propongo — Licencia Social, Normativa con Propósito y Empresas Interfaz — están profundamente interconectados. Constituyen la expresión operativa de una senda marcada por un Propósito para alcanzar una Visión de Futuro. Si alguno de esos eslabones falla, el sistema entero se debilita.
Argentina tiene una acuicultura marina muy pequeña, donde falta casi todo y casi todo está por hacer. Y justamente ahí puede estar nuestra oportunidad: podemos diseñar algunas condiciones desde cero, aprovechar tecnologías que hace veinte años no existían y aprender de los errores que otros cometieron antes que nosotros.
Si tuviera que sintetizar la agenda para una provincia litoral interesada en promover la maricultura, la organizaría en tres pasos:
Confianza. Construir confianza desde el comienzo, mediante una comunicación con la sociedad profesional, transparente, interactiva y sostenida. Explicar y escuchar desde el inicio, promoviendo una conversación constructiva y generando compromiso en torno a lo que se quiere hacer, por qué, cómo se controlarán los posibles impactos y qué beneficios puede generar. Todo ello antes de que aparezcan los primeros proyectos y surjan los conflictos.
Normativa con Propósito. Crear un contexto regulatorio moderno, previsible y adaptado a las características de una industria naciente. Una alternativa es desarrollar espacios territoriales y regulatorios focalizados, capaces de articular permisos, infraestructura, energía, servicios, logística y reglas claras,reduciendo las incertidumbres para quienes decidan invertir.
Empresas. Promover la aparición de los primeros actores empresariales capaces de llevar las tecnologías acuícolas disponibles a operaciones comerciales reales y demostrar su potencial de escalado. Estas empresas cumplen una función estratégica: asumir los riesgos iniciales, validar modelos de negocio y demostrar que una tecnología puede convertirse en una actividad productiva viable, creando condiciones para una segunda etapa de inversiones de mayor escala.
Este orden — Confianza, Normativa, Empresas — es deliberado. La relación con la sociedad debe diseñarse antes de que aparezca el primer proyecto.
¿Cómo hacerlo?
Existen experiencias internacionales de las que podemos aprender, adaptar e incluso intentar mejorar. El modelo de inversión público-privada desarrollado por la Fundación Chile es una referencia regional concreta y exitosa para pensar cómo articular capacidades públicas, inversión privada y desarrollo productivo.
Una iniciativa provincial de esta naturaleza podría estructurarse para su presentación ante organismos multilaterales de financiamiento, como el Banco Mundial o el Banco Interamericano de Desarrollo, considerando el perfil de desarrollo productivo, innovación y generación de oportunidades regionales que puede ofrecer.
Durante mucho tiempo dijimos que Argentina tenía condiciones naturales para desarrollar acuicultura marina. Creo que ese componente no tiene mayor discusión. La pregunta que deberíamos hacernos ahora es otra: ¿tenemos una estrategia institucional adecuada para aprovechar ese escenario y promover la aparición de una nueva industria?
Desarrollar la acuicultura marina no consiste simplemente en cultivar nuevas especies de peces o crustáceos. Consiste en construir un ecosistema productivo donde la ciencia pueda convertirse en tecnología, la tecnología en empresas y las empresas puedan contribuir al desarrollo sustentable de sus comunidades.
Quizás ahí se encuentre el Propósito: en andar el camino para que la acuicultura marina pueda ser la nueva industria de la Argentina.
Versión extendida aquí.
Licencia Social, Normativa con Propósito y Empresas Interfaz: tres componentes de un modelo de gestión para que alguna provincia argentina se anime a crear las condiciones necesarias para promover una acuicultura marina competitiva.
¿Por qué, si en el mundo vemos una revolución acuícola en curso, con tecnologías innovadoras para casi todo tipo de ambientes, nosotros seguimos teniendo una acuicultura marina casi inexistente?
Creo que hay varias razones. Argentina tiene un mercado interno muy pequeño para los productos acuáticos y un litoral marino cuyas condiciones de alta energía han limitado históricamente la proliferación de tecnologías sencillas, usualmente de baja exigencia de capital.
En este contexto, es poco probable que aparezcan espontáneamente suficientes emprendimientos artesanales o de pequeña escala como para iniciar un proceso de desarrollo de maricultura con impactos regionales amplios.
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Con esas ideas, entonces, si imaginamos un desarrollo futuro lo más probable es que la acuicultura marina argentina adopte una configuración industrial, con empresas orientadas a la exportación, inversiones muy significativas y, por obligación y consecuencia, compromisos de competitividad similares a las de los grandes jugadores internacionales.
Pero una cosa es disponer de recursos naturales y tecnologías, y otra, bastante diferente, es tener las condiciones para que una nueva industria pueda nacer.
Por eso creo que debemos empezar a mirar el problema desde otra perspectiva. Hay por lo menos tres condiciones que necesitan darse en forma armónica y simultánea:
Demostrar modelos de negocio competitivos,
Disponer de un contexto normativo que haga posible la inversión y;
Construir una relación con la sociedad que no perciba a la actividad como una amenaza antes de que siquiera haya comenzado.
Un establecimiento de maricultura RAS (Recirculating Aquaculture System) en tierra. Foto: Eco Aquafarm
El puente que todavía no construimos
Argentina tiene científicos, investigadores e instituciones capaces de generar conocimiento de calidad. El mundo también ofrece tecnologías y experiencias de acuicultura comercial que pueden aprovecharse.
La barrera habitual aparece cuando ese conocimiento debe convertirse en una empresa.
¿Qué ocurre cuando termina el desarrollo científico-tecnológico? Muchas veces, el conocimiento queda publicado o la tecnología permanece en unidades piloto. Y el actor que debería llevarla al mercado casi nunca aparece. Ese es el abismo entre el laboratorio y el mercado de que ya me han escuchado hablar.
Aquí surge la necesidad de que aparezca la figura del Early Adopter, que presenté en trabajos anteriores: un inversor capaz de identificar el potencial de una nueva tecnología y asumir riesgos elevados si percibe en ella una ventaja competitiva.
Pero su función no consiste simplemente en llegar primero. Como Empresa Interfaz, debe llevar la tecnología a una operación comercial real, someterla a los problemas cotidianos de una compañía comercial y demostrar que puede convertirse en un negocio viable y escalable y sí abrir el camino para que otros inversores, más conservadores y normalmente más poderosos, impulsen el crecimiento definitivo del nuevo sector.
Por eso, una estrategia provincial debería considerar cómo atraer a esos primeros actores y ayudar a reducir los riesgos de esos pioneros. No para subsidiar empresas inviables, sino para contribuir a demostrar que existe un negocio posible y dar confianza a la siguiente ola de inversiones que es la que finalmente consolida al ecosistema.
Tecnologías flotantes offshore para acuicultura marina. Foto: SalMar
El capital no viene solo: hay que construir el contexto
Un proyecto acuícola de escala necesita permisos, infraestructura, energía, financiamiento, acceso a mercados y reglas previsibles. No alcanza con tener miles de kilómetros de costa, especies potencialmente cultivables o tecnologías disponibles.
La cuestión es cómo construir un contexto que favorezca la inversión y como dijimos reduzca las incertidumbres ajenas al negocio en sí mismo.
Una alternativa sería desarrollar espacios territoriales y regulatorios focalizados donde articular en forma específica permisos, infraestructura, servicios, energía, logística, laboratorios, proveedores, capacitación, todo alrededor de reglas claras.
No se trataría simplemente de sumar concesiones individuales, sino de crear un entorno normativo donde las empresas puedan experimentar, equivocarse, aprender y demostrar. Un espacio gestionado bajo conceptos de regulación adaptativa, capaz de proteger el ambiente y a las sociedades involucradas, pero también de comprender las necesidades de una industria naciente.
El factor subestimado por los técnicos
Incluso con tecnologías definidas, productos diseñados, mercados elegidos y un contexto favorable para invertir, todavía podemos fracasar. Existe un tercer factor que no debería tratarse como un asunto complementario para resolver más adelante: la licencia social.
La opinión pública tiene cada vez más peso, tanto en los países productores como en los mercados consumidores. La experiencia de la salmonicultura en distintas geografías muestra que una actividad puede contar con argumentos técnicos sólidos y, aun así, enfrentar controversias profundas.
El sector acuícola ha estado acostumbrado a defenderse después de que aparecen los conflictos, utilizando estadísticas, indicadores y estudios científicos como herramientas centrales. Todo eso es necesario, pero no suficiente.
Pero las personas no establecen primero una relación racional con una actividad para después desarrollar una relación emocional. Muchas veces ocurre exactamente al revés: primero necesitan encontrar una historia con la que puedan identificarse y ganar confianza y, recién al final, los datos pueden contribuir a confirmar la honestidad de nuestra propuesta.
Si esperamos a que aparezca el conflicto para empezar a comunicarnos con la sociedad, probablemente hayamos llegado tarde. Por ello, la licencia social debe construirse desde la concepción misma de la actividad, antes de que exista un primer proyecto.
Primero la conexión emocional, luego la confianza y, finalmente, los datos que la ratifiquen. Imagen referencial generada por IA.
Una estrategia. Tres ejes. Una oportunidad
Los tres componentes que propongo — Licencia Social, Normativa con Propósito y Empresas Interfaz — están profundamente interconectados. Constituyen la expresión operativa de una senda marcada por un Propósito para alcanzar una Visión de Futuro. Si alguno de esos eslabones falla, el sistema entero se debilita.
Argentina tiene una acuicultura marina muy pequeña, donde falta casi todo y casi todo está por hacer. Y justamente ahí puede estar nuestra oportunidad: podemos diseñar algunas condiciones desde cero, aprovechar tecnologías que hace veinte años no existían y aprender de los errores que otros cometieron antes que nosotros.
Si tuviera que sintetizar la agenda para una provincia litoral interesada en promover la maricultura, la organizaría en tres pasos:
Confianza. Construir confianza desde el comienzo, mediante una comunicación con la sociedad profesional, transparente, interactiva y sostenida. Explicar y escuchar desde el inicio, promoviendo una conversación constructiva y generando compromiso en torno a lo que se quiere hacer, por qué, cómo se controlarán los posibles impactos y qué beneficios puede generar. Todo ello antes de que aparezcan los primeros proyectos y surjan los conflictos.
Normativa con Propósito. Crear un contexto regulatorio moderno, previsible y adaptado a las características de una industria naciente. Una alternativa es desarrollar espacios territoriales y regulatorios focalizados, capaces de articular permisos, infraestructura, energía, servicios, logística y reglas claras,reduciendo las incertidumbres para quienes decidan invertir.
Empresas. Promover la aparición de los primeros actores empresariales capaces de llevar las tecnologías acuícolas disponibles a operaciones comerciales reales y demostrar su potencial de escalado. Estas empresas cumplen una función estratégica: asumir los riesgos iniciales, validar modelos de negocio y demostrar que una tecnología puede convertirse en una actividad productiva viable, creando condiciones para una segunda etapa de inversiones de mayor escala.
Este orden — Confianza, Normativa, Empresas — es deliberado. La relación con la sociedad debe diseñarse antes de que aparezca el primer proyecto.
¿Cómo hacerlo?
Existen experiencias internacionales de las que podemos aprender, adaptar e incluso intentar mejorar. El modelo de inversión público-privada desarrollado por la Fundación Chile es una referencia regional concreta y exitosa para pensar cómo articular capacidades públicas, inversión privada y desarrollo productivo.
Una iniciativa provincial de esta naturaleza podría estructurarse para su presentación ante organismos multilaterales de financiamiento, como el Banco Mundial o el Banco Interamericano de Desarrollo, considerando el perfil de desarrollo productivo, innovación y generación de oportunidades regionales que puede ofrecer.
Durante mucho tiempo dijimos que Argentina tenía condiciones naturales para desarrollar acuicultura marina. Creo que ese componente no tiene mayor discusión. La pregunta que deberíamos hacernos ahora es otra: ¿tenemos una estrategia institucional adecuada para aprovechar ese escenario y promover la aparición de una nueva industria?
Desarrollar la acuicultura marina no consiste simplemente en cultivar nuevas especies de peces o crustáceos. Consiste en construir un ecosistema productivo donde la ciencia pueda convertirse en tecnología, la tecnología en empresas y las empresas puedan contribuir al desarrollo sustentable de sus comunidades.
Quizás ahí se encuentre el Propósito: en andar el camino para que la acuicultura marina pueda ser la nueva industria de la Argentina.